La Seda imprescindible de Alessandro Baricco. Por Antonio Ramírez

La Seda imprescindible de Alessandro Ba
La Seda imprescindible de Alessandro Baricco

«Seda de Baricco es una de las obras destacadas de los últimos treinta años en el competitivo mundo literario de sobresaliente calidad»

Novela que debe estar en cualquier biblioteca que se precie. Incono literario que siendo escrita en prosa, es pura poesía.

Seda de Alessandro Baricco, nos relata la historia de un amor imposible con trazos orientales, ya que parte se desarrolla en Japón, y que viene a cifrar la pasión de un hombre, el comerciante francés Hervé y protagonista de la obra, ante la disyuntiva entre su familia y una lejana y misteriosa amante.

En el escenario del comercio de la seda en el siglo XlX, esta historia fue llevada al cine, pero, sin duda, la lectura de la novela adquiere el añadido de la imaginación de las circunstancias que concurren en ella.

Seda es una de las obras destacadas de los últimos treinta años en el competitivo mundo literario de sobresaliente calidad.

Antonio Ramirez Velez

Antonio Ramirez Velez

Indígena melillense con varias decenas de años a mis espaldas. Periodista de profesión y dedicación institucional desde hace muchos años en lla Ciudad Autónoma de Melilla, anterior Ayuntamiento, con una paso también en la Administración del Estado, Delegación del Gobierno. Responsable en diversas legislaturas de gabinetes de prensa y relaciones institucionales, comencé a entender, hace tiempo ya, que el poder es un mar de ambiciones y conjuras permanentes y por ello la verdad, cuando sobrevive, vale su precio en oro. Mi paso por medios de comunicación, tanto públicos, como privados, me enseñó de la gran asignatura pendiente que tienen, aún, generaciones de periodistas sobre la consideración de su profesión y la dignificación de la misma. Lector aplicado, que intento ser, concibo a los libros como uno de los últimos reductos de la libertad de pensamiento, generadores de opinión y salvaguarda, por ello, de la voluntad. Lo único que no nos puede ser arrebatado (Víktor Frankl).

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