
«Legislan para prohibir, humillar, denigrar, jorobar al personal, repartir dineros entre los suyos y desviar la atención de lo importante»
No me gusta utilizar palabras gruesas, malsonantes. Los «tacos«, vaya. Pero sólo cuando escribo, por mantener y cuidar esa imagen que algunos tienen de mí de persona seria y correcta, nada más alejado de la realidad, porque cuando se trata de la vida pura y dura, de la de andar por el campo con el ganado, con las ovejas y las cabras, sobre todo con las cabras, las cosas son muy diferentes. No dejo de llamar a esos pobres animalitos de Dios, hijas de señoras de moral distraída. Creo que pueden hacerse una idea sin necesidad de afinar más la elección del castellano vocablo. Digo castellano por haber sido muy utilizado en aquestas tierras que un día fueron un gran foco de conocimiento y encuentro de mentes preclaras amén de enorme lupanar, pero que ahora es un triste desierto de almas que languidecen. De aquellos tiempos de juergas y vicio desenfrenado mantenemos el recuerdo a través del hornazo y el Lunes de Agua.
Según el Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico de Joan Corominas, el origen de la palabra sería la latina putto, muchacho, y por afinidad a la alegría de la juventud, prostituto.
El señor Corominas, D. Joan, barcelonés, fue un gran filólogo, lexicógrafo y etimólogo español., que trabajó sobre el castellano, el catalán y el occitano. Ahora, quienes allí gobiernan, se han convertido en destructores de los nexos comunes y en fervientes extirpadores del habla y del pensamiento en castellano, pero ese es otro cantar del que hoy no voy a hablar, aunque sí voy a incluir a esa casta desgraciada en mi comentario.
Que nos gobiernan muchos hijos de puta es notorio e indiscutible. Porque es lo que son, unos desalmados, indecentes, degenerados, hijos de puta, pues no se puede llamar de otra forma a quien no defiende ni los derechos ni la propia integridad de quien es atacado y vilipendiado, pero sí se alinea con quien incumple la ley y delinque. Que además son gilipollas, creo que también es evidente, pues ¿Quién si no un gilipollas dice gilipolleces?
Para que no haya dudas, según leo en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, española, gilipollez es un dicho o hecho propios de un gilipollas. Y éste, el gilipollas, es un necio o estúpido.
No hay un sólo día desde que el Doctor cambió el colchón de la cama del dormitorio presidencial del Palacio en el que mora, en el que no legislen para prohibir, humillar, denigrar, jorobar al personal, y repartir dineros entre los suyos, que alguno de los ilustres que le acompañan, no suelte alguna gilipollez encaminada a despistar y desviar la atención de lo verdaderamente importante.
Gilipolleces estudiadas al detalle por la cohorte y séquito de expertos y asesores, obviamente. Un buen puñado. Y a quienes nosotros, usted, su cuñado y un servidor, les pagamos el sueldo, las vacaciones y el coche con chofer.
Que el país va de pena, que la electricidad y los carburantes no bajan, que los precios se disparan, que hay desabastecimiento de muchos productos básicos para el desenvolvimiento de un buen número de actividades, que el descontento crece, que agricultores, ganaderos, transportistas y hasta los loteros se movilizan, sueltan la gilipollez del día, y VOILÁ, por arte de birlibirloque, la atención recae en ella. Y claro, de que los bachilleres, ya de por sí muy faltos de conocimientos básicos de la Historia de España, no vayan a estudiar sobre los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, apenas se habla. Y se amortigua la repercusión de lo de las amenazas al niño y su familia de Canet de Mar y de otros como ellos. Ah, y no olvidemos los asuntos relacionados con menores, pues sea directa o indirectamente «les pone» todo lo relativo a los abusos.
Y ya de puestos, como hay que aprovechar el tiempo, deciden que van a prohibir fumar en el interior de los vehículos, por preocupación por la salud de los ocupantes y por la seguridad vial.
Hay que ver cómo se preocupan los de la izquierda por la salud del ciudadano. Y no es cosa nueva, no, es asunto que viene de muy atrás y se puede considerar inherente al pensamiento comunista.
En la URSS, a quienes no comulgaban con las ideas únicas del partido o de su máximo dirigente, o simplemente tenían la mala suerte de caerle mal al vecino, se le enviaba a algún campo de los muchos que formaban parte del Gulag, Dirección General de Campos de Trabajo, o desterrado a alguna inhóspita localidad, perdiendo todos los derechos. Todos menos el derecho a la sanidad.
Se morían literalmente de frío y hambre, pero tenían médicos, y la inmensa mayoría de éstos eran excelentes profesionales. Evidentemente, el doctor podía recomendar una nutrición adecuada, pero otra cosa era que el paciente pudiera conseguir llenar la barriga o comprar unos trozos de madera podrida. Lo de comprar carbón o leña era asunto impensable. También lo de comprar calzado o ropa, pero no había demasiados problemas para conseguir estas prendas, al menos en invierno, bastaba con vigilar a algún moribundo y estar junto a él en el momento de la exhalación de su último suspiro. Se le desnudaba y problema resuelto. Y si el hambre era mucha, ya de puestos, se cortaban unas tajaditas de un brazo o de una nalga. Total, si el muerto ya no las iba a necesitar.
Cocer la ropa en agua caliente para eliminar las pulgas y piojos que se habían estado alimentando de la sangre del fallecido era tarea que se realizaría o no según las circunstancias personales de cada cual. Pero vamos, asunto menor, pues en cuanto se vestían con ellas sus propios inquilinos ocupaban las costuras.
Ya ven que lo de la ocupación viene de lejos, que no es cosa nueva.
Pero médicos, enfermeras y hospitales había.
Nuestros dirigentes se preocupan mucho por nuestra salud. El tabaco mata, pero en lugar de prohibir su consumo total, lo prohíben parcialmente y suben los impuestos que lo graban. El dinero vía impuestos es milagroso, beatífico, lo depura todo. Igual pasa con el azúcar, que es malo muy malo, pero si pagas no coges diabetes. Y otro tanto ocurre con el CO2, que mediante los pagos por emisiones se transforma en aire sano y puro.
En cuatro años, un vehículo, cuyo fabricante pagó por las emisiones de su construcción y que repercutió al cliente, y cuyo combustible, ya sea hidrocarburos o electricidad, también paga las correspondientes emisiones, pagará anualmente una nueva tasa por emisión. El nuevo IVA, el Impuesto sobre la Emisión Añadida, supongo que lo llamarán.
Se ríen de nosotros, nos machacan, nos arruinan, nos hacen la vida imposible, nos van encerrando en un campo de concentración inmenso pero cada vez más pequeño, nos arrebatan la libertad, pero nos distraen con juegos de palabras y ocurrencias.
Ni el camarada Stalin pudo imaginar la perfección de los métodos de manipulación de masas y el liberticismo de sus herederos ideológicos.
Me resulta imposible expresar el asco y la repugnancia que me producen todos esos tipejos. Se dicen defensores del progreso, de la Ley, de la Justicia, de la Vida, y resulta que son todo lo contrario a sus prédicas.
Dos sentencias de inconstitucionalidad y mira por donde se manifiestan escrupulosos cumplidores y defensores de la Constitución.
Muchos de ellos son jueces y ni cumplen ni hacen cumplir ni la Ley ni las sentencias judiciales. Bueno, las que son contrarias a sus intereses, porque aquellas que lo son, sí, esas sí.
Miles de perros cegados por la intolerancia lanzados tras un puñado de familias que quieren que sus hijos se eduquen en su lengua, y resulta que no tienen constancia de que se vulneren derechos ni se atente contra sus vidas. Cinismo.
Amparan al delincuente, se mezclan con él. Valiéndose de su posición de mando le exoneran del castigo. Dilapidan el dinero público en orgias en locales que iluminan sus fachadas con luces rojas. Y así con todo.
No les importa nada que no sean ellos, su bolsillo y su ideología criminal. Pero saben qué creo que es lo peor de todo, nosotros, nuestra pasividad, nuestra permisividad.
