Por mucho que pasen los años, se echa de menos a los serenos. Por Rodolfo Arévalo

Por mucho que pasen los años, se echa de menos a los serenos.

«No vendría nada mal que algún partido político incluyera entre sus propuestas electorales la puesta en marcha de los antiguos serenos»

Hay cosas que, por mucho que pasen los años, se echan de menos y más si pertenecen a la época en la que éramos niños. Hoy en día, por las noches a altas horas de la madrugada, el desamparo al que puede uno verse sometido en ciudades como Madrid es grande. Generalmente todo va perfectamente y reina una calma digna de Mar Menor, lo digo por lo del poco oleaje y porque no es oro todo lo que reluce y la noche puede llegar a apestar al viandante rezagado. Esto en el mejor de los casos, y si descontamos que a una mujer la puedan violar, generalmente manadas de extranjeros, aunque esté mal decirlo. Vaya esa posibilidad está muy por encima de lo que puedan hacer las manadas de borrachos y sinvergüenzas autóctonos, que con el tiempo se han ido haciendo mucho menos frecuentes, aunque alguna pueda quedar.

En el borroso desatino mental producido por las drogas o el alcohol, pueden darse algunos casos, digamos nacionales aunque más bien escasos, se conoce que la evolución cultural y de espíritu que ha hecho mella en nosotros como sociedad educada en cierto sentido, aunque aún deje mucho que desear en cuanto a preparación cultural y de conocimientos nos aleja de la selva y la edad media.

Pero no teman, esa desesperación y angustiada de alguna mujer o de algún varón, machacado a golpes y despojado de sus peculio, no son en absoluto cosas del pasado. Es más se renuevan cada día más con la inmigración de personas que pertenecen a otras sociedades y civilizaciones que tienen otro nivel de agresividad, porque aún no han podido alejarse de comportamientos ya olvidados por aquí.

Las peleas de bandas, en guerra de masas desatadas de jóvenes es cada día más normal, lo de los barrios chabolistas de latino américa con sus maras empieza a no sernos ajeno por estos lares. Y por si fuera poco los individuos que inmigran desde el continente africano, dada sus costumbres más primitivas y desde luego no democráticas, por mucho que algunos se empeñen en que la democracia es exportable, completan el escenario de violencia que puede llegar a rodearnos un día cualquiera. Esto ocurre y da igual el número de policías que puedan patrullar por la ciudad durante la noche. Son pocos, tendrían que ser muchos más o tener de aliados a lo que podría ser un servicio recuperado, el del Sereno, persona que como un policía de barrio conoce a todo semoviente de su barrio y podrían actuar como desincentivadores del delito, eso si teniendo comunicación directa con la policía nocturna cercana al barrio.

La cantidad de puestos de trabajo que se generarían en ciudades como Madrid o Barcelona sería grande. Mira que me extraña que todavía ningún político se haya apoderado de la idea para sus propuestas electorales. Quizás muchos no sepan qué era un sereno. Los serenos eran unos individuos que se encargaban de abrir las puertas grandes del portal a los vecinos, dado el tamaño de las llaves de aquellos días y de las puertas vetustas.

Imagen de uno de los serenos de Gijón, donde una empresa privada presta el servicio

«En la actualidad y dado es desenfreno de algunos individuos un tanto alterados psíquicamente, no estaría mal la  vuelta de los serenos»

Hace tan solo cincuenta años en el centro de Madrid, abrían los portales por las noches a los rezagados que llegaban a casa después de que sus porteros hubiesen trancado las puertas. Oír la voz sereno y escuchar la respuesta ya va era todo uno. Inmediatamente el ruido rítmico de un bastón, con punta metálica para defenderse, sonaba contra el empedrado o el asfalto y al poco podías ver a aquel individuo, vestido de gris y capa a juego que, como un San Pedro cualquiera, acudía a abrirte el portal de tu casa, tu cielo particular, sobre todo si la noche era desapacible. La gente solía darle propina, por su labor de portero de barrio, pero hacía años que la función principal, por la que además recibía el nombre, ya no la ejercían.

Antes, hace mucho tiempo solían dar la información sobre el tiempo, de ahí el nombre Sereno, decían: “las tres y sereno” o “las cinco y lloviendo, las siete y amaneciendo” y así según el tiempo atmosférico. Yo los recordaba de los años sesenta cerca de la casa de mis abuelos en la calle de San Marcos, concretamente en el treinta y dos, pero según fueron pasando los años, aquellos amables funcionarios, creo que de los ayuntamientos, fueron desapareciendo paulatinamente, los portales fueron teniendo puertas más manejables con llavines mucho más livianos, que cada cual podía manejar. Las grandes puertas de madera dieron paso a puertas más pequeñas muchas de ellas incluso de aluminio y, a las que permanecían con su faz original, también les cambiaron las cerraduras.

Para mi fue un disgusto que aquellos señores desaparecieran, porque siempre los asocié con la niñez, con pasar temporadas en casa de mis abuelos y cosas por el estilo. Además en la actualidad y dado es desenfreno de algunos individuos un tanto alterados psíquicamente, no estaría mal su vuelta, aunque quizás hoy en día en parejas, porque el mundo es mucho más peligroso y violento.

Pero qué le vamos a hacer los tiempos cambian y los empleos también. Hoy por el contrario, la noche suele ser refugio de maleantes, violadores, drogadictos, gentes de mal vivir y traficantes de todo tipo de sustancias ilegales y aunque las unidades de policía nacional y municipal, actúan, no dejan de ser escasas, ante el número de forajidos que campan a sus anchas a partir de las dos, las tres o las cuatro de la mañana.

Estas son las razones por las que, aquellos funcionarios y más si pudieran resultar un complemento a la vigilancia policial. Aunque es cierto que es más poético y tierno el recuerdo de aquello que pertenece a la época en la que éramos niños. Aún así, insisto, no vendría nada mal que algún partido político lo incluyera entre sus propuestas. Hoy en día, por las noches a altas horas de la madrugada, el desamparo al que puede uno verse sometido en ciudades como Madrid es grande y a veces desesperante.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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