Demasiada paranoia para mí gusto… Por Francisco Gómez Valencia

El miedo es libre y por lo tanto nos hace más dependientes todavía de lo que ya lo somos.

Demasiada paranoia para mí gusto. El caso es andar zascandileando ahora que están las Navidades a tiro de piedra para intranquilizar al personal

Andan por Europa muy revueltos con el tema de los confinamientos y el señalamiento de los no vacunados para justificar que los que sí lo están, contagian menos. Por lo excesivo de las medidas bajo mi punto de vista teniendo en cuenta el índice de mortalidad parece más bien que lo que se pretende tapar es que verdaderamente, quizás lo soportado el año pasado fue simplemente una pasada puesto que se están padeciendo los índices de contagio más importantes desde que se inventó el covid y desde China se exportó a Europa. Y cuentan las teles y los expertos que en nuestro país los vacunados que están en las UCIS son muy mayores y que por lo tanto si no fuera por el omnipresente covid, estarían ingresados por otra cosa pero de paso hacen hincapié, en que la culpa de todo es de los cuatro millones de españoles que por lo que sea no están vacunados bien porque no han podido o porque sencillamente no les ha dado la gana, ya que están en su derecho si no les parece bien.

Sea como fuere el caso es andar zascandileando ahora que están las Navidades a tiro de piedra para intranquilizar al personal con lo del pasaporte covid, las restricciones en los sitios cerrados afectando directamente a la hostelería y los servicios en general. Sin embargo cuando uno se pone a bucear por las redes buscando información en revistas especializadas de todo tipo, a veces te quedas helado teniendo en cuenta la poca solvencia de los denominados expertos y de otras personalidades que se suben al carro de la opinión sin saber ni un carajo de pandemias o gaitas similares.

A estas alturas que me vengan con rollos como el de una ciberpandemia en puertas, me toca los mismísimos porque significa que, o me he hecho de repente muy viejo o es que “Blade Runner” me sigue pareciendo “la órdiga” –como suele decir mi cuñado Siso–.

Leyendo un artículo de esos que tengo almacenados desde hace tiempo para cuando no hay “chicha”, un tipo que dice ser el fundador del Foro Económico Mundial no tiene otra cosa mejor que hacer que ponerse en plan Nostradamus avisando a la humanidad sobre lo que va a pasar… La pandemia –asegura el susodicho–, será como un “pedete de monja” de esos que se escapan “sin queriendo”, en comparación con lo que está por llegar. O sea que la ciberpandemia será como esos que huelen horriblemente muy mal y a la vez son indetectables al salir por alguna vía oculta, oscura y con silenciador extrafino, y aunque siempre suele ser el mismo es decir, el que no puede contener la risa, la culpabilidad se demuestra porque se le tuerce un poco la boca y al del Foro Económico ese, o como se llame, se le tuerce…

Lo conspiranoico supongo que vende aunque también aburre y a mi cada vez más, quizás porque se está más tranquilo chapoteando en la ignorancia pero reconozcamos que tiene sus acólitos, aunque uno, que a veces no da más de sí porque se acuesta muy tarde, se pregunta… ¿pero cuantos años tiene el “jodido” George Soros, 120?, o ¿acaso va a tener razón Bill Gates cuando ha dicho no hace demasiado que la pandemia terminará a mediados del 2023?

Entonces intento dormir unas pocas horas aunque antes elimino de la lista de autores pendientes de leer al “pollito” que ha escrito semejante artículo para que yo, que me lo merezco por ser de la misma cofradía –pero solo un poco–, esté haciéndome estas preguntas, y lo que es peor, escribiéndolas para que no se me olvide la idea para después trasladárselas a ustedes, mis queridos lectores.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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