La inviolabilidad de sus señorías. Por Francisco Gómez Valencia

Momento de la estampida (foto de El Mundo)

«A lo máximo que pueden arriesgarse sus señorías por las lindezas que vierten en el estrado o desde su escaño es a ser expulsados del ágora»

Cualquier señoría independientemente del ámbito político-administrativo en el que chapotee, tiene derecho en aras de la libertad -a secas- a decir lo que le de la gana. Su posición como representante público le sirve de escudo para que si hace declaraciones como representante de la institución, las ofensas que profiera queden exentas de responsabilidad.

De hecho a lo máximo que pueden arriesgarse sus señorías por las lindezas que vierten en el estrado o desde su escaño es a ser expulsados del ágora en el que hayan soltado la bilis, o como mucho a tener que soportar el correspondiente burreo de la concurrencia y a la turba de signo contrario. Que se llevan a cabo improperios sin pruebas; no importa, con retractarse o simplemente reconocer la falta de las mismas, todo solucionado y olvidado, tanto por los asamblearios de diferente signo, como por parte de la opinión pública la cual no da abasto para criticar y sonrojarse por la indigna actitud parlamentaria.

Si quien lanza los improperios además es de la izquierda y mujer para más INRI, además se verá apoyada moralmente por su grupo y alguno más -bajo sus atrofiados criterios-, para solicitar la dimisión del presidente de turno de la asamblea que sea, en virtud del agravio ocasionado hacia el político que ofende transformando la realidad en todo lo contrario. “El ofensor ofendido”, vendría a ser el nuevo tipo de maleducado con cargo político que se siente con el derecho que se le presupone por la legitimidad que tiene su partido al haberlo incluido en el selecto grupo de formantes de la lista de elegidos por la gracia del jefe o comisario político de turno; que no de los afiliados, mucho menos de los simpatizantes y de ninguna manera por los votantes, que en la mayoría de los casos no conoce ni su triste ni mediocre existencia.

Esta semana en la asamblea de la Comunidad de Madrid, una diputada socialista soltó una serie de afirmaciones sobre el hermano de la presidenta Ayuso así por las bravas, con la intención de calentar el debate más que por otra cosa, teniendo en cuenta lo poco que las izquierdas pueden aportar a día de hoy en Madrid por el signo del Gobierno y las desgracias y acosos a los que los madrileños nos hemos visto sometidos desde la pandemia injustificadamente. El “affaire” terminó “como el rosario de la aurora” ya que la presidenta de la asamblea acabó expulsando de la sala a la díscola diputada.

«¿O sea, que un político es libre de imputar hechos sobre cualquiera sin pruebas y sin que ello implique consecuencia alguna?»

Con las mismas abandonaron el pleno todos los partidos políticos excepto el que gobierna, es decir el Partido Popular, lo cual no deja de ser además de un espectáculo bochornoso un gesto cada vez más habitualmente detestable por parte de la casta política, puesto que con ello niegan a la parte de la sociedad a la que no representan irrespetuosamente. Todos abandonaron la sala en virtud de la supuesta coacción sufrida desde la presidencia, la cual con su decisión dicen que coartaron su libertad de expresión ¿O sea, que un político es libre de imputar hechos sobre cualquiera sin pruebas y sin que ello implique consecuencia alguna? Pues para la casta política parece que sí. Es más hasta para estupor de la concurrencia también abandonaron el pleno los diputados de VOX los cuales también defendieron que el posicionamiento de la presidenta de la asamblea había sido discrecional y por lo tanto se había excedido al expulsar a la diputada socialista cercenando su libertad de expresión. Dicho lo cual; VOX está defendiendo que verter acusaciones sin pruebas en un pleno por el hecho de tener la condición de representante público, deja exento al susodicho de responsabilidades.

VOX con el acto de abandonar el pleno por este motivo y con la explicación que dio uno de los representantes (ex del PP para más señas) demuestra que tienen un sentido muy equivocado de lo que significa el concepto de LIBERTAD en sí mismo, si le otorga a un diputado y por lo tanto representante público, dicho privilegio. Es más, la propia Rocío Monasterio, alardeó por las redes sociales de haber sido la primera en levantarse para ausentarse de la sala por haberse sentido ofendida según sus propias palabras, por el tratamiento de la presidenta de la sala poniendo coto a la libertad de expresión, anteponiendo esta, al honor del acusado sin estar presente en la sala para defenderse y de condición, hermano de la señorita Ayuso.

Qué lastimoso comportamiento por parte de las izquierdas al que ya estamos acostumbrados. De hecho se asemeja al mismo que en el parlamento de Cataluña los secesionistas propinaron al portavoz del grupo parlamentario VOX, Ignacio Garriga cuando se dispuso a leer su primer discurso en la cámara catalana. Para colmo es del mismo tipo que los de Esquerra propiciaron al PSOE cuando el famoso escupitajo a Borrell o idéntico al llevado a cabo por los de Abascal cuando se marcharon del pleno del Congreso al margen de las absurdeces vomitadas por BILDU ¿Y el PP? Pues también lo ha hecho ¿Qué se pensaban que se iban a ir de rositas? Recuerden…, cuando lo del “Prestige”…

Por todo esto se puede afirmar y así lo hago que: los extremos abandonan las instituciones cuando se sienten agraviados según les interese. Los extremos practican este bochornoso comportamiento contra todos bastante a menudo como vía de escape y solo para crispar y activar a su electorado. Los extremos usan esta técnica como muestra de su identidad sectaria, faltando el respeto a los otros parlamentarios, a sus propios votantes y simpatizantes, y desde luego al total de la ciudadanía. Pero cuando quien lo hace no forma parte de los extremos, lo lleva a cabo por falta de argumentos lo cual también clama al cielo y les debe penalizar como así suele suceder.

Conclusión: entre filibusteros de toda condición anda el juego y se creen avalados por ostentar cargos públicos para de esta manera reclamar su impunidad como un derecho. Luchan contra la casta aunque todos lo son. Urge legislar para que se jodan y no puedan dejar los plenos sin recibir una sanción muy grave por abandonar su puesto de trabajo injustificadamente

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

Artículos recomendados

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: