Canto para el Año Nuevo: ¡Adelante!, ¡Siempre adelante! Por Vicky Bautista Vidal

Siempre adelante
Siempre adelante

“Nunca asumir la mentira que nos gobierna. Prohibido tolerar lo intolerable. ¡Adelante!, ¡siempre adelante! Jamás regalar nuestras lagrimas a los coleccionistas”

En esta situación que vivimos, que será cantada, relatada y recordada para la historia del planeta como una de las más nefastas, debemos unirnos los hombres –ahora no me da la gana de ponerme en modo podemita y añadir sin ganas la coletilla: “y las mujeres”, para que se contente la minoría perro flautica; porque nuestro idioma, contempla a todos cuando se refiere a los “hombres” como humanidad, concepto común donde no cabría eso del humanidado, la humanidada y la humanidadita. ¡Vaya! ya he dado una idea al ministerio de igual-me-da ¡Que fastidio!
Hoy deseo ponerme en modo esotérico, que no exotérico, pues, aunque las dos palabras parecen la misma cosa no es así: Esotérico significa en dos palabras lo oculto, aquello que está cerrado y solo conoce el iniciado. Lo exotérico, con x, significa en cambio que aquello es común y accesible para todos no solo para uno.
Literariamente yo me disfrazo mucho y para esta ocasión en mi fiesta de disfraces unipersonal de año nuevo voy a representarme como una carta del Tarot.
El Tarot, es un juego de cartas de origen medieval que ha sido explicado en ocasiones como el juego simbólico de la existencia humana, desde que el hombre aparece en su encarnación hasta que muere. También, es visto por algunos como la Historia de la humanidad representada en veintidós láminas coloreadas con finos dibujos cabalísticos.
Utilizado en general para burdas adivinaciones “exotéricas”, es, como todos los símbolos, una delicada invitación a meditar sobre los misterios del alma humana y la historia del mundo o una herramienta utilizada para juegos adivinatorios sin trascendencia.
De los 22 símbolos, aún no tengo muy claro de que vestirme. No sé si seré el colgado: el personaje de la carta XII. Cómodo como disfraz por su extraña quietud: La lámina muestra a un hombre que espera pacientemente colgado de la rama de un árbol por un pie, como si el fuera un fruto más esperando madurar.
Sería adecuado quizás, por aquello de verlas venir, pero que me obligaría a permanecer cabeza abajo colgada y eso, si no es en el Tarot, te baja la sangre a la cabeza y puede darte un patatús que te deje algo más tonta de lo que siempre fuiste.
Podría elegir al Mago, en pie ante una mesa bien provista de todos los elementos que se necesitan… La Suma sacerdotisa, que parece que me iría mejor, pues representa a una mujer de edad, sentada, con dos libros en la mano uno abierto y otro cerrado donde parecen esconderse los dos mundos: El interior y el exterior o el mundo secreto oculto para todos y la realidad literal…
Podría decidirme por la Luna, a quien ladran los perros, pero la descarto porque, aunque representa un estado muy parecido al del mundo presente, donde el desasosiego reina, no quiero en ninguna forma ponerme dramática porque nunca ofreceré óbolos negativos al lado oscuro que se alimenta de impotencia y sufrimiento.
En el prisma de la existencia que representa este juego de cartas elijo finalmente para representar este fin y principio de año la carta 0, la del Loco. Un personaje despistado con hatillo al hombro, trasero al aire a causa de los tirones que le da de los pantalones el perro, a veces un lobo, que le sigue por los caminos del mundo; gorro de bufón medieval que avisa de su presencia con el sonido de las campanillas que cuelgan de él. Apoyado en un bastón parece caminar sin detenerse. Aunque no sabe a dónde va, camina contento hacia el precipicio o hacia el camino. Siempre adelante a pesar de los peligros del sendero que transita: Igual que la generación actual, obligada a seguir su senda vital superando los avatares ineludibles. Exactamente como el hombre en la historia de este globo a veces acogedor a veces violento que habitamos hace millones de años.
Y ahí voy yo, mirando mi época con la misma expresión que el loco. A ciegas como él, mirándolo todo sin ver, obligada a continuar adelante sin detenerme. Sintiendo los mordiscos de aviso en el trasero por parte de la aparente animalidad que me recuerda constantemente que busque dentro del hatillo y que camine recto, siempre hacia el Sol, que es la meta.
Y como el mundo emprende una senda aún más difícil en apariencia que la anterior, reconozco con el disfraz que sí, pero que no es el momento de esconder la cabeza debajo del ala, aunque muchos lo hayamos hecho con antelación previniendo el desastre que tenía que ver con lo que veíamos y siendo sorprendidos con el vendaval de la pandemia de la época.
Es tiempo de encarar lo que venga con la mayor valentía y empezar a caminar sin mirar demasiado atrás, pero con la decisión de no detenernos ni de que nos detengan.
Una vez, alguien en internet me llamo de todo menos bonita por haber utilizado la frase: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Por supuesto hay quien ni siquiera entiende el primer nivel de los cuatro que puede tener el significado de retruécanos, refranes, frases hechas y otros dichos históricos. Aprovecho para responder ahora, que no entonces, que no se trata de ir aporreando gente con un mazo así porque sí, que la frase muy clara, por cierto, indica que es bueno y necesario orar, clamar a Dios y pedir sin pausa a lo divino, pero que, sin embargo, es necesario ayudar para que las circunstancias se alineen y las soluciones se manifiesten.
Si hay que llorar se llora, si hay que luchar se lucha, pero caminando siempre hacia adelante, aunque tenga que ser sobre los huesos descarnados de lo que fue. Es precisa la unión de todos y es preciso sostener a las criaturas más débiles, a los desesperados, que son muchos, con palabras y con hechos. Cada uno con lo que pueda y desde el nivel donde se encuentre.
Unos dan y otros reciben. La “Rueda de la fortuna” gira y pone a los unos en el lugar de los otros una y otra vez en el transcurso del camino vital. Busquemos en ese hatillo que porta el loco donde lleva todo lo que necesita para sobrevivir. No permitamos que esto nos haga peores, que es lo que se busca. Las crisis individuales son muchas en este momento, pero la parábola del Ave Fénix nos muestra que se puede renacer de las cenizas.
Jamás aceptarse como miembro de un rebaño. Nunca asumir la mentira que nos gobierna. Prohibido tolerar lo intolerable. ¡Adelante!, ¡siempre adelante! Jamás regalar nuestras lagrimas a los coleccionistas.

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales.
Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida.
Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común.
Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden.
La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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