
«¿Y cómo se pueden independizar España y los españoles de terroristas independentistas y demás apátridas como ustedes?»
Nos aterrorizamos, no sin razón,
ante casos como el de ahora en Nicaragua,
en donde un septuagenario cabrón,
con un ochenta por ciento de abstención,
triunfó en unas elecciones amañadas.
Pero cuidado; aprendamos bien la lección:
en cuanto uno se descuida y cede a la tentación,
siempre hay quien aprovecha la ocasión
para sojuzgar a la ciudadanía con su alma tirana
-lo de ‘alma’, claro, es magnanimidad que me permito,
muy al estilo del narciso Sánchez Pérez-Castejón-.
La democracia y la libertad no se regalan:
hay que reafirmarlas, con fe, denuedo y tesón,
desde el alba… hasta caerse uno rendido en la cama,
a fin de que no nos las vengan a birlar los sátrapas,
o cualquier hijoputa enemigo del pueblo y de la nación.

