Nada es normal… Es lo que nos ha tocado, anormalidad. Por Gusarapo

Nada es normal… Es lo que nos ha tocado, anormalidad.

“Nada es normal. Es lo que nos ha tocado este año, anormalidad. Curiosamente, la Humanidad se empecina en ser esclava de unos pocos”

Lo normal, si es que lo normal existe, es que por Navidad caigan chuzos de punta aquí, en mi tierra. Lluvia y hielo, seguidos o alternos. Es invierno, es lo normal.

No recuerdo con exactitud cuando fue, si hace cuatro, cinco o seis años, pero sí que recuerdo cómo fue. El día de Nochebuena una borrasca de cierta intensidad, eso que llaman ciclogénesis explosiva, supongo que para infundir temor en nuestros corazones, porque vaya con el nombrecito, nos trajo fuerte viento y mucha lluvia. Por la tarde, a última hora, cuando empezaba a oscurecer, me dirigí a buscar a las ovejas, entonces bastantes más que ahora, a las que había dejado a su aire en una gran pradera en el fondo del valle, junto al río, para que comieran lo que el duro tiempo les permitiera. Yo había marchado a buscar refugio y ahora tocaba regresar a por ellas.

Qué forma de llover, apenas podía andar, no veía a más de diez metros, el agua buscaba los puntos débiles de mi impermeable y se me metía por ellos llegando hasta los pies. El viento me tiró al suelo varias veces.

Lo normal es que cuando tienes prisa o intención de celebrar algún acontecimiento, las cosas se tuerzan. Y así fue. Casi el Diluvio Universal, pero sin aviso previo y sin Arca.

Me costó horrores conducir el rebaño hasta el aprisco. Las ovejas se aculaban contra la cortina de agua, empapada su lana, las pezuñas clavadas en el barro, las cabezas gachas.

Hoy me encuentro en ese mismo lugar. Una casualidad consecuencia de haberme enredado esta mañana en unas cuantas visitas que realicé a amigos y conocidos. Vine tarde y este terreno era el que pillaba más cerca. Y me encuentro sentado sobre un precioso tapiz de hierba verde. Hierba anual, la mayoría gramíneas, que nació con las lluvias de noviembre y que ahora luce de casi una cuarta.

Las ovejas van bien careadas, esto es, que van pastando, comiendo, y avanzando lentamente a lo largo de la pradera, aprovechando cada centímetro del pasto. Hoy no están empapadas, sólo ligeramente mojadas por la niebla de la noche, y no llevan peso extra. Hoy luce un sol brillante y esplendoroso más propio de un mes de mayo que no del fin de año. Estoy a cuerpo y tengo calor.

El cielo está algo turbio, ligeramente nublado. Decenas de estelas de reactor se difuminan en todas direcciones.Herrerillos y petirrojos canturrean. Los milanos deben estar sesteando, no se ve ninguno. Todo está envuelto en paz y sosiego. Las gentes están en sus casas, comiendo, los más, o viajando hacia lugares de holganza o encuentro, los menos. 

Nada es normal. Es lo que nos ha tocado este año, anormalidad.

Resulta agradable ver pacer a los animales. Es un espectáculo muy relajante. Prefiero ver pastar a las yeguas, pero tengo pocas, tres, o sea, nada. Llegué a tener veinte, y en días como hoy, verlas en los pastos junto a los potros del año y las potras de los últimos tres partos, era maravilloso. Y cuando echaban a correr, cuando galopaban, en manada, todas juntas… Ay cuando galopaban, qué gozo.

Los potrillos, de meses, alzando las colas y flotando sobre la hierba, haciendo cabriolas.

A mucha gente le gusta más ver comer a las ovejas. En el otro lado del río, sobre un gran farallón de piedras de granito, había quien tenía la costumbre de sentarse a ver mis ovejas en las tardes de verano, una vez realizadas las tareas del día. Alguno ya no está con nosotros, no le cayó en gracia a alguien y el Gobierno no le salvó. No fue uno de los cuatrocientos mil afortunados, fue uno de los ciento y pico mil desafortunados. Y ya fue mala pata la que tuvo, porque para una vez que tenía el carnet adecuado, no se lo pidieron a nadie.

Acaba de salir una zorra de una gran hondonada que hay a mi derecha. Un buen rato ha estado amonada esperando el momento oportuno, pero como no me iba se ve que se ha cansado y le han podido más las ansias que la prudencia.

En el rebaño, si es que se puede denominar así, hay cuatro ovejas paridas. Corderas de primer parto tan recias y locas que no pude llevar a la nave cuando parieron. Tienen dos corderos blancos y dos negros.  Van a su aire, se harán buenos aunque más lentos que los que desde el martes están a tolva.

Eso sí es normal. Las corderas dan mucha guerra y las mías son demasiado recias. Siempre queda alguna suelta y sus corderos son los mejores. Como para no serlo, se crían libres, salvajes, asilvestrados, comiendo lo que les viene en gana, lo que más les gusta.

Me llegan relinchos desde el otro lado del río, pero desde aquí no puedo ver nada, los chopos me tapan la vista, estoy en lo más bajo, por debajo incluso del nivel del río. Los caballos siempre se asocian a la libertad.

Qué bien suena eso de la libertad. Qué palabra más bonita y más usada por todo el mundo. Cuanto nos gusta reclamarla y ensalzarla pero qué poco nos gusta respetarla cuando se trata de la de los demás. Bueno, qué poco les gusta a algunos, porque a otros sí que nos gusta disfrutarla y respetar su disfrute por los demás.

En mi caso es lógico que me guste, soy liberal. Pero liberal de los liberales de antes, no de los liberales de ahora. Ahora muchos se autodenominan liberales, pero su concepción dista mucho de la mía. Esto puede deberse a que no estudié ni leyes, ni filosofía ni políticas, y claro, seguramente estoy equivocado y no lo soy.

Mi liberalismo se basa en la idea de la libertad individual, la moralidad, la generosidad, el patriotismo, el cumplimiento de los deberes y la defensa de la vida. Unas ideas muy anticuadas y perseguidas. ¿De dónde habrán salido y de dónde habré salido yo?

Creo que el liberalismo debe proteger al individuo sobre la comunidad, pero no por encima del bien común. Los gobiernos deberían proteger, garantizar y ensalzar los intereses y los derechos del individuo, y el conjunto de posibilidades que se abren ante él como futuro beneficio para el bien común, no imponiendo trabas y obstáculos, regulaciones y leyes que sólo sirven para coartar su liberalidad.

Dicho esto, ustedes comprenderán que no pueda estar de acuerdo con quiénes basan su acción de gobierno en la asfixia de esa libertad y  en favorecer la muerte.

Tal vez mi amor por la naturaleza, por la vida, radique en estas absurdas ideas mías. O tal vez sea a la inversa, y sea liberal precisamente por amar la vida.

Soy un tipo extraño. Mientras escribo estos sinsentidos que a ninguno de ustedes interesan, porque esa es la verdad, no interesan a nadie, estoy escarbando entre un montón de hojas secas de chopo. Están húmedas, pero todavía se mantienen firmes. Son de color gris, marrón, algunas ennegrecidas, otras o incluso las mismas, están agujereadas, las hay que están como estaban en el momento en que se soltaron de la rama que las originó y alimentó, y que a su vez, ellas mismas ayudaron a alimentar y crecer.

Estas hojas se pudrirán y descompondrán integrándose en el sustrato y pasando así a servir de alimento a los mismos árboles que las crearon y a otras plantas. Pero ahora mismo, debajo de ellas, sirven de cobijo y alimento para insectos.

Las hojas, al nacer, se alimentan de la savia que las hojas anteriores a ellas elaboraron y se mantuvo durante el invierno en los vasos de troncos y ramas. Según van creciendo van produciendo savia nueva que las alimenta a ellas, a las otras, al tronco y a las raíces. Al acabar su ciclo, mueren y se desprenden cayendo al suelo. El árbol no las mata, simplemente se quedan sin vida. El árbol no quiere que mueran, depende de ellas.

Las personas aportan savia a la comunidad, trabajan, crean, idean, dialogan. ¿No es un error prescindir de ellas?Hombre, si ya han dejado de aportar… Pero ¿Realmente han dejado de hacerlo? La inmovilidad o la lentitud no significan incapacidad.

¿Y los no nacidos? ¿Han dejado de aportar los no nacidos? Más bien no aportarán si no nacen ¿No?Mal vamos cuando el egoísmo impera sobre la razón y el altruismo. Muy mal.

Las mayores muestras de creatividad, de pensamiento, de prosperidad – iba a decir progreso, pero cualquiera nombra esa palabra – se han dado en etapas en las que el ser humano se sintió libre. Pero, curiosamente, la Humanidad se empecina en ser esclava de unos pocos.

Supongo que de los pocos que hayan empezado a leer estas líneas muchos menos serán los que hayan llegado hasta aquí.

Para esos no normales de infinita generosidad y paciencia hacia mi persona, desearles mucha salud, mucha suerte, mucha felicidad y mucha libertad en este nuevo año que comienza.

Ha sido un verdadero placer compartir mi tiempo con todos ustedes durante el pasado año, y espero, si D. Manuel lo tiene a bien, poder seguir haciéndolo.Feliz Año.

Gusarapo

Soy más de campo que las amapolas, y como pueden ver por mi fotografía, también soy rojo como ellas. Vivo en, por, para, dentro y del campo. Ayudo a satisfacer las necesidades alimenticias de la gente. Soy lo que ahora llaman un enemigo del planeta Tierra. Soy un loco de la naturaleza y de la vida.

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