Mi amigo comunista y yo. Por Luis Bully

Mi amigo comunista y yo. Ilustración de Tano
Mi amigo comunista y yo. Ilustración de Tano

 

“Mi amigo comunista y yo cada vez nos vemos menos, y es una pena, pero si nos viésemos más acabaríamos perdiendo la amistad, y ni él ni yo queremos que eso suceda”

Tengo un amigo que es comunista. Tal vez a lo mejor debería decir que tiene ideas comunistas o que defiende algunas ideas comunistas y proclama algunos de sus dictados. No sé.

Es un buen tipo. Es funcionario, pero funcionario de los cumplidores y de los que se preocupan de servir al interés público y ayudar al ciudadano que acude a su mostrador.

Es comunista por herencia y por convicción. La ideología se te puede allegar como si de un cuñado se tratase, la puedes alcanzar cual estado de gracia, puede meterse en tu cuerpo de la misma forma que lo hace una tenia o solitaria… Hay un amplio abanico de posibilidades. En su caso la recibió como herencia de su padre, de su abuelo y probablemente de algún antepasado más. Pero también la adquirió por convicción, porque quien ve como la mina le arrebata la salud y la vida a los suyos no puede hacer otra cosa que revolverse contra todo aquello que le recuerda que las vidas tienen un precio.

En Polonia, los mineros del sindicato Solidaridad aborrecían al comunismo por esa misma convicción, porque allí era el comunismo quien pagaba el sueldo y quien te mandaba al sanatorio a curarte de la silicosis. Eso me contaron. Curioso.

La otra tarde vino a verme. No vino por asuntos políticos y sí por gastronómicos. Vino a por algo y sin ninguna obligación me trajo algo. Una cecina de vaca que me ha durado menos de dos ratos, chorizo picante y ahumado, y morcilla. Lo de las morcillas es como la variedad de colores y tonos de una carta de tintes, hay para todos los gustos y preferencias. Esta que trajo y que por desgracia ya voló, cual pájaro enjaulado ansioso de libertad, pues cuando el aceite caliente rasgó la tripa se desparramó en la sartén pidiendo a gritos iniciar el viaje a mi interior abdominal, era semicurada y picante, una delicia. Del abdomen pasó al torrente sanguíneo y estoy seguro de que a través de él se fue depositando en todos los lugares donde puede causar algún daño, y eso que la morcilla no tiene ideología, no es comunista.

Estuvimos conversando sobre las cosas, el mal que nos asola, la economía, la incapacidad. Dice que cuando habla conmigo se deprime, que le quito las ganas de respirar. También dice cosas que me hieren profundamente, certeras estocadas que atravesando el espacio intercostal del lado izquierdo de mi pecho buscan mi corazón.

Considera que la administración no puede dejar de abonar ni un solo céntimo del salario de los funcionarios y empleados públicos, ni el de los jubilados, aún a costa de exprimir hasta lo inverosímil y arruinar a quienes trabajan en el sector privado, pues los primeros se han ganado su derecho a ello. Los otros, la gente como yo, no tenemos derecho a nada. Ni tan siquiera a una indemnización o compensación por haber visto tu actividad laboral paralizada o cerrada por mandato gubernamental. Aunque lo diga la Constitución.

Resulta ridículo mencionar la Constitución cuando nadie cumple lo que en ella se dice, y más cuando quienes se la saltan, retuercen y vulneran son de la ideología de mi amigo. Es que no se puede ser inamovible, va contra el progreso y el bienestar de la sociedad.

Yo a él le causaré depresión, pero él a mí me causa verdadera zozobra espiritual. Cada vez nos vemos menos, y es una pena, pero si nos viésemos más acabaríamos perdiendo la amistad, y ni él ni yo queremos que eso suceda.

Luis Bully

A los catorce años sembré unas alubias, cuando las vi germinar y convertirse en unas hermosas plantas quedé maravillado y decidí ser agricultor, y eso soy, agricultor y ganadero. En el camino fui algunas otras cosas, pero no tuvieron gran importancia. y, por ello, pretendo dar a conocer las realidades de quienes habitamos un mundo condenado a la desaparición si quienes suelen dirigir nuestros destinos terrenales no cambian su forma de entender lo que es el mundo rural y las necesidades de quienes vivimos en él.

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