Me pregunto de qué ha servido todo el dolor, la ruina y las vidas perdidas. Por Luis Bully

Me pregunto de qué ha servido todo el dolor, la ruina, las vidas perdidas
Me pregunto de qué ha servido todo el dolor, la ruina, las vidas perdidas. Marlaska se presenta en Valladolid para anunciar la reducción de velocidad a los 30 kilómetros por hora en el centro de las ciudades.

“Ahora, cuando soy testigo de la irresponsabilidad, me pregunto de qué ha servido todo el dolor, el sufrimiento, la desgracia, la ruina, las vidas perdidas”

Vas circulando por una calle habilitada para el tránsito de vehículos en zona peatonal. Las aceras son amplias, muy anchas. Los peatones caminan por la calzada, no por las aceras. Al verte llegar algunos no se apartan, siguen a lo suyo, caminando por el medio de la calle. Hay quien te grita, te insulta. La calle es del peatón.

Circulas por una vía convencional. Hay semáforos y pasos de peatones. Hay peatones que cruzan por cualquier sitio, incluso con el semáforo en rojo, te hacen frenar e incluso detenerte bruscamente. Hay quien te grita y te insulta. Los conductores son opresores.

Vas caminando por la calle y te sobrepasan a escasos centímetros o te topas de bruces con endiablados ciclistas y conductores de patinetes motorizados que circulan a bastante velocidad entre peatones y vehículos. Utilizan aceras y calzadas a su conveniencia. Son libres de hacer lo que quieran, tú no.

Vas caminando por la calle, te dispones a cruzarla utilizando un paso de peatones, y un vehículo pasa por delante de ti, sin detenerse y respetar tu prioridad. Le dices cualquier cosa como protesta y te arriesgas, como poco, a que el conductor te diga cualquier barbaridad.

Estamos en la era de la Libertad. Todo el mundo exige Libertad. Justificamos nuestras acciones en nombre de la Libertad. ¿Pero respetamos la Libertad? ¿Somos conscientes de lo que implica el ejercicio de la Libertad y concretamente de nuestra propia Libertad?

Hemos pasado un año y dos meses privados de algunos de nuestros Derechos Fundamentales. Unos más y otros menos. Ahora, llegado a término el periodo del Estado de Alarma, el bullicio y la algarabía llenan nuestras calles en aras de la tan ansiada Libertad. Pero, ¿Cuántos de ellos se han manifestado públicamente durante meses contra quienes cortaban su Libertad? ¿Cuántos de ellos se han visto privados de su trabajo, de su negocio? ¿Cuántos de esos que reclaman Libertad han perdido a un padre, un esposo, una hermana durante estos meses de pandemia? ¿Cuántos de ellos han entrado en la cocina del restaurante de un hijo, un jefe, una hermana, alarmados por una fundada sospecha, y le han encontrado colgando del techo con una cuerda anudada al cuello?

Yo no he tenido que hacer frente a esa terrible visión, pero he tenido que contestar a la llamada telefónica que me informaba de lo acontecido. He tenido que intentar confortar y consolar a quien había sido testigo de ello. He tenido que intentar dar ánimos a quien sufría directa o indirectamente la enfermedad. He rezado por vivos y muertos. He llorado por algunos que un día compartían conmigo risas, bromas y mantel, y al día siguiente eran incinerados en la más absoluta soledad.

He visto como mi trabajo dejaba de permitirme sacar adelante a mi familia. Me he visto obligado a malvender la mayor parte de mi ganado para poder hacer frente al pago de impuestos, electricidad, tasas y recibo de la cuota de la Seguridad Social.

He tenido que ayudar en la medida de mis posibilidades a gente de mi entorno que de repente se han visto en la ruina por imposiciones gubernamentales.

Durante meses exigí a miembros de los diferentes gobiernos bajo cuya gobernanza me encuentro, información relativa a los informes y estudios científicos que aconsejaban, dictaban o avalaban las disposiciones y normas de prohibición y restricción sin obtener respuesta.

Durante un año he pedido que se indemnizara a los afectados por las restricciones y cierres. Mi hijo ha tenido que asistir a clase con temperaturas bajo cero con las ventanas abiertas. En mi casa hemos pasado el invierno sin poder conectar la calefacción.

He reclamado a ciudadanos de a pie y a las autoridades la responsabilidad y cumplimiento de las normas que ellos me exigían a mí, y se han reído en mi cara. He sido atendido negligentemente por la sanidad pública. He recibido un trato poco educado y muy negligente por parte de algunos empleados de la administración. He visto vulnerados mis derechos por quienes se supone que deben defenderlos.

Y ahora, cuando soy testigo de la irresponsabilidad, me pregunto de qué ha servido todo el dolor, el sufrimiento, la desgracia, la ruina, las vidas perdidas.

Recuerdo una frase que he escuchado muchas veces, “La libertad individual empieza cuando termina la de los demás”. Supongo que quien la dijo, Jean Paul Sartre, no tenía ni idea de lo que decía.

Vivo en una sociedad en la que impera el incivismo y la tiranía de la voluntad personal.
Convivo con personas a las que les trae sin cuidado lo que le ocurra a su vecino de rellano porque cada mes recibe íntegro el pago de su salario. Qué pena de Gobierno. Qué pena de sociedad.

Luis Bully

A los catorce años sembré unas alubias, cuando las vi germinar y convertirse en unas hermosas plantas quedé maravillado y decidí ser agricultor, y eso soy, agricultor y ganadero. En el camino fui algunas otras cosas, pero no tuvieron gran importancia. y, por ello, pretendo dar a conocer las realidades de quienes habitamos un mundo condenado a la desaparición si quienes suelen dirigir nuestros destinos terrenales no cambian su forma de entender lo que es el mundo rural y las necesidades de quienes vivimos en él.

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