Cacharrería mental: Se cambia la bocina del capitán del barco fantasma. Por Manuel Artero

Se cambia la bocina del capitán del barco fantasma
Se cambia la bocina del capitán del barco fantasma

«Mi capitán, reaccione, la actual deriva nos hundirá, aquí tiene la bocina para que hable a la tripulación que ya está expectante en cubierta»

Ni en el mar de los Sargazos ni en el inquietante triángulo de las Bermudas. Ocurre en mi querida Bahía de Altea cuando el gaviero pierde en su visual por la popa el Peñón de Ifach y se centra en el horizonte del infinito azul. Lo sueño calcado cada noche, desde hace ya demasiados días, por lo que pierdo toda esperanza de que el azar sea protagonista de la narración ni sus personajes auténticos hombres de mar.

Con  machacona insistencia, hoy descubro que me cuento la misma historia que ahora les relato y en la que sus actores no tienen rostro pero sí nombres. Siempre igual. Ocurre cuando la razón dejar de pisar la fría pizarra y se eleva con las sombras iluminadas del inconsciente.

Una obsesión, me dirán. Quizás un desvarió de la razón y los monstruos que produce. Y quizás sea mi humilde condición de irrescatable y estéril ciudadano  la que me responsabiliza en el testimonio. Ese necesario aviso para navegantes que se ilumina cada mañana, a las claritas del alba, después de mi primera taza de café.

La mar permanece tranquila, demasiado, y el horizonte sin viento, en una profunda calma que nada tiene que ver con la sabia percepción de la paciencia. Dese lo alto de la gavia el grumete intuye un futuro que se adivina espeso y apenas un cálido y leve susurro, como de amor incierto, pero incapaz de inflar las velas. El gaviero, preocupado, avisa al timonel, un viejo lobo del mar con un montón de zarcillos en las orejas, uno por cada vez que ha meado por la proa y ha sobrevivido al atravesar el Cabo de Hornos. Toda una experiencia eterna que combina la nada, la costumbre y la supervivencia, y que en este preciso momento intuye la proximidad de la muerte.

El timonel, súbito, comprende la sinrazón de la deriva y entra en el puente con su principal abalorio y se lo ofrece al capitán.

-Mi capitán reaccione, la actual deriva nos hundirá, aquí tiene la bocina para que hable a la tripulación que ya está expectante en cubierta.

Pero el capitán, dándole las gracias, le dice que no, que nada le hará cambiar en su mutis de silencio y de poder, y muchos menos en el rumbo. Y en ese instante de miradas cruzadas la bocina desaparee y con ella el galeón con toda su tripulación. Pero veo el nombre del ya barco fantasma difuminado en una última imagen encadena al futuro de la mar calma. Se llama el Equidistante.

Manuel Artero Rueda

Manuel Artero Rueda ha dedicado toda su vida profesional a la televisión en la empresa pública RTVE donde, en los últimos veinte años, y después de haber trabajado como ayudante de producción y realización. ha realizado su oficio de periodista como reportero en el programa Informe Semanal, para el que ha realizado mas de trescientos reportajes. Licenciado por la Universidad Complutense, es autor del libro "El reportaje para televisión un guiño a la noticia" , un práctico temario con el que ha impartido clases tanto en el Instituto Oficial de RTVE como en el máster de periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos. Desde el ERE inventado por Zapatero para TVE, dedica su esfuerzo y trabajo esta "La Paseata" un sencillo blog personal que con el paso de los últimos años, se ha convertido en una modesta revista electrónica en la que colaboran un grupo de amigos a los que une el amor a España.

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