De la historia del Servicio de Extensión Agraria al «no se podía saber» de nuestros políticos. Por Gusarapo

De la historia del Servicio de Extensión Agraria
De la historia del Servicio de Extensión Agraria al «no se podía saber» de nuestros políticos. Imagen de todocoleccion.net

«El Servicio de Extensión Agraria y el Plan de Concentración Parcelaria, permitieron que la agricultura y ganadería españolas se adaptasen a los tiempos modernos»

En el año 1955 se creó dentro del Ministerio de Agricultura el Servicio de Extensión Agraria con el objetivo de incrementar la producción agraria para elevar el nivel de renta de los agricultores y ganaderos a través de la percepción de sus componentes como un agricultor más a fin de lograr que los agricultores cambiaran técnicas y costumbres.

Los técnicos y agentes recibían una formación específica en algunas Escuelas de Capacitación Agraria, como por ejemplo en la de la Santa Espina de Valladolid y luego se trasladaban a las diferentes comarcas donde debían realizar su labor. La formación profesional la habían adquirido en las Escuelas de Capacitación y de Ingeniería.

Permanecían en sus puestos durante bastante tiempo para conseguir la confianza de los productores.

Aprovechando el excelente trabajo de estos profesionales y de Los Agentes de Zona e Inspectores, el Ministerio estableció los Servicios Centrales y Periféricos. Ejemplo a seguir por ministerios de otros países.

En 1991 se desarticuló y su labor, que debería haber sido continuada por las Consejerías de Agricultura de las CCAA se alteró y transformó, perdiendo eficacia e interés. Otro gran logro del sistema autonómico.

Alguno me dirá que ya no era necesario, yo opino lo contrario.

En mi región se publicaron las llamadas Hojas Divulgadoras, de gran interés y utilidad, pero se perdió la presencia de los técnicos.

El Servicio de Extensión Agraria y el Plan de Concentración Parcelaria, permitieron que la agricultura y ganadería españolas se adaptasen a los tiempos modernos e incrementar las producciones reduciendo costes y trabajo. Pasamos a ser modernos y eficientes.

He tenido la gran suerte de conocer a empleados públicos que formaron parte del SEA y todos ellos demostraron gran profesionalidad y empatía hacia los agricultores. Difundían la mecanización, la roturación de campos improductivos, la aplicación de fitosanitarios, la introducción de variedades más productivas o más resistentes a enfermedades o estrés hídrico, la importancia de la selección y la genética…

Mucho de lo que hoy conocemos se lo debemos a ellos. Algunas de sus enseñanzas hoy se consideran pecado capital.

Hoy, con el cambio de las políticas agrarias, se han variado técnicas y productos a aplicar. Tecnología y Ciencia han realizado avances y descubrimientos que han cambiado concepción, percepción y conocimiento. Cosas que antes eran buenas ahora son malas. Productos y materias activas que se autorizaron, difundieron y aconsejaron por las autoridades ahora están siendo prohibidas por nocivas, peligrosas y dañinas.

Recuerdo a un excelente profesor de una Escuela de Ingeniería Técnica, Ingeniero Agrónomo de gran prestigio, no hace demasiados años, alabar  el uso del Glifosato, herbicida total que ahora se considera cancerígeno y muy peligroso para la vida no sólo de las plantas si no también de especies animales, por parte de distintos profesionales y grupos. Y de los nicotinoides, insecticidas ya prohibidos en la UE por dañar seriamente las poblaciones de insectos polinizadores y beneficiosos.

Los avances son eso, avances, progreso, y permiten evolucionar y cambiar, pero no siempre es para mejor. A veces pueden perjudicar.

Y eso mismo se puede aplicar a cualquier ámbito. Las autoridades determinan autorizaciones y usos que hoy se consideran útiles y beneficiosas pero que con el paso del tiempo pueden considerarse nefastas.

Un ejemplo muy distante de lo que les he contado podrían ser las prejubilaciones que durante muchos años muchos trabajadores en edades relativamente jóvenes tuvieron la suerte de disfrutar.

Otro ejemplo, la autorización de uso de sustancias refrigerantes, o la licencia de actividad de una mina, de una fábrica, de un producto, de un vehículo.

Se cambian normas y leyes a tenor de investigaciones y descubrimientos, pero también de criterios personales e intereses particulares.

Lo más curioso de todo es que los políticos nunca tienen la culpa de los daños o males derivados de la aplicación de sus normas, reformas o autorizaciones, suelen escudarse en el tan cacareado «no se podía saber». Eso sí, ya se encargan ellos de culpabilizar al ciudadano y de exigirle que pague por esa culpa.

En el caso de los agricultores, las autoridades nos presentan ante la sociedad como generadores de contaminación y agresores ambientales, enemigos de la naturaleza y precursores del cambio climático.

En el caso de los trabajadores en general, nos culpan de no trabajar lo suficiente, pagar menos cotizaciones de lo que deberíamos, e incluso de haber nacido en un año concreto.

De las políticas laborales, de la implantación de un sistema piramidal de Seguridad Social, de la no reforma de ese sistema, de la autorización de uso de fitosanitarios o explotaciones mineras, de las políticas migratorias y demográficas, de los acuerdos comerciales con terceros países, de la recomendación de uso del gasóleo… Y tantas otras cosas, «no se podía saber». Y encima nos callamos y les dejamos hacer.

Saquen sus conclusiones, yo hace tiempo que saqué las mías, el timo del tocomocho. Y se van de rositas.

Gusarapo

Gusarapo

Soy más de campo que las amapolas, y como pueden ver por mi fotografía, también soy rojo como ellas. Vivo en, por, para, dentro y del campo. Ayudo a satisfacer las necesidades alimenticias de la gente. Soy lo que ahora llaman un enemigo del planeta Tierra. Soy un loco de la naturaleza y de la vida.

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