«Este IaioQuePiensa repasa la tragicomedia diaria que representan sus señorías en el Congreso, un escenario donde el guion es de farsa y el aplauso se compra con subvenciones».
El gran teatro del absurdo político. Por Antonio Ibarra

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«Este IaioQuePiensa repasa la tragicomedia diaria que representan sus señorías en el Congreso, un escenario donde el guion es de farsa y el aplauso se compra con subvenciones».

«En este impactante video analizamos cómo la Constitución de 1978 ha sido deformada por decisiones políticas que han puesto en jaque nuestra democracia».

«No consentiremos que los aventureros de políticas fracasadas en el resto del mundo y de la historia, puedan llevar a España de nuevo a la debacle y a la discordia».

«No podemos ocultar hoy un sentimiento de preocupación e incluso de temor ante los vientos revolucionarios que amenazan desmantelar el orden constitucional».

«Con Sánchez la democracia está muerta o a punto de sucumbir bajo las laxas convicciones de un pueblo que no merece tal denominación».

«En la izquierda extrema española existen grandes trileros. Todos ellos grandes artistas al servicio del más grande de todos ellos».

«Habrá problemas de orden público durante meses e incluso años, pero Cataluña seguirá en el Régimen Común y espero que los socialistas con dos dedos de frente lo perciban».

El amado líder se sitúa en el vértice supremo de la estructura piramidal de la secta, lo más cercano a la divinidad.

«La futura derecha que coja el testigo deberá exigir respeto a las leyes, tradiciones y símbolos, que siéndolos de todos, serán exigibles a cualquiera que viva en España».

Estar informado es un derecho y un deber fundamental si queremos sostener el sistema democrático. La información es poder. No lo olviden.

Los progres ya tienen su Caballo de Troya en la Constitución. Y el PP ha votado a favor…

Parecemos un país de eso, de puentes sobre aguas turbulentas de Simon y Garfunkel, las lógicas corrientes de los ríos embravecidos.

El lenguaje es manipulado por aquellos que ostentan el poder con el fin de controlar a los demás y mantenerse en esa posición el mayor tiempo posible.

Hoy, 45 años después, asistimos no con estupefacción y sí con resignación a la disolución de los principios básicos de nuestra Constitución.