¿Estamos siendo acosados por la clase política? Por Francisco Gómez Valencia

La sociedad civil se defiende ante los ataques furibundos de la clase política
La sociedad civil se defiende ante los ataques furibundos de la clase política

«Las ambiciones plurinacionalessu alcanzan su punto sublime en plena pandemia gracias al social-comunismo más infecto. ¿Estamos siendo acosados por la clase política?»

La pandemia lo acepta todo, hasta cientos de fallecidos diarios mientras que nuestros políticos al frente del Gobierno de la nación parecieren estar más preocupados de lo suyo que de lo de todos, que en definitiva es salir del atolladero cuanto antes con el menor número de perjudicados posible.

La situación de confrontación entre bloques es un hecho. Vida o muerte, globalismo o soberanía, decencia o lo contrario. En fin, sea como fuere esto ha provocado la mayor fragmentación parlamentaria recordada en democracia con un protagonismo por ejemplo, de los partidos nacionalistas y regionalistas jamás intuido, lo cual está provocando el desguace del país de una forma literal con unas concesiones desde el Gobierno difícilmente entendibles, sino fuera para salir del paso vendiendo dicho chantaje como el mayor ejercicio democrático cimentado desde su graciosa humildad, según sus propias y fariseas palabras.

Que las minorías tengan tanto protagonismo en ningún caso es recomendable pues la influencia siempre será negativa para el Estado, ya que no hace otra cosa que debilitarlo.

Si a eso le sumamos que el Gobierno es de coalición y el socio minoritario lleva la mochila vacía de complejos y llena de prisas por conseguir rápidamente sus planteamientos plasmados en leyes ideológicas poco necesarias para el conjunto de la sociedad, la situación se complica.

Llegado el caso las prisas solo sirven para que Podemos demuestre su utilidad a todas sus confluencias cada vez más desencantadas con el proyecto 15-M, caduco y desvirtuado por la avaricia y escándalos de sus líderes como se observó en las últimas elecciones locales y autonómicas a nivel nacional en abril del año pasado y en las autonómicas gallegas y vascas del vigente, entendiéndose más comprensibles las prisas aun todavía pues la situación pinta bien para mantenerse como socio, aunque sea a regañadientes de cara a la opinión pública.

Los choques entre ambas fuerzas pregonados por los grandes medios como noticia de portada, o que incluso el líder de la oposición trate de venderlo a su electorado como una victoria resultante de la presión ambiental, es en mi opinión algo francamente ridículo fundamentalmente porque el ejercicio del poder es eso precisamente; el equilibrio de poderes dentro del ejecutivo donde Podemos se autoproclama como el adalid necesario para resolver los problemas sociales que acucian a este país desde su óptica bolivariana y/o peronista que no es lo mismo y según interese.

Cuanto más dure la pandemia será mejor para que la crítica situación política actual termine enquistándose definitivamente; de hecho al final el dicho de “cuanto peor mejor”, es una gran realidad pues el miedo atenaza a una población muy estresada desde la cultura intrínseca de la muerte característica del social-comunismo que sufrimos, y que nos han inoculado como una vacuna mediática al son del “resistiré” del Dúo Dinámico desde los medios de comunicación que poco ayudan dedicando el 80% de sus espacios a hablar de lo único condicionante de todo.

Primero a modo de documental feliz y amable fruto de la solidaridad vecinal, y después a modo de reportaje de investigación acusatorio, espacios de denuncia ante la insolidaridad irresponsable de una sociedad inmadura catalogada así desde la clase política y los medios de comunicación, como culpable para irse “de rositas”.

Y lo hacen realizando un macabro escrutinio diario de cifras de enfermos y fallecidos con múltiples conexiones por regiones pasándose el micro unos a otros de una forma tan liviana, que el receptor de la noticia aunque ya acostumbrado al ruido de fondo inconscientemente va desarrollando un caparazón insensible que lo hace aceptar todo lo demás como algo anecdótico, hasta que le hablan de las fiestas y las aglomeraciones como algo absolutamente detestable enfrentándonos los unos a los otros para desmarcarse de la responsabilidad y endosársela a la población.

Mientras tanto el acoso se plasma en las leyes ideológicas, alguna de carácter sexual en defensa de la mujer, dando por hecho de forma institucional su debilidad, después otra como la ley educativa que presenta la curiosidad de machacar al castellano dentro de nuestro propio país, dando legalidad a algo que ya venía sucediendo que es el maltrato lingüístico y el ninguneo al castellano.

Y mención aparte para la última presentada: la Ley de la Eutanasia amparada en cifras de aceptación del 2016, desmarcándose groseramente de la situación actual y la presencia de la muerte y la enfermedad en el día a día de la población como una especie de maldición bíblica, para formar parte del plan de instauración por la vía rápida de aquello que sencillamente, primero precisa de un debate previo y en segundo lugar de un consenso mínimo si tenemos en cuenta que no son necesarias a día de hoy.

La legislatura parece que lleve mil años pero solo ha pasado uno, por lo que veremos cosas que nos helaran la sangre, como dijo aquella, y por muchas sesiones de control broncas con pequeñas victorias dialécticas que veamos, de poco nos servirá pues la población cada vez está más empobrecida por la crisis económica resultante de la mala gestión política de la situación sanitaria.

Y el espejo y ejemplo a seguir no serán las grandes potencias europeas donde el número de muertos también es alarmante como trata de hacer Sánchez en sus últimas intervenciones públicas, pues ellos disponen de un musculo financiero e industrial capaz de soportarlo, de hecho las negativas cifras macroeconómicas provocadas por los confinamientos no nos alejan por ejemplo tanto de Francia o Reino Unido, pero es indudable que ellos saldrán mucho antes del agujero al no tratarse de países debilitados por las ambiciones plurinacionales que esta última década ha estado acelerando el destartalamiento nacional para alcanzar su punto sublime en plena pandemia sanitaria provocando un sufrimiento y un acoso político absolutamente insoportable, gracias al social-comunismo más infecto.

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FranciscoGómezValencia.Politologo

Francisco G. Valencia

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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