Pisamos un empedrado de falsas joyas que brillan mucho pero carecen de valor. Por Rodolfo Arévalo

Pisamos un empedrado de falsas joyas que brillan mucho pero carecen de valor
Pisamos un empedrado de falsas joyas que brillan mucho pero carecen de valor

«El suelo en la actualidad no está hecho de lodo viscoso, pero fértil, sino de un empedrado de joyas falsas que brillan mucho pero carecen de valor»

Es curioso como cambian las cosas en España. Antes había personas que arriesgaban en cultura de todo tipo, literatura, pintura, cine, teatro, etc… Hoy día o tienes dinero y gastas para tu patrocinio, publicación de obras u otros temas o te mueres de asco. Digamos que todo es una yo me lo guiso, yo me lo como. La inversión, no solo se usará como impulso artístico, también profesional y en todo tipo de propósitos. Tanto te publicitas tanto vales. Y es que desde luego es mucho más interesante inventar un palito con caramelo en la punta, que cualquier otra cosa. El caramelo en la punta de un palo, genera beneficios inmediatos y lo mejor es que cuesta casi nada producirlo. Cualquier cosa que se pueda vender fácilmente, tendrá una repercusión inmediata sobre algún avispado empresario que desee forrarse, otro motivo no le mueve.

Claro un caramelo es siempre una inversión segura, los niños toman caramelos y los niños en principio no se agotan nunca. Los caramelos de adultos están más restringidos al sexo. Esto gusta a todos, las mujeres pueden disimular para que no las consideren “guarras”, idiotez supina, porque no es una guarrada, es un acto natural y bonito, tiene la belleza de lo sublime, es de hecho la razón última que justifica la existencia individual, perpetuar tus genes. Pero esto salvo el envoltorio de la factura artística, no es arte, solo es el caramelo en la punta de un palo.

La producción artística no produce genes, produce memes, que viene a ser como la capa material que genera la insustancialidad del pensamiento y curiosamente, no es que esté mal visto, no, todo el mundo lo loa y aprecia de boquilla. Es bonito, es humano, es una falsedad como cualquier otra. En un nivel muy elemental de pensamiento y comportamiento, los impulsos básicos son los que generan lo que la mayoría desea en su vida, amistad, amor, hijos, una vida pasable y una muerte piadosa rodeado de descendientes. Muy bonito, muy poético y deseable.

Lamentablemente, lo que realmente perdura de lo humano, es lo que produzcan los cerebros, es la cultura y curiosamente solo perdura mientras esté puesta en evidencia por otros humanos. Después todo aquello deja de tener sentido, y con el paso del tiempo, no queda nada, ni siquiera el vacío que dejó. Los seres humanos pasamos la vida intentando poseer la trascendencia, dejar huella en el resto de seres pensantes, pero esto solo lo consiguen algunos, los que los demás llamamos genios.

Jean Paul Sartre en su novela la Nausea lo explica y narra magistralmente. La vida gris y monótona de un ser humano, rodeado por un mundo que late, asquerosamente vivo, mientras el contempla la inutilidad de lo que le rodea, la imposibilidad de ser algo o alguien, que pueda elevarse sobre la sustancia de lo existente para justificar su propio ser. Buscar la necesidad de ser, algo que te justifique o justifique la inutilidad de lo que nos rodea y causa un enorme vacío, la Nausea. Incluso la nostalgia de un amor lejano que ahora ha devenido en un ser humano nada atractivo es más nauseabunda, por muy bonito que fuera el recuerdo. Y piensa que en definitiva todos persiguen lo mismo la trascendencia en un mundo que no tiene nada de trascendente, que está parado, solo espera un tren que le aleje de aquel lugar lodoso y húmedo…

Pero para ir ¿dónde?, quien sabe solo tiene una certeza, la realidad de que mañana va llover en la ciudad del lodo. Y efectivamente, todo en la actualidad se levanta sobre una estructura blandengue de lodo que no llega a secarse, solo tiene el apoyo del oropel que sustenta una realidad mentirosa e inexistente para quién no esté incluido o el respaldo de una buena cuenta con dinero. Ya ni siquiera es un apellido, una tradición, un nombre, solo es una moda, un pasar ligero, por cualquier pantalla donde tu figura virtual se transforme en algo que no es real, que ha dejado de ser humano, de oler mal, las ondas no transmiten los olores corporales. Y lo que más produce dinero, el resultado buscado, son las mujeres que hablan de productos de belleza para otras mujeres.

El resto, viste mucho, hace que todo parezca, muy noble, pero no me extraña que nadie lo busque, porque su valor es humano, profundo, busca un suelo en el que fructificar y ese suelo en la actualidad no está hecho de lodo viscoso, pero fértil, sino de un empedrado de joyas falsas que brillan mucho pero carecen de valor.

Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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