Feliz Navidad con el deseo de que quién reciba el mensaje tenga felicidad. Por Rodolfo Arévalo

Feliz Navidad con el deseo de que quién reciba el mensaje tenga felicidad. Imagen de Linda Galmor
Feliz Navidad con el deseo de que quién reciba el mensaje tenga felicidad. Imagen de Linda Galmor

«La Navidad es la fiesta de la familia, del amor, de la amistad, es la fiesta del ser humano, una fiesta de pasado, presente y futuro, una fiesta que pone calor y a veces soledad a unos y a otros»

Nunca antes de este año 2020 había notado tanta ansia en que llegaran las Navidades, diferentes sí, pero Navidades. La nueva Navidad como son capaces de calificarla los estúpidos globalistas de las cuerdas de los multimillonarios que todos sabemos. Fiesta de la familia, del nacimiento de un hombre o Dios que conformó nuestra cultura y forma de pensar, que abrió los ojos hacia los semejantes para tenerlos en cuenta como hermanos, como parte de una unidad, la familia, la humanidad.

Sin embargo como se han encargado de decir, a todos los vientos, los voceros del gobierno social comunista, estas Navidades, que ellos quisieran convertir en las Saturnales o fiestas de invierno, van a ser diferentes, pero familiares, no pueden ser de otra manera. ¿Será también esta Saturnal fiesta la nueva Navidad de los Españoles? Lo dudo. Navidad solo hay una y no es esa de las luces de colores, Belenes, árboles ornados de bolas de colores y guirnaldas.

Todas las Navidades y cada una de ellas son diferentes, todas son Nuevas Navidades desde el primer año en que se celebraron. Es la fiesta de la vida sobre la muerte y tiene su origen ancestral en otras fiestas que celebraban que la primavera regresaría con el calor y las nuevas cosechas, para que los seres humanos pudieran seguir viviendo. Y sí, este año también serán como siempre, por lo menos en Occidente, porque lo importante no es quiénes se reúnan o estén presentes ese día de Nochebuena y Navidad en la cena o la comida.

Desde hace años faltan muchos a las mesas, y este año muchos más. Las muertes cercanas son las más hirientes, porque nos recuerdan lo que fueron otras Navidades no lejanas. Pero suelen estar en ellas todos los familiares cercanos vivos o muertos, están presentes en el recuerdo o en persona ese día. La Navidad es la fiesta de la familia, del amor, de la amistad, es la fiesta del ser humano, una fiesta de pasado, presente y futuro, una fiesta que pone calor y a veces soledad a unos y a otros. Es la fiesta en la que el tiempo se detiene y todos alrededor del Belén o el Árbol, pasamos por un agujero de gusano que nos transporta al lugar que marco nuestra cultura hace dos mil años.

Por eso nuestras risas y lagrimas están desbordadas. Y también las alegrías y las penas vienen a beber de nuestra mente. Por ese proceso pasamos todos los años y es lógico que cada uno de los que pasan empiecen a faltar, familiares en la fiesta. Hace ya muchos años que el asombro antes los destellos y objetos bonitos de la navidad de los niños, hasta el desinterés en la brillantez de la fiesta de los ancianos, que solo esperan el cariño de los suyos, como cada día del año, ha pasado y está oculto, salvo cuando en la familia aparece un nuevo miembro recién llegado. En ese mismo instante renace el espíritu de la lejana y casi perdida Navidad, la que trae el amor a primer plano de nuestras particulares noticias.

Luego, para nosotros llega un momento en que cada día es año nuevo, un día más, vivido con la esperanza de otra Navidad, con cada visita de los hijos y nietos. Nunca olvidemos que la Navidad jamás será diferente, porque donde hay un ser humano que necesita unirse a los demás de su especie, sean familiares o no, será Navidad. O sea, cada uno de esos días, nace en nosotros la alegría de vernos unos momentos más y de echar de menos y tener presentes a los que ya no están.

En ese día el eterno retorno de los humanos, más apegados a su esencia, los que se reunían en torno a la hoguera del fuego nuclear de la tribu, los que celebraron la esperanza del regreso de la primavera, engalanando árboles con objetos de colores, para incitar un renacer perdido, es el renacer de la esencia humana y en nuestro caso de la cultura occidental. Nada diferente, nada nuevo, ninguna diferencia en esta Navidad.

Hace ya tantos siglos que estamos sobre esta tierra nuestra, que nunca nos pareció extraña y que siempre fue para nosotros bella cual madre protectora y nutricia, que no damos importancia a las fiestas de la familia, esas que van cayendo poco a poco en la monotonía y la desidia del desinterés en el amor hacia los demás. Muchos dicen Feliz Navidad como si cualquier cosa, y no, no se puede decir Feliz Navidad por rutina, por costumbre, hay que decirlo con el deseo de que quién recibe el mensaje tenga felicidad, porque es un ser humano que comparte nuestra humanidad y cultura, es quién nos entiende, solo por el hecho de comprender esta fiesta. El que también comprende la soledad que se siente cuando alguien querido ya no está presente físicamente con nosotros.

No hay Navidad en que yo mismo no recuerde otras Navidades más felices, con niños pequeños y con mi padre y mi hermana vivos, se que está Navidad va a ser aún peor porque fiesta, no faltará, pero si faltarán muchos familiares a esa fiesta. Por eso lo de la Nueva Navidad, está traído por los pelos, porque la Navidad para cada uno siempre es única y original, es siempre la primera y la última de tu vida, porque algún día el ausente serás tú y no debes lamentarlo hoy. Por eso celebra con los vivos y con los no presentes en el recuerdo, que es la fiesta humana y así nunca tus Navidades serán diferentes, serán la Navidad de tu familia, la que siempre te acompañará por muy fea que sea la realidad.

Nunca antes de este año 2020 había notado tanta ansia en que llegaran las Navidades, diferentes sí, pero Navidades. Por eso me permito repetir, aunque no crea en Dios, que el de cada uno esté en gloria en el cielo y además que se extienda la paz sobre todos los seres humanos de buena voluntad.

Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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