La tolerancia con el desempleo. Por Francisco Gómez Valencia

El talento está en la experiencia y van de la mano
El talento está en la experiencia y van de la mano

“Hablemos de desempleo. Teniendo en cuenta que en España somos campeones en esta especialidad tan denostada por otras culturas que nos ven, como un país de camareros”

La pandemia ha cambiado muchas cosas. Es cierto y fundamentalmente en el ámbito de las costumbres; otros dirán que según su especialidad lo que ha sucedido es que han cambiado otras cuestiones y hasta le pondrán nombres rimbombantes para parecer más profesionales pero, sinceramente como creo a pies juntillas que en la sencillez está el mensaje genuino, prefiero defender mi versión de los hechos y adaptarme con ella a cualquier posicionamiento.

Hablemos de desempleo. Teniendo en cuenta que en España somos campeones en esta especialidad tan denostada por otras culturas que nos ven, como un país de camareros serviciales dispuestos a dar gusto con buena cara y sobre todo “rapidito” que hay prisa y mucho que ver y disfrutar, es duro comprobar como el oficio de camarero hoy en nuestro país representa nada más y nada menos que la “LIBERTAD”. Así que, ojiplático me quedo porque por fin parece que el sector y sus colindantes gracias a la fuerza que da la ruina sufrida por la opresión del Estado, son el referente de algo tan duro de reconocer como es el hecho de que en España, el sistema político ha sido totalmente tolerante con el desempleo siendo este algo absolutamente característico en democracia desde que la disfrutamos.

Estar parado y cobrar por ello es una forma de disfrutar de la democracia y sus virtudes en este santo país porque demuestra que el Estado (lo público que defienden los “ninis” que nos gobiernan y los que no lo consiguen hacer) en sí mismo es capaz de cobijar a tanta gente como sea necesario para que este se muestre como el garante de la paz social. Y como los partidos de corte progresista, neocomunistas en definitiva, saben bien que las clases oprimidas no van a mover ni un musculo para cambiar esa situación, y que por tanto las revueltas pronosticadas por Marx son cosa de novelas, se han posicionado como un virus troyano en el Estado para que esa clase media subordinada, apática y alienada (analfabeta políticamente), absolutamente antagónica con lo que significaba precisamente la defensa de la libertad en si misma, empezando por la individual, como resultante del esfuerzo a nivel profesional, haya degenerado de tal manera que hasta en ocasiones se muestre hostil e intolerante hacia quienes quieren despertarla de ese letargo letal en la que la izquierda la ha convertido, con el consentimiento de lo que no se llama izquierda y gobierna de vez en cuando.

Muertos en vida, sin ilusión ni esperanza, más que la de cobrar cada mes lo que buenamente el Estado crea bien pagar por estar en el sillón en chándal, pasando el tiempo sin energía vital más que para odiar a todo aquel que le diga que debe levantarse y echarse de nuevo a andar, culpabilizando al liberalismo capitalista que ha frito el sistema laboral estresando el financiero y/o empresarial.

La paguita” que llaman otros despectivamente, se ha convertido en una forma subsidiaria de igualar a toda esa montonera de almas sin luz propia, que en otro tiempo deslumbraron con su esplendor emprendedor bien fruto de su insultante juventud o tal vez resultante de su “expertitud” como dice la señora Carmen Calvo, en un ejemplo de vacuidad insultante tras de un cargo, a cargo de esos mismos que la ven por la televisión en horario laboral. Sí, su horario laboral, pues tienen hasta franja horaria propia para que estén ocupados enfermando cada día un poco más.

Francisco Gómez Valencia. Politologo y colaborador de La Paseata
Francisco Gómez Valencia. Politologo y colaborador de La Paseata

Y veo a los defensores de Hayek y me reafirmo al reinterpretarlo diciendo que la tecnología que provoca la desigualdad entre jóvenes y viejos de cincuenta años en adelante, no son más que el resultado final de las políticas desarrolladas por la clase tecnócrata llena de verdaderos inútiles que no saben ni hablar correctamente como vemos a diario en los medios, donde uno tras otro (jóvenes y “jovenas”) balbucean en su neolengua inclusiva degenerando el intelecto del ser humano fabricando inutilidad a pasos agigantados. Y la indolencia de la mayoría de los sectores productivos esclavos de sus políticas como diría Marquand, describe ese desenlace fatal en el que esa clase tecnócrata secuestra al Estado haciéndolo menos democrático y fomentando un sistema político basado en la coerción.

Pero, poniéndonos en situación, es decir, desde mayo del 2020, la celeridad con la que hemos perdido derechos y libertades ha sido exponencial al número de parados que se han ido desarrollando indiferentemente de la edad. Tenemos un 40% de jóvenes de menos de treinta años parados sin visos de encontrar nada a corto plazo, y tenemos la mayor tasa de desempleo de mayores de cincuenta y cinco de la lista de países que conforman la OCDE. Si además tenemos en cuenta que pasar los cincuenta estando en paro es una condena para llegar a los mínimos para cobrar la jubilación aunque sea indigna… ¿Qué futuro nos espera?

A día de hoy hay más de un millón de hogares con todos sus miembros en paro, y parece que las clases trabajadoras más jóvenes impusieran una dictadura tacita en el mercado laboral impidiendo que el talento resultante de la experiencia, estuviera abocado a la trituradora de la apatía y las enfermedades mentales más que al repunte de la sabiduría más necesaria que nunca para que España saliera más pronto que tarde del pozo en el que se encuentra.

Quizás como decía al principio, la pandemia sobre todo nos ha cambiado las costumbres y precisamente por ello quizás ese ejercito de parados complacientes y agotados de mantener a hijos y nietos debiera empezar a imponer sus condiciones en las urnas presionando a aquellos partidos políticos que estén dispuestos a dar el protagonismo, a quien verdaderamente se lo merece que es quien peina canas, lleva cotizados veinte años, y está muy harto de pagar impuestos para que la patada recibida llegado el caso, sea de unas dimensiones extrasensoriales.

La dictadura de los viejos de cincuenta es una necesidad imperial, ya basta de tonterías…

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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