La política de asedio y tierra quemada por salud pública y ambiental. Por Gusarapo

La política de tierra quemada por salud pública y ambiental.

«Los dirigentes europeos propician la reducción de producción de los alimentos. La política de asedio y tierra quemada por salud pública y ambiental»

Ayer por la mañana, en mi deambular diario, pasé junto a unos terrenos propiedad de un Ayuntamiento del Alfoz de mi ciudad. Durante mucho tiempo, esos terrenos eran alquilados con cierta periodicidad y con continuidad, a un agricultor del municipio. Son terrenos de suelo franco, fértiles, y de regadío.

Hace algunos años, uno de los concejales de la Corporación, un tipo nervioso, audaz, y empleado de una multinacional, decidió no seguir arrendándolos y en cambio, dedicarlos a explotación forestal. Y se plantaron chopos.

Esas parcelas se encuentran situadas en el fondo de un pequeño valle que recoge las aguas de los terrenos circundantes y más elevados. Además, el nivel freático está muy alto, por lo que los árboles crecían sin problema.Pero al concejal le parecía, tras haber sido informado por algunos familiares y conocidos, que el crecimiento podía ser mejorado y acelerado, por lo que decidió que se instalase un sistema de riego por goteo con un inyector de fertilizante en el caudal de agua.

La excesiva suciedad del agua de riego pronto inutilizó la inversión efectuada. Sin embargo, los árboles continuaron creciendo sin problema, a su ritmo.

Pasados unos años, se subastó la madera y se talaron los árboles. A partir de ahí y hasta ahora, en la parcela sólo han crecido los rebrotes de los chopos, juncos y maleza. No compensaba la saca de las toconeras y nadie estaba dispuesto a arrendar para cultivo una superficie que no contaba con derechos de pago.

Ahora, como consecuencia del furor ambientalista que ha invadido a los políticos de todo signo, están reconvirtiendo esos terrenos en una «planta» de recepción de residuos vegetales procedentes de las podas y siegas de las parcelas, viviendas y zonas verdes de la localidad.

El ayuntamiento ha comprado una trituradora móvil, con motor de cuatro tiempos de gasolina, para triturar los restos de poda.

Ayer, varios operarios municipales se dedicaban a cortar los rebrotes de los chopos y a introducirlos en la máquina trituradora, que escupía al aire el resultado de su labor.

La trituradora emite CO2. Los árboles y la maleza consumen CO2. Los residuos que se generan al triturar la madera precisan de un período de tiempo para fermentar, degradarse, y servir como abono orgánico, pues si se utilizan como material de acolchado, en fresco, pueden ser transmisores de enfermedades y parásitos.

Pero resulta muy bonita, de cara a la opinión pública, la acción medioambiental del Ayuntamiento.

Los rumiantes domésticos aprovechan la hierba y las hojas emitiendo menos CO2 y sin coste laboral, pero claro, no lucen igual, y son, por el contrario, objeto de ataque de quienes viven en ambientes altamente contaminantes. Lo de lucir lo digo por lo de colgarse medallas ante los medios de comunicación y los futuros votantes.

Qué fácil resulta buscarse un chivo expiatorio al que culpar de los grandes males que asolan a nuestro Mundo. Resulta que en las ciudades hay miles de calderas colectivas e individuales de calefacción y agua caliente. Unas funcionan con electricidad, otras con gasóleo, con gas, con carbón, con pellets. En la producción de esos combustibles se han generado CO2 y otros gases nocivos, al igual que en su combustión para producir la energía que calienta agua y aire. En las calles de esas mismas ciudades circulan permanentemente miles de vehículos que generan CO2 y otros gases nocivos.

Además se generan millones de toneladas de basuras orgánicas e inorgánicas, y aguas sucias. En los polígonos y suburbios de las ciudades hay empresas de todo tipo. Algunas de ellas producen ingentes cantidades de residuos y gases.

Pero se culpabiliza y responsabiliza a los cuatro que viven en el medio rural y a sus animales. Unos son muchos, muy sonoros, con gran peso en las elecciones, y otros son insignificantes.

Cierto es que los otros, los que son pocos, con su trabajo, facilitan que los unos llenen despensas y neveras con los alimentos que precisan y gustan, pero este es un asunto soslayable, al fin y al cabo hay barcos y aviones que pueden traernos la carne y la soja de Argentina, Brasil, EEUU o cualquier otro sitio del Mundo donde se produzcan.

Si en algún momento se interrumpiera el flujo de mercancías de primera necesidad desde esos países productores, es de suponer que no habría ningún problema, se cambia de proveedor y listo. Realmente fácil.

Otra cuestión sería que las autoridades decidieran limitar el acceso de la población a los alimentos que vinieran de fuera y con una reducción drástica de los producidos en el territorio nacional, pero eso no puede ocurrir. ¿Verdad?Históricamente se utilizaba la privación de alimentos y agua para ganar batallas.

Todos hemos conocido en nuestros tiempos de estudio y en lecturas posteriores, así como en el visionado de documentales, las técnicas de asedio y cerco. Se rodeaban castillos y ciudades, y se los sometía a la falta de recursos básicos para que el hambre y la sed hicieran el trabajo. Quién no ha oído hablar de Numancia, Masada, Breda…

Durante muchas guerras también se practicó la llamada «tierra quemada«, técnica consistente en destrucción de viviendas, campos de cultivo y animales, así como los pozos y fuentes de agua.

Cuando los normandos invadieron las islas británicas, no se conformaron con la victoria militar, decidieron someter a la población, a los sajones, también y posteriormente, con la privación de la carne prohibiendo la caza. Les habían vencido, sojuzgado, habían conquistado sus reinos, pero no les parecía suficiente.

En aquellos tiempos la población llana no disponía de un suministro regular de carne y además económico. Basaban gran parte de su alimentación en el consumo de conejos, venados y jabalíes. Prohibiendo la caza se privaba a la población de proteína animal gratuita o barata.

En los campos de trabajo nacionalsocialistas, donde se practicaba el exterminio a través del trabajo, se solía suministrar como alimento una sopa de nabos o repollo con peladuras de patata, una mínima porción de carne y algo de margarina, mil setecientas calorías diarias, si había suerte.

Los soviéticos lograron elevar al máximo la productividad de los prisioneros con el menor aporte calórico y proteico. Entre doscientos y cuatrocientos gramos de pan duro y mohoso. Y los presos no dejaban de trabajar. Se mataban trabajando.

La Segunda Guerra Mundial dejó los campos de Europa devastados. Amplias zonas sin cultivos y sin animales. Hubo que reconstruir la agricultura y la ganadería de muchos países.

Resulta curioso que ahora, cuando en las mesas de la inmensa mayoría de los europeos no faltan alimentos, los dirigentes europeos se empeñen en propiciar la reducción de producción de los mismos, el aumento de los precios y aconsejen la reducción del consumo de algunos de ellos. Por salud pública y por salud ambiental, dicen.

Gusarapo

Soy más de campo que las amapolas, y como pueden ver por mi fotografía, también soy rojo como ellas. Vivo en, por, para, dentro y del campo. Ayudo a satisfacer las necesidades alimenticias de la gente. Soy lo que ahora llaman un enemigo del planeta Tierra. Soy un loco de la naturaleza y de la vida.

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