Es indiferente que sean mil u ochenta mil los muertos. Son incontables y por supuesto insustituibles. Por Rodolfo Arévalo

Es indiferente que sean mil u ochenta mil los muertos. Son incontables y por supuesto insustituibles
Es indiferente que sean mil u ochenta mil los muertos. Son incontables y por supuesto insustituibles

«En cuanto los muertos sobrepasan los veinte dedos que tenemos en el cuerpo, ya se hacen incontables… y por supuesto insustituibles. Solo queda llorar por las pérdidas»

Da igual que los muertos sean allegados o no, hay un momento en las desgracias en el que es indiferente que sean mil u ochenta mil los muertos. Y esto es aplicable a casi cualquier otro número en otros eventos. En cuanto sobrepasan los veinte dedos que tenemos en el cuerpo, ya se hacen incontables… Es solo porque las desgracia dejan de serlo cuando el número de afectados deja de ser contable sin usar la consciencia o la calculadora. Es lo mismo que pagar a la hacienda pública, cuando te sale a ingresar, cosa que ocurre siempre aunque no hagas declaración, o te salga a devolver, ya lo has adelantado, intentas no sufrir demasiado, por saber lo bobo que eres por dejarte robar.

Te pasas los seis primeros meses del año, trabajando para el estado, sin recibir muchas veces los servicios por los que has pagado. Tu sí, sí que has trabajado duro a duro lo que te llevas de sueldo. Un trabajador medio no llega ni a ocho euros la hora, sobre todo si trabaja en algún ente público o directamente para el estado. Entre ocho o doce euros la hora. Cuando yo trabajaba en mi empresa S.A. las horas extras estaban a seis Euros, de modo que cuando mi jefe me decía ¡hazte unas horas extraordinarias!, yo pensaba para mi, querrás decir unas horas jodidas.

El hecho era que la persona que cuidaba a mi hijo cobraba ocho euros la hora, por lo que si hacía una hora extra, ganaba seis euros, pero por otro lado perdía una hora de vuelta a casa, ocho euros, más la trabajada seis euros, total catorce euros del ala. ¡Hala! Así sin anestesia.

Ahora mis hijos son ya adultos y estoy jubilado pero lo normal es que esto siga así, gasta que gasta, tras doce años de haber dejado de trabajar, no lo sé, pero es de esperar que siga siendo así. La luz, el gas, el agua, los gastos corrientes aparte otros que surgen no desaparecen de la noche a la mañana por arte de birlibirloque. Por lo menos a mí me pasa, no sé a los demás. Vamos que contento me tiene la organización del estado este que dicen “nos hemos dado”. Yo el primero y viva la libertad de la democracia.

Por todo esto, es por lo que he pensado que si volviera a vivir, debería ser político, o sea vivir de verborrea, sin dar ningún otro palo al agua, que batir la lengua en el tambor mediático, sin decir nada de nada. Es asombroso ver como el propio Pedro Sánchez sale a la palestra suelta una parrafada falte de contenido, o sea no dice nada, pero parece que ha dicho la Misa del Gallo. Luego hace evidentemente lo que no ha dicho ni dirá. Pero tratándose de un mentiroso patológico, suelen serlo muchos políticos, sobre todo porque así lo elige el Pueblo, es normal, raro sería lo contrario.

Ser político parlanchín, es una bonita manera de sentirte realizado, sin dar realmente palo al agua. Un político nos diría, pero no, no es así, ¿te crees que yo no tengo que escribir mis notas, elaborar leyes etc…? Pues no, no exactamente, que tener secretaria que teclee es mejor que no tener a nadie que te pase la fregona si eres limpiador. Vamos que se pongan como se pongan hay puestos de primera y de chusmi class. No es que sea para quejarse en el caso de que el puesto lo ostente, ¿Qué te voy a decir?

Un personaje culto, con años de estudio y dedicación a la espalda, que tenga el estado en la cabeza como Fraga Iribarne, algunos lo tienen, pero casi siempre mucho antes de ahora. Ahora el medio es mediocre, para ir tirando mientras se tenga en pie el muñeco. Y ahora en esta Nueva Mierda de Normalidad que nos quieren vender lo detentan personajes mediocres surgidos de detrás de cualquier greña o rastas. Estudiar, habrán estudiado, de aquella manera, pero saber, no saben ni hacer la o con un canuto. Bagaje cultural o de conocimiento general no usan, ¡uf! ¡qué trabajo, total para lo que pagan!

Y luego preguntan algunos, ¿por qué está mosqueado el pueblo? Es normal que sea así, porque después de treinta y seis años o más de trabajo, lo que le queda de pensión, al personal, como máximo serán los dos mil ochocientos tres euros habiendo cotizado por la máxima, pagado durante gran parte de la vida. En cambio el apoltronado, aclamado por los votantes, dejará su sillón con su sueldo y a veces muchas más prebendas. Algunos, que no digo que no lo merezcan, pasarán a alguna empresa pública o privada cobrando sueldos de ensueño, y está bien, si tienen la formación necesaria. Pero como hemos visto muchos no la tienen. A eso les llaman algunos las puertas giratorias. Porque no lo son y no es así de fácil, porque el que consigue girar la puerta es porque tiene conocimientos, preparación e inteligencia que se lo permiten, porque esas empresas no contratan bobos de baba.

Cuando en el colegio, de pequeños, veías a algunos compañeros sacar sobresaliente en las asignaturas casi sin pegar un palo al agua, te preguntabas ¿por qué? La respuesta era fácil, tenían memoria e inteligencia. En definitiva el triunfar o no en la vida, nunca va a depender del trabajo, por muy trabajador que seas. Va a depender del cociente intelectual y motivación que poseas y este viene de serie al nacer. Cada uno tiene el suyo. Algo también aporta el ambiente en que te eduques, pero bastante menos.

Por eso es por lo que yo a veces añoro poder pagar a la hacienda pública mil millones anuales. Eso demostraría que tengo muchos millones, y salvo que los haya heredado, asunto que no es definitorio, porque puedes perderlo todo si no sabes nada, obtenidos por mis dotes intelectuales o por el azar y la suerte. Esto no suele ser real. En todo caso por razones totalmente externas a uno mismo. La suerte es fundamental en la vida, por eso hasta gente sin inteligencia o saber y cultura puede ostentar puesto de diputado, sin saber hacer la o con un canuto. No lo necesitan solo deben decir si bwana a quién si tiene al menos los dos dedos de frente que necesitan para ser electos y da igual si para lo bueno o para lo malo.

Esta cuestión ya solo depende de la ideología y el buen o mal fondo del individuo que ostenta el puesto. Desafortunadamente, en España desde hace unos años ha llegado a la edad de votar una parte de la sociedad, educada en unos postulados laxos, con poca ética y detentando ideologías igualitarias, que está muy bien, siempre que el nivel sea el mínimo exigible, el problema es que no lo es. Nadie quiere hacerse responsable de la mala gestión de cualquier tema, se dejarían en evidencia, vamos con el culo al aire. Por eso decía que da igual que los muertos sean allegados o no, hay un momento en las desgracias en el que es indiferente que sean mil u ochenta mil los muertos. Y esto es aplicable a casi cualquier otro número en otros eventos. En cuanto sobrepasan los veinte dedos que tenemos en el cuerpo, ya se hacen incontables… y por supuesto insustituibles. Solo queda llorar por las pérdidas, como habitualmente.

Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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