El origen no es la razón de los machetes. Por Francisco Gómez Valencia

Ejemplo de grupo o banda juvenil de barrio con carácter amenazador

“A los porteadores de machetes los excluyen y marcan como ganado y también a cambio compran sus voluntades suavizando las medidas de Seguridad”

Frotarse bien los ojos que en España ya está aprobado que sea delito rezar delante de una clínica abortiva o en breve pensar en Franco. Sin embargo cantar puño en alto “La Internacional” o portar machetes de medio metro por la calle escondido en el muslamen, no. Nos pellizcaremos para comprobar que es verdad cuando gracias a la nueva Ley de Seguridad Ciudadana nuestra Policía no pueda cachear a nadie por la calle si lo consideran oportuno, salvo que lo pillen infraganti delinquiendo.

No hace mucho esto ya se dejó de hacer para no parecer racistas por parar y cachear siempre a los mismos, puesto que… ¡Oh! casualidades del destino, parece ser que en un porcentaje altísimo, tenían los mismos rasgos raciales. Claro la policía de Inglaterra, que es donde se dejó de hacer, empezó a quejarse de que el incremento de armas blancas y del índice de criminalidad crecía proporcionalmente a las limitaciones que desde la política se marcaban en materia de Seguridad Pública, con tal de no quedar retratados ante las pobres minorías, que junto a los partidos emergentes de la izquierda woke siempre prestos a ganarse su cariño a condición de su posterior apoyo, denunciaban el estigmatismo de la derecha.

Comentaba por las redes una reputada periodista que los narcos gallegos son gallegos y la mafia siciliana la componen mafiosos sicilianos, y así desgranaba tres o cuatro ejemplos más, donde el origen o la nacionalidad parece que según ella marca al individuo con un ADN maléfico que lo invita a delinquir. Sin embargo me aventuro a pensar que la inmensa mayoría llegaremos a la conclusión de que ni todos los gallegos son narcos, ni todos los sicilianos son mafiosos.

Todos conocen los hechos acaecidos en el fin de semana pasado en Madrid donde dos jóvenes fallecieron a machetazos. Del mismo modo los informo que es raro el fin de semana que no cae alguno más o al menos sale mal parado fruto de la misma técnica. Tampoco les negaré que los que vivimos en alguno de los distritos o poblaciones donde generalmente se producen los hechos, no estemos algo preocupados, más aún si tenemos hijos como el que suscribe la presente. Ahora bien, lo que también les puedo asegurar es que estamos realmente hartos, muy hartos de la utilización torticera del asunto por parte de la clase política para echarse la basura los unos a los otros por intereses electorales, más aun cuando se hace con criterios equivocados y culpabilizando a quien no tiene competencias para evitarlo.

Las bandas están integradas siempre por jóvenes muy pobres, pertenecientes a familias absolutamente desestructuradas cuyos vínculos de unión están bajo la sospecha del abuso de cualquier tipo, a lo que además hay que añadir cuestiones como el total fracaso escolar o el acoso en este ámbito. La pertenencia a estos grupos da poder al individuo al verse arropado por semejantes en sus mismas condiciones sociales ante la falta de la debida atención del entorno familiar más directo. La pertenencia a un grupo o una tribu equivocadamente los hace más fuertes proyectando sus energías en la dirección errónea.

Tratar y trabajar con los que menos suerte tienen en la vida es crucial para hacerlos crecer en la dirección correcta de la forma más profesional apolíticamente que se sea capaz de desarrollar los programas adecuados para ello. Es necesario que este trabajo esté desintoxicado de origen y sus partidas presupuestarias sean las adecuadas para garantizar unos porcentajes de éxito mínimamente aceptables.

Estos programas de orientación y acogida no deberían ser un elemento arrojadizo de los diferentes grupos políticos y de ningún modo su desarrollo tampoco debiera ser un arma electoral con efecto llamada, ni un criadero de futuros votantes. Por lo tanto llegados a esta conclusión ustedes me entenderán cuando les diga que ni los planteamientos que hace VOX son acertados, ni mucho menos los que llevan a cabo cualquier grupo de izquierda radical como el PSOE o antisistema como el resto de sus socios.

El origen en sí mismo de estas personas, el de sus padres, abuelos o demás ancestros, ni determina, ni marca de serie al individuo. La tendencia criminal se aprende fruto del entorno donde uno se cría y siempre viene condicionado por la extrema pobreza económica o moral de la que se es víctima. Y como las otras víctimas, es decir las que sufren en sus carnes sus actos también lo son, es preciso dar poder a las diferentes Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para que ejerzan un férreo control donde ellos saben de sobra que se desarrollan estos grupúsculos.

Ni las CCAA ni los Ayuntamientos tienen competencias al respecto, dependen de Interior

Defender la idea de que “el origen no es la razón” como hizo Ayuso la otra mañana en la Asamblea de Madrid es de valientes. La acusación de “blandita” en materia de Seguridad Ciudadana que hizo Rocío Monasterio por motivos electorales, para contrarrestar el guiño que el día antes los hizo la de Chamberí es de irresponsables. Es más, ella sabe por el cargo que representa que ni la Comunidad de Madrid ni ninguna otra tiene competencias en este ámbito. En fin, la deja en muy mal lugar más aun cuando ella es de origen cubano.

Acusar a quien defienda la misma tesis que la presidenta de la CAM, de liberal y por lo tanto de fomentar o promocionar las fronteras abiertas al estilo de los globalistas negreros del SXXI cual defensores a ultranza de la cultura woke, es sencillamente un mensaje para imbéciles sin dos dedos de frente, lo cual significa ponérselo muy fácil a los vacíos de espíritu del otro lado del rio como Yolanda Díaz que las caza al vuelo y los denomina “el partido de la cultura del odio”.

Su jefe y algunos más de “la “chupipandi”, disfrazados estos días de terratenientes de montería al estilo de los de la novela de Miguel Delibes, “Los santos inocentes”, solo hablan de expulsar a gente que efectivamente son españoles aunque a esta elite no les guste su existencia. Solo en este sentido me dan miedo de veras, tanto como los que portan los machetes o los que pegaban tiros en la nuca o los que ponen bombas en los trenes o estrellan aviones, pues hace no mucho seguramente alguno de ellos conocían y animaban a los que con bates de beisbol repartían mamporros sin sentido como hacen con los machetes estos pobres desgraciados.

Asuntos tan peliagudos como este, no deberían ser argumentos estrella de ningún programa electoral. La ingeniería social que tanto denuncian y que efectivamente se está imponiendo en el mundo, es fruto de las relaciones interpersonales. No niego que estos razonamientos extremistas sigan creciendo, aunque tienen techo igual que le pasa a la extrema izquierda que coincide plenamente con ellos en esta materia pues defienden su integración pero en un mundo limitado de derechos fundamentales. Y sí, serán determinantes por la indiferencia y falta de atención del grupo del que son escisión, como les está tocando sufrir actualmente a los socialistas, si se les puede llamar así.

La sociedad lleva mezclándose desde tiempos inmemoriales. El imperio español del que tanto alardean fue precisamente eso, mezcolanza y aceptación del diferente, no sin problemas claro está pero ofreciendo desde el poder, oportunidades a cambio de su compromiso al ofrecerse la nacionalidad sumando territorios a los que daban la condición de región pese a estar en ultramar. Denigrar a segundas y terceras generaciones, hijos de emigrantes como camadas fallidas de seres humanos o utilizarlos como un medio desestabilizador como hace la izquierda, es deleznable.

Periodistas e intelectuales pro-VOX ponen el acento en que Francia, Bélgica, o Inglaterra sufren precisamente esto porque sus políticos no atajaron el problema de raíz y además abrieron sus fronteras. Comentan además que al ser de culturas diferentes la islamización de barrios es absoluta y citan al gran Hassan, cuando en una entrevista afirmó que “nunca serán franceses ni aun los de la cuarta generación”. Sin embargo obvian que sus colonias eran esas y su cultura y religión no era la de la potencia colonizadora; simplemente los esclavizaron en vez de hacerlos progresivamente ciudadanos y expropiaron toda su riqueza material; por eso el odio es intrínseco proyectado de generación en generación.

También ensalzan al grupo de Visegrado y su concepto viciado de la cristiandad como tope contra la mezcolanza (la misma con la que los originarios ganaron Roma). Estos países son ejemplos de gestión en el asunto del tráfico de personas porque jamás fueron nadie, salvo carne de cañón, lo cual tiene que ver con su afán por cerrarse en sí mismos como método de defensa, y teniendo en cuenta su Historia como víctimas del imperialismo de todo tipo, personalmente me parece muy respetable siempre que defiendan con respeto su papel a nivel internacional, enalteciendo sus Derecho y Soberanía, como hacen actualmente en el seno de UE yendo a contracorriente del consenso fraudulento.

Desde luego, mirar lo que le pasa al vecino nos tendría que servir como referencia de lo que no se debería hacer ni permitir, aunque de momento como mencionaba antes, si no se otorga poder a los cuerpos de Seguridad, no se invierte en integración en vez de considerarlo un gasto con los que ya están asentados de cualquier forma, y se limita la entrada indiscriminada, mal iremos.

Hacer esto no es racismo como inmediatamente acusa la izquierda radical actual española o el populismo iberoamericano, ni tan siquiera mirar a otro lado como acusa la UE a los de Visegrado. Intervenir el futuro de toda esta gente que es pobre de solemnidad y usa la violencia como medio de defensa en un entorno que consideran hostil, porque no le ofrece ninguna oportunidad para prosperar, al haber sido abandonado a su suerte por sus propias familias destrozadas, simplemente es un ejemplo de autodefensa necesario en cualquier sociedad.

La casta política (como decía el otro), de toda condición sigue berreando a los santos inocentes mientras los felicitan y animan por seguir siendo obreros realzando el orgullo de serlo, pero o bien los detesta, o los usa como arma arrojadiza y caldo de cultivo para que los voten, mantengan y enriquezcan.

Sin embargo a las almas en pena porteadores de machetes los excluyen y marcan como ganado y también a cambio compran sus voluntades suavizando las medidas de Seguridad y no sacudiéndolos tan a menudo. Igualmente son captados y organizados como al resto también para su causa aunque estén por debajo de la clase obrera de izquierda o derecha. Es su modo de felicitarlos por no saber hacer nada extraordinario en la vida, salvo manejar con destreza el machete y desestabilizar a los que viven por encima del subsuelo cuando sea necesario, como ahora.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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