
¡BUENOS DÍAS!
A nuestro breve espacio dedicado al arte de la pintura he querido traer hoy unos mínimos rudimentos para conocer un poco más acerca de la técnica del «Trampantojo» (vocablo que deriva de «trampa ante ojo».
El trampantojo es una técnica pictórica que intenta engañar a la vista jugando con el entorno arquitectónico (real o simulado), la perspectiva, el sombreado y otros efectos ópticos y de fingimiento, consiguiendo una «realidad intensificada» o «substitución de la realidad».

Los trampantojos suelen ser pinturas murales de acentuado realismo diseñadas con una perspectiva tal que, contempladas desde un determinado punto de vista, hacen creer al espectador que el fondo se proyecta más allá del muro o del techo (quadratura, di sotto in sù) o que las figuras sobresalen de él.
Pueden ser interiores (que representan muebles, ventanas, puertas u otras escenas más complejas) o exteriores (aprovechando la gran superficie de una pared medianera, o los espacios de muro entre vanos reales).

Las naturalezas muertas o bodegones fueron en los siglos XVII y XVIII un género en el que los pintores recurrieron particularmente a la utilización del trampantojo. Obras esenciales del Renacimiento recurren a este efecto, como la «Camera degli Sposi», de Andrea Mantegna, las grisallas flamencas o los «cenacoli» florentinos. Lo mismo ocurre con muchas obras del Barroco; «Las Meninas» de Velázquez se exhibió durante muchos años en el Museo del Prado de forma que se hacía al espectador «entrar» en el cuadro, con ayuda de un espejo y de la iluminación real de la sala a través de un ventanal dispuesto de manera idéntica a los del Alcázar representados en el lado derecho del cuadro.
En la pintura contemporánea, los surrealistas (especialmente Dalí y Magritte) y los hiperrealistas utilizan el trampantojo con frecuencia.
Las fuentes literarias (Plinio el Viejo y Vitruvio) que recogen datos sobre la pintura griega antigua hablan de trampantojos en ella: Parrasio se consideró superior a Zeuxis por haber conseguido engañar a su rival con una cortina pintada, que este intentó descorrer al tomarla por real, mientras que las uvas pintadas por Zeuxis solo habían conseguido engañar a los pájaros que intentaban comerlas. Agatarco también pintó (hacia 468-458) una cortina sobre un decorado para una tragedia de Esquilo, que suscitó un debate intelectual. El recurso de la cortina (o del quicio, o del propio marco) o la superposición de pequeños elementos que pudieran tomarse por ajenos al cuadro son formas características de provocar el efecto ilusionista en los trampantojos.


