¡Ay!, me parece que se acaba el mundo. Por Vicky Bautista Vidal

Me parece que se acaba el mundo. Fotografía: Corbis..
Me parece que se acaba el mundo. Fotografía: Corbis..

«Me parece que se acaba el mundo. Sospecha tengo de que, la humanidad, cada día más pisoteada por la poca gracia que tiene para elegir gobernantes, se encuentra haciendo equilibrios y aspavientos sobre la cuerda»

¡Ay!, me parece que se acaba el mundo. Sospecha tengo de que, la humanidad, cada día más pisoteada por la poca gracia que tiene para elegir gobernantes, se encuentra haciendo equilibrios y aspavientos sobre la cuerda cada vez más aflojada de su derecho a sobrevivir.
Y me refiero a todos los grupos, desde la más pequeña tribu en el Amazonas al país más grande y adelantado del mundo.
Si Dios fuera como las multitudes le suponen, andaría haciendo las cosas según lo entienden estas: por contrato, por necesidad de ser adorado, por un intercambio de penitencia; que parece ser que algunos, han creído que por sacarse la piel a vergajazos, colgarse de sitios, vestirse de saco, matar gente “rarita”, matar gente normal, matar gente por buena, por mala, por creer en el dios de otra región, tribu, país, por no creer; por una hambrienta sensación narcisista de alabanzas y reverencias… O debido a manifestar, el asesino santificado, un desprecio cenutrio por las diferencias entre los sexos y ningunear aquellos mecanismos que incluyó el creador en el cuerpo humano: las herramientas para reproducirse, por ejemplo, son intérpretes privilegiados de la divinidad.
El dios hecho a imagen y semejanza del hombre, y no al revés como nos dicen los libros sagrados, arreglaría el sistema según la voluntad imaginada de un ente tan cutre como él: A bombazos, a pestes y epidemias, a guerras sangrientas, a hambrunas… A crímenes religiosos, a masacres santificadas…
Pero… ¿No es eso lo que está pasando ya?…
Pues sí.
Se debe, a que hay que ver con que afán y dedicado esfuerzo, manifiesta la mayoría al dios que suponen, en vez de exteriorizarlo en acción perfecta; de forma, que los hechos de cada cual, se ajustaran al bien, que es una cualidad del justo, como muy bien nos indica Platón.
Que espero yo, que al menos, quede uno en este mundo loco; porque mientras haya un solo justo, la bolita terrosa donde sustentamos nuestros pies seguirá tolerando el peso de ese montón de despojos que tanto dolor y sufrimiento procuran a grandes grupos de seres humanos. Y no lo digo yo, un número más en la multitud: Es Platón, ese señor tan sabio que ha logrado que su palabra siga perenne a pesar de los siglos de “Torquemadas” varios, castradores de voluntades y quemadores de libros de distinto pelaje, quien lo afirma.
Volviendo al inicio de este panfleto, donde manifiesto el temor y no la profecía de que se acabe el mundo, diré que lo creo porque da la sensación de que, el Dios grande y poderoso del Nuevo Testamento, en su justa voluntad y orden, ha decidido conceder, antes de que nos vayamos todos a la porra, su deseo a la caterva de “sabios” perdedores que en la tierra fueron y que, desde la cueva, plaza de pueblo, casino, taberna, exilio por guerras siempre injustas, la obra, mercado, lavadero, cárcel, manicomio burdel… aseguraron con el dedo levantado, a quien quisiera escucharles, que si ellos, cada uno de ellos, gobernase el mundo, otro gallo cantaría. Y que harían esto y lo otro y que rodarían cabezas y…
Muriendo después en sus cubículos, a su hora, sin haber salido de la mediocridad de la masa de cada tiempo, sirviente y doblegada siempre a algún “señor” poderoso propietario de vidas y haciendas.
Y ahí vamos. Contamos en el presente, en el mundo, con un hermoso ramillete de almas viviendo su estupidez triunfante en el lado del péndulo donde jamás estuvieron. Gobiernan ciudades, reinos y continentes; mandan, decretan, deciden, roban, abusan, y ejecutan el poder como ellos supusieron hacía el poderoso.
Llevan a la práctica su filosofía ancestral pateando, desde el diccionario a la Ley; removiendo los principios, la Historia, la Moral, la Ética…Disolviendo constituciones: Tal como un día, en pasados remotos, removieron el estiércol del corral. ¡Dios mío! ¡Dios mío!
Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

Deja un comentario