
«Qué bello es vivir esta nueva normalidad cristiana progresista y que bonito resulta actualmente disfrutar del gambeteo argentino a la española»
Que ciertos axiomas matemáticos son inexorables en el caso español no es coña marinera pues aquí, el orden de los factores no altera el producto, NUNCA.
Cuando la izquierda permite que gobierne la derecha para que esta arregle las cuentas sin tocar nada en lo ideológico, la cabra se echa al monte y arden las calles. Los manifestódromos no dan abasto pues las huestes necesitan estar más calientes que el cenicero de un bingo antes de la prohibición. Sentirse importantes incluso manejando la situación desde la oposición, los encabrita, empodera y desespera de tal manera que cuando regresan al poder se vuelven a llenar hasta las iglesias de infieles redimidos temerosos de la ira roja.
Las letrinas llenas de basura y restos de lo que en su día se pretendió vender como un país moderno y desarrollado así lo demuestra y la acumulación de todos esos restos de carroña humana acumulada, sirven como colchón prescindible para frenar el poco impulso y recorrido que las derechas tienen a la hora de protestar por los abusos contra la educación cristiana o la lengua común.
En esta última etapa no está sucediendo nada que no conozcamos salvo que ha aparecido en escena una cenicienta roja con bula papal. Con su sonrisa mellada y su prominente napia de bruja de cuento de hadas, manipula presuntamente el mazapán del jefe de los jefes por debajo de la mesa con la destreza de las que solo con mano izquierda dejan al panoli con esa cara de sorpresa que Dios le ha dado y que todos hemos comprobado.
Las licenciadas por la Universidad de la “Sobona”, están a la orden del día: son muy dicharacheras y contribuyen a que en algún momento la borrachera ególatra del machirulo en cuestión se quede en una anécdota muy peligrosa. Al principio se las perdona todo hasta incluso la subjetiva fealdad, o que no se afeiten los sobacos, porque que te sobe una compañera cuando menos te lo esperas, es a veces y para algunos hasta un regalo divino. Este tipo de manipuladoras lo saben bien pues gestionan magistralmente su arsenal de armamento químico en forma de feromonas que despistan al zángano, y lo hacen creerse realmente atractivo ante los ojos del resto y, si algo falla ya son víctimas per se, o sea que más queremos.
La susodicha al terminar la manipulación dijo a los medios de comunicación que había quedado satisfecha, pero solo moderadamente. Al otro no se le recuerdan declaraciones pues imaginamos que la subida de tensión lo hizo necesitar de unos momentos de intimidad en los baños del ilustre salón. Y si alguien pudiera pensar que la maléfica necesita bajar al pilón para negociar con Pepe y Unai, es que no sabe de política de salón y necesita alguna otra ilustración. Entre compañeros comunistas, el sobeteo es una acción de colaboracionismo, compañerismo y síntoma inequívoco de éxito, si solo quien lleva las riendas del baile tira o afloja los ronzales. En el caso de esta, los bueyes van bien cargados de millones para sus menesteres y, si hiciera falta alguna reformilla de los bajos pues quién dijo miedo, repaso al canto y se deja el asunto alicatado como si fuera nuevo.
Con el alto mandatario es probable que las artes pasen a otro escenario más profesional pues este es yerno de profesionales del gremio y por lo tanto la experiencia en el negocio del masajeo es probable que formara parte del ajuar. Las artes sibilinas al estilo “vegoñio”, “bergoglio” o como se llamen –perdonen mi confusión–, según citó el santo Páter en una de sus homilías que celestialmente dedica a los periodistas cuando micrófono en mano se suelta la melena del espíritu, dejan entrever según su excelencia, que el sobeteo a las secretarias son poca cosa y el sobeteo de las secretarias, una bendición divina.
Y claro, con estos mimbres resulta que para la mayoría, qué bello es vivir esta nueva normalidad cristiana progresista y que bonito resulta actualmente disfrutar del “gambeteo argentino” a la española, mucho más divertido que “el jogo bonito” de los brasileros que nos plantea Santi Abascal; donde va a parar…


