El juego de la tortuga y el gallo. Por Vicky Bautista Vidal

El juego de la tortuga y el gallo

«Cada uno elija con quien se siente más afín: con el gallo valiente y altanero o con el quelonio agazapado bajo su concha»

 
Tomar distancia para observar desde fuera nuestro convulso presente es una decisión. El riesgo consiste en enloquecer, con mayor intensidad según el alcance del espectáculo.
 
Ganar la prueba, significa emerger glorioso, como Atenea de la cabeza de Zeus: Impoluto; tan libre y limpio como un recién nacido, pero con las armas necesarias para resistir después de haber sido consciente de la negritud. Es unirse al canto del gallo atento que anuncia cada día el nuevo amanecer sin tener en cuenta otra cosa que saludar al día y avisar a todo el mundo de que llega la luz, habiendo superado el límite y el peligro de quedarse para siempre bajo el caparazón y arrastrarse lentamente como el quelonio, hacia cualquier parte, sin haber participado de lo mejor.
 
Porque si alguna ley definitiva hubiera para el viviente, esta, consistiría en hacer lo que sepas y entregar a la vida lo más valioso de ti mientras la disfrutes o la padezcas.
 
En el presente, para muchos, la tentación de dejarlo todo y esconderse bajo la coraza es enorme. Especialmente para los testigos que tienen la inclinación de contar, de “avisar” de alguna manera al resto de la humanidad.
 
Los sinceros pregoneros de la actualidad queman sus alas ante la desidia de la mayoría y la difícil superación de la invasión de inútiles, proscritos y vendidos cuyo fin es manipular la verdad que aquellos intentan mostrar. Ante el pertinaz asedio, van perdiendo fuelle y es fuerte la tentación de darse la vuelta pensando que nada sirve, ocultándose bajo el cascarón de la impotencia y dejando de evolucionar por cansancio.
 
El colectivo tortuga alcanza también a otros individuos no escribidores, no trovadores, no pregoneros: Tan solo, desafortunados espectadores del desorden vital de su entorno.
 
Tirar la toalla es la tentación más extendida. El peligroso deporte que todos ejecutamos alguna vez de forma intermitente o definitiva no enriquece a sus jugadores, como el fútbol, sino que los oculta bajo su nuevo caparazón de tortuga, al abrigo del movimiento del entorno.
 
Cada uno elija con quien se siente más afín: con el gallo valiente y altanero que infla el pecho para cantar con todas sus fuerzas anunciando la llegada inminente de un nuevo día o con el reptil agazapado bajo su concha al abrigo de la vida, caliente en la oscuridad del no hacer nada.
 
¡Ki,ki,ri,ki!

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales.
Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida.
Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común.
Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden.
La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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