Tu ausencia me mantiene humano y vivo. Por Rodolfo Arévalo

Mama vivía completamente sola con Mitsuko

«A veces siento a mi madre a través de ella. Gracias mamá, te lo debo todo. Y hasta tu ausencia me mantiene humano y vivo»

He sacado a pasear a mi perrita chihuahua Mitsuko, era de mi madre. He pensado que ella ya la habrá olvidado. Sé que si la viera venir la reconocería como su ama. Pero no, no la verá. Mi madre murió el dieciocho de febrero del año 2021, hace ya casi un año, y yo sí la recuerdo todos los días.

Las madres son figuras, salvo raras excepciones que viven siempre en sus hijos, hasta el día en que estos también parten de este mundo. Me tuvo a los veintiséis años, veo a mi hija y a mi hijo que tienen ahora veintitrés y veintisiete años, y aunque sé que son adultos, me parecen niños, ¡que niña era mi madre cuando me tuvo!

Mis hijos son mis niños, aunque ningún ser humano pueda ser pertenencia de otro, pero el cariño, el amor que se siente por ellos, los hace incorporarse en ti como parte de tu propia alma. Seguirán siendo tus niños aunque tengan noventa años o más, es irremediable. Imagino que para mi madre yo sería exactamente igual, de hecho me llamaba niño.

Mi madre tuvo un final de vida sumido en la tristeza de haber perdido a su hija, mi hermana se suicidó por una depresión endógena de caballo, que ni la medicación pudo controlar. Al parecer este tipo de depresiones se dan con frecuencia en nuestra sociedad. Ante aquello mi madre un día me dijo: “Hijo tu no morirás antes que yo, tu eres como un junco, te doblas, pero eres fuerte, nunca te partes”. Creo que tenía razón, es por eso que a veces he pensado si no tengo algún rasgo pequeño de psicópata… Luego me tranquilizo, se que no, solo por pensarlo.

Yo procuré hacerla todo lo feliz que un solo hijo puede hacer a su madre, y como era imposible vivir con ella, nunca quiso vivir con nosotros, procuraba ir a verla todos los días o al menos día si y día no, según pudiera. Al principio vivía completamente sola con Mitsuko, pero un día la vi completamente desvalida, me rogó que no la dejara sola aquel día, así que me quedé a pasar la noche en su casa. Al día siguiente tuve que imponerle la idea de que tenía que tener una persona que la acompañara y la cuidara porque yo tenía mi vida y no podía estar todo el tiempo allí. Aquello me produjo un gran sentimiento de culpa, pero visto desde la distancia, ahora comprendo que es lo mejor que pude hacer, porque si no hubiéramos creado una situación de dependencia que no tenía razón de ser. Esto me ha costado muchas noches de desvelo después.

Unos días mas tarde una mujer se quedó con ella para convivir y cuidarla. Con el tiempo mi madre la llegó a considerar una amiga y la mujer hizo lo propio. Esta relación sacó a mi madre de la oscuridad en que estuvo instalado su cerebro durante un año. Debo estar contento creo, por cómo pasó mi madre los últimos años de su vida. Ella quería estar en su casa y yo así lo hice, la mantuve en ella, aunque según me decían hubiera sido mucho mejor llevarla a una residencia. ¡Nunca!, le dije, “Mamá si tu quieres estar en tu casa, estarás, da igual lo que haya que hacer”.

Así transcurrieron otros doce años más en los que pude disfrutarla. Muchos días la sacaba a pasear en su silla de ruedas, porque ya no caminaba. Íbamos a desayunar o a merendar, o simplemente al parque, lugar en el que me solía hablar de los gorriones, le hacían gracia. Yo le explique que los machos tenían unas pecheras marrones, no así las hembras. Creo que esto le hubiera disgustado a Irene Montero, pero a mi madre le encantaba saberlo, me lo preguntó muchas veces. Esto puede parecer una tarea aburrida, pero no lo es, son los mejores ratos que he pasado con mi madre en toda la vida.

Todavía hoy lo recuerdo con añoranza, un año no borra los sentimientos, ni el amor hacía tu madre. Ella está ahí aunque ya no tenga presencia física. Esta en todos los momentos de mi vida, en cada recuerdo y emoción. Fueron duras estas primeras Navidades sin mi familia original al completo, ni mi padre, ni mi hermana, ni mi madre. El beso que di a mis hijos al dar las doce campanadas, me trajo el suyo, porque en ellos, aunque vayan perdiendo su recuerdo, el poco tiempo que les unió a su vida, está su esencia, su genética, su amor y su cariño de abuela.

Sé Mamá que no estás ya en ninguna parte. Pero debo despedirme para poder seguir el camino que me toque, sin lágrimas traicioneras, que me roben tu sano recuerdo, pero quiero que sepas y lo sabes de sobra que nunca mi pensamiento, ni mi amor te abandonarán. El beso que te di en la frente en tu ataúd era frío, ya no estabas, pero pude sentir como me arropabas, para evitarme el mal trago. Gracias mamá, te lo debo todo. Y hasta tu ausencia me mantiene humano y vivo. He sacado a pasear a mi perrita chihuahua Mitsuko, era de mi madre. A veces siento a mi madre a través de ella. He pensado que la perrita ya la habrá olvidado, pero sé que si la viera venir la reconocería como su ama. Son cosas de perros, y también de hijos, te echamos de menos.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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