Conversaciones en el andamio: la versión verdadera de don Jesús «el justo»… Por Francisco Gómez Valencia

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Conversaciones en el andamio. Don Jesus, el justo

«Don Jesús fue Sargento de la Guardia Civil y desde que un día se me ocurrió cuadrarme con respeto, cada vez que me ve, me lo recrimina a la vez que agradece»

A lo lejos atisbo un grupito y no son precisamente el frente de juventudes, ante lo cual me planteo muy seriamente hacer mutis por la izquierda, lo cual comprenderán ustedes que siempre es más fácil, pues eso implica decir lo que no haces y hacer lo que no dices.

Claro que los jovenzuelos cincuenteros a veces olvidamos, que mas sabe el zorro por viejo que por zorro y siempre hay alguien que atiende sin atender mientras no pierde detalle de quien se escora a los lados para esquivar el compromiso.

En fin, a distancia creo entrever que alguien se libra de la marca del grupúsculo con disimulo y se desliza sin apenas levantar los pies del suelo hacia mí humilde persona, lo cual me hace temer lo irremediable, que es ese inevitable compromiso de tener que ser especialmente atento y simpático aunque no me lo pida el cuerpo…

-Don Jesús, como me ha ligado a distancia, a usted no se le escapa ni uno…

Don Jesús ya les cuento que fue Sargento de la Guardia Civil y desde que un día se me ocurrió cuadrarme con respeto, cada vez que me ve, me lo recrimina a la vez que agradece.

-Hola joven ¿Cómo estás? Te veo bien y hace bastante que no coincidíamos…

-Tiene razón, Don Jesús y muy a mi pesar, créame pero llegó tarde, ya sabe el trabajo y los “mandaos” de la mujer… Qué ¿De reunión arreglando el país?

-No, que va, eso yo creo que no tiene remedio, bueno que te voy a contar a ti. Hablábamos los mayores del tema este de la censura que van a poner otra vez…

-Otra vez, o sea que… ¿Según usted estos van por el mismo camino que antaño?

-Antes con dos canales de televisión y un transistor donde cogías dos emisoras y media no te quedaba más remedio que confiar en lo que te decían aunque al menos no eran tan descarados, pero ahora pones la tele y da asco. Antes los que mandaban al menos creían en la justicia social y cuando tomaban sus decisiones y daban las órdenes… En fin, hoy, los buenos y los malos son los mismos, por lo que os espera un futuro a vosotros y a los que vengan detrás, francamente duro.

-El problema es que muchos hoy en día no se dan ni cuenta Don Jesús…

-Ya, por eso me he separado del grupo, para charlar un rato en confianza.

-Vaya, gracias y a sus órdenes mi Sargento…

-La verdad se defiende, se enseña y se aprende, pero nunca se impone. Acuérdate de esto que te digo por si me pilla el bicho. ¡Tira! Que te cubro, que tendrás ganas de ver a los tuyos. ¡Ah! Y pasar por casa cuando podáis para que te lleves unos libros viejos. Quiero que los tengas tú…

¡Vamos!

07 de Noviembre, San Ernesto.

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FranciscoGómezValencia.Politologo

Francisco G. Valencia

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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