El esquileo no se extingue por necesario pero en nuestras tierras ya no se aprende. Por Luis Bully

El Esquileo: Un oficio que no se extingue por necesario pero en nuestras tierras ya no se aprende
El Esquileo: Un oficio que no se extingue por necesario pero en nuestras tierras ya no se aprende. Foto de Pablo Lorente

«Pensé en relatar alguna anécdota de las que he vivido sobre esta faena, pero al final he optado por dar unas pinceladas sobre un mundo muy desconocido, muy sacrificado y muy sufrido»

En un cajón de mi cocina hay unas tijeras de acero inoxidable. Son unas tijeras toscas, bastas, de hojas anchas. He visto tijeras como esas en unas cuantas cocinas y en muchas pescaderías, pues una de las labores a las que suelen dedicarse es a limpiar el pescado. Si tienen unas tijeras así o alguna vez las han visto y pueden recordarlas, les será fácil imaginar lo que les voy a decir.

Háganse a la idea de unas tijeras similares pero de hierro negro, mucho más afiladas, terminadas en punta, de hojas tres veces más grandes y con uno de los agujeros para meter cuatro dedos. Con unas tijeras como las que les he pedido que imaginen, se cortaba la lana a las ovejas antiguamente.

Cierto es que todavía hay quien lo hace, pero apenas nadie. A la labor de cortar la lana se la conoce con el nombre de Esquileo, y a los operarios que realizan dicha labor, Esquiladores.

Con el tiempo esas tijeras evolucionaron hacia un sistema de mangos con muelle metálico curvo de una pieza rectangular, a fin de facilitar el movimiento de la mano y evitar esfuerzo. Posteriormente se sustituyeron las dos hojas de corte por cuchilla y peine, como los de las peluquerías, la típica maquinita de cortar al número.

La llegada de la electricidad trajo la invención de la máquina de esquilar eléctrica, y así hasta hoy.

La máquina eléctrica moderna puede ser compacta, con motor incorporado, como las de las peluquerías pero con soporte para cuchilla de cuatro dedos, o puede ser de motor externo y transmisión por cable. Los profesionales utilizan este segundo tipo, la máquina pesa menos y se maneja mejor.

Cuando esquilas una oveja cada tres minutos el peso es muy importante.

Ayer, el editor jefe de esta gran revista con la que tengo el honor de colaborar, me preguntó sobre los Esquiladores. Esta semana son noticia unos uruguayos que han dado positivo al Coronavirus en Extremadura.

Di por sentado que el jefe, D. Manuel, pretendía algo con su pregunta, y aquí estoy, hablando de uno de los oficios más duros que se ejecutan en el campo, porque si el jefe manda hay que cumplir fielmente y sin demora.

Si vienen extranjeros es porque hay pocos españoles dedicados a este asunto. Durante muchos años venían polacos, y luego empezaron a venir uruguayos y chilenos. Los uruguayos son buenos, en su país hay muchas ovejas.

Hay dos tipos de oveja en relación a la cobertura, de lana y de pelo. Las de lana se esquilan todas las primaveras, algunas se esquilan también en otoño, las que se ordeñan en explotaciones intensivas. Las de pelo no se esquilan.

Hay varias técnicas, la más eficiente es la australiana. En mi tierra no se suele seleccionar la lana esquilada o Vellón en la explotación, se mete en sacas y se vende en bruto, en otras zonas se selecciona. En Australia y Nueva Zelanda se hace una selección muy precisa, y hay que estar titulado para esa operación.

La lana puede ser basta o alfombrera, pelichurra, entrefina y merina. La mejor y más cara es la merina.

Por oveja se obtienen entre uno y tres kilos de lana según raza y alimentación. Se paga por longitud, grosor y finura de la fibra. La suciedad deprecia.

Actualmente en las razas no merinas apenas se cubre el coste del esquileo con el precio obtenido por la lana.

Por esquilar cobran entre 1,50 y 3,00 euros por oveja. Un esquilador avezado puede esquilar doscientas en el día, aunque lo normal está entre cien y ciento cincuenta.

Hay quien esquila atando y hay quien lo hace con el animal suelto. Es un trabajo muy duro. Se coge al animal, se coloca entre las piernas, te agachas y mientras lo sujetas y le vas moviendo con una mano, con la otra vas cortando.

La lana está impregnada de una grasa muy fina, la Lanolina, que deja las manos muy finas, pero también te engrasa toda la ropa, y cala hasta la piel, por eso se suele cubrir la mitad inferior del cuerpo con hules o plásticos.

Al acabar la jornada hay que restregar mucho con jabón para quitarte la grasa y el olor. El cansancio es mucho, y el calor y el sudor ayudan poco a sobrellevarlo.

A mí me cae el sudor a chorro desde la cabeza a los pies. Yo esquilo. Antes me gustaba y disfrutaba, ya no, estoy cansado. Cansado de trabajar como un esclavo, cansado de regalar la lana, cansado de todo.

Antes, además del precio se pagaba almuerzo y comida. Ahora casi nadie quiere saber nada de pagar comidas que muchas veces conllevan disgustos, porque la gente abusa. La temporada viene a durar unos tres meses. Se empieza en el Sur y se acaba en el Norte.
Un uruguayo o un polaco no ve a su familia durante ese tiempo. Ni sábados ni domingos, a piñón fijo.

Con la paga de esos meses algunos viven todo el año.

Grasa, sudor, polvo, mierda, a diario. Y dolor, mucho dolor de espalda y de piernas. El vellón se debe de sacar entero, y las Cascarrias por separado. Fundamental es no cortar la fibra. Igual de importante es no cortar al animal, pero a veces, incluso muchas veces, se producen cortes. Cortes que hay que curar y sobre los que hay que aplicar insecticida para que las moscas no pongan huevos y se agusane la herida. Un pequeño corte puede suponer que los gusanos se coman a una oveja en menos de dos semanas.

Pensé en relatar alguna anécdota de las que he vivido sobre esta faena, pero al final he optado por dar unas pinceladas sobre un mundo muy desconocido, muy sacrificado y muy sufrido. Un oficio que no se extingue porque es muy necesario, pero que por nuestras tierras cada día tiene menos interesados en aprenderlo.

Nos hemos vuelto vagos y cómodos, nos hemos creído ricos, y la caída va a ser muy gorda.

Luis Bully

Luis Bully

A los catorce años sembré unas alubias, cuando las vi germinar y convertirse en unas hermosas plantas quedé maravillado y decidí ser agricultor, y eso soy, agricultor y ganadero. En el camino fui algunas otras cosas, pero no tuvieron gran importancia. y, por ello, pretendo dar a conocer las realidades de quienes habitamos un mundo condenado a la desaparición si quienes suelen dirigir nuestros destinos terrenales no cambian su forma de entender lo que es el mundo rural y las necesidades de quienes vivimos en él.

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