Monologo sobre la Agencia Espacial Española y la máquina de ideas de Redondo y Cia. Por Luis Bully

Monologo sobre la Agencia Espacial Española. Ilustración de Tano y Tita
Monologo sobre la Agencia Espacial Española. Ilustración de Tano y Tita

“Lo que me ha traído a escribir este monólogo es la gran idea que ha vomitado la máquina de ideas de Moncloa bajo patente de Redondo y cía, la Agencia Espacial Española”

Hay un dicho muy español, “para mear y no echar gota”, que se va utilizando día a día con mayor asiduidad en mi entorno.

Cuando se realiza una inversión se suele hacer pensando en el retorno, en el beneficio,  que dicha inversión nos reportará. Si la inversión se lleva a cabo por el Estado, se espera un beneficio social además de un posible beneficio económico. Porque gastar por gastar cuando los dineros proceden de los impuestos que los ciudadanos pagan, como que no.

Evidentemente tenemos pruebas de que esto no es así, pues frecuentemente y por desgracia vemos cómo nuestros gobernantes despilfarran ingentes cantidades de dinero, las regalan y las invierten en acciones poco lucrativas o beneficiosas.

Siempre he estado en contra de las reestructuraciones y reconversiones a las bravas, por imperativo. Siempre he considerado que antes de acabar con una actividad habría que llevar tiempo desarrollando otra u otras que absorban la mano de obra que se queda sin empleo y que   soporte la economía de la zona afectada.

Pero yo no soy economista ni político, de ahí mi gran error de planteamiento, porque lo habitual es que cierren empresas y destruyan empleos, y abandonen a la gente a su suerte. Y por lo visto así es como debe de ser.

Otra de mis recurrentes y pertinaces equivocaciones, es el creer ciegamente que la empresa privada es el germen y motor de la economía, y que son los empresarios quienes crean trabajo y riqueza a partir de su esfuerzo y en base a los riesgos que están dispuestos a correr.

Evidentemente a día de hoy, todos sabemos que es el Gobierno quien crea empleo y riqueza a base de asfixiar a los empresarios privados con impuestos, normativas e intervenciones. Media España vive a remolque de otra media. Hay trabajos productivos y otros que no lo son pero son necesarios e imprescindibles. También los hay prescindibles, innecesarios e improductivos. Estos últimos son los más lucrativos y curiosamente los que menos esfuerzo precisan.

Nuestro país genera riqueza principalmente gracias a la industria turística-hostelera y a la industria agroalimentaria. Tenemos sol y de momento no se va a apagar y además nadie ha demostrado ser su propietario, por lo que es gratis. Gracias al sol y a las playas hasta hace un año venían millones de turistas y viajeros a vacacionar y holgar, dejando buenas cantidades de billetes que se repartían entre distintos ramos, construcción, textil, menaje, reparación, limpieza, lavandería, transporte, regalos y decoración…

Gracias al sol y a las infraestructuras hidráulicas de denostados pasados Gobiernos, producimos frutas y verduras de excelente calidad; carnes, lácteos y derivados extraordinarios; productos alimenticios sobresalientes. Productos que consumimos interiormente y que exportamos al exterior. Gracias a estos productos se genera empleo e inversión en diferentes ámbitos, fitosanitarios, industria mecánica y metalúrgica, envases, transporte, maquinaria industrial y utillaje, plásticos, abonos, semillas, hidrocarburos…

Además de las actividades mencionadas, hay otros sectores con gran peso en nuestra economía, por ejemplo, la fabricación de vehículos, farmacéutica y papelera. Desde hace años llevo escuchando a muchos expertos e inexpertos que es imperativo transformar nuestro sistema productivo y variar el peso del sector primario y del turismo hacia actividades de servicios e industriales. A la vez, llevo años viendo cómo excelentes empresarios y profesionales se van a otros países, y empresas se deslocalizan o cierran sus fábricas y plantas para pasar a fabricar o directamente importar de terceros países.

En mi absurdo pensamiento al respecto, no comprendo porqué se fomenta la desindustrialización y el desempleo bonificado, pero claro, no tengo el menor conocimiento del asunto. Ahora tenemos un Gobierno empeñado en marcar las directrices económicas, energéticas, culturales, educativas, políticas, y de vida de los próximos no ya cincuenta años, no, de los próximos cien años como poco.

En el último año, nuestras autoridades, han causado un destrozo económico tremendo, han propiciado el cierre de empresas pequeñas, la quiebra de miles de ellas, la destrucción de tejido productivo y de millones de empleos. Y en lugar de procurar la recuperación y mantenimiento de lo existente se han lanzado a impulsar las energías verdes, los vehículos eléctricos y la carne sintética. Si las nuevas industrias consiguen desarrollarse, estupendo, pero mientras van y vienen, la gente debería poder seguir viviendo, digo yo.

Pero lo que me ha traído a escribir este monólogo es la gran idea que ha vomitado la máquina de ideas de Moncloa bajo patente de Redondo y cía, la Agencia Espacial Española.
Mi desconocimiento sobre el tema es absoluto, es decir, no tengo ni la más remota idea de la materia aeroespacial y de los beneficios que se pueden obtener de ella. Comprendo que se pueden enviar al espacio satélites y cápsulas con contenidos varios, pero algo me dice que la competencia es grande.

Recuerdo que el Gobierno de los EEUU hace años abandonó la carrera espacial por el excesivo gasto y el poco reporte obtenido. Como mi forma de pensar se muestra contraria a la creación de empresas públicas y a favor de la creación de empresas privadas, no me parece oportuno emplear recursos en faraónicos proyectos que benefician a pocos y suponen incremento de impuestos para muchos. Estoy seguro de que alrededor de este asunto medrarán muchos primos y amiguetes, correrán litros y litros de excelentes caldos tintos y espumosos, volarán bandejas de langostinos y cigalas, así como aumentará la plantilla de choferes y cortesanos.

Tres cosas me resultan especialmente curiosas en esto de los vuelos espaciales, por un lado la coincidencia con el proyecto del Gobierno catalán, la AEC, Agencia Espacial Catalana, que creo recordar tiene o tenía una asignación presupuestaria de 2,5 millones de euros y prevé o preveía una inversión de 18 millones de euros. En segundo lugar, la contaminación ambiental que producen los cohetes, que por si no lo saben funcionan con unos cuantos litros de combustible producido a partir del petróleo. Y en tercero, la posibilidad de que se pretenda desviar parte de los esperados fondos europeos hacia este proyecto tan innovador y sostenible.

No sé si son conscientes de lo que algunos pequeños empresarios podrían hacer con esos millones de euros, pero claro, entonces pocos amiguitos de alguien se llenarían los bolsillos. Últimamente muchas cosas me resultan llamativas, séquitos presidenciales multitudinarios, vuelos oficiales y particulares, gastos varios de representación, discursos y másteres universitarios, generosos obsequios a asaltantes de fronteras, magnánimas decisiones y perdones, proyectos y palabras…

También que se pretenda la pérdida de la excelencia educativa y profesional cuando proyectos como los energéticos y el mismo aeroespacial precisan de personal altamente cualificado.

Y curioso me resulta que se considere sostenible el uso de la leña, de la llamada biomasa, como combustible y que no se considere sostenible a una vaca que en lugar de quemar vegetales, biomasa, los digiere, pero los aprovecha igualmente. O que un ministro hable de huevos cuando estoy seguro de que no sabe lo que come, bebe y caga una gallina. O que compremos energía eléctrica procedente de centrales nucleares que se encuentran a unos pocos miles de kilómetros de nosotros cuando no se quieren centrales nucleares aquí. Y el carbón, y la pesca, y los transgénicos importados, y tantas otras cosas.

Sostenibilidad, ecológica y resiliencia, una apasionante nueva normalidad por descubrir. Lo de la digitalización ya sabemos de qué va, de usar el dedo índice para señalar la butaca donde se sentarán los cuñados.

Y aquí es donde viene la frase inicial, para mear y no echar gota.

Luis Bully

A los catorce años sembré unas alubias, cuando las vi germinar y convertirse en unas hermosas plantas quedé maravillado y decidí ser agricultor, y eso soy, agricultor y ganadero. En el camino fui algunas otras cosas, pero no tuvieron gran importancia. y, por ello, pretendo dar a conocer las realidades de quienes habitamos un mundo condenado a la desaparición si quienes suelen dirigir nuestros destinos terrenales no cambian su forma de entender lo que es el mundo rural y las necesidades de quienes vivimos en él.

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