No hay pobre como mi pobre, una auténtica cátedra mendicante. Por Vicky Bautista Vidal

No hay pobre como mi pobre
No hay pobre como mi pobre

“El mendigo pobre del barrio es un elemento común en este presente convulso y un medio para mover conciencias adormecidas”

Si en estos días, usted, no tiene su mendigo particular es que es muy raro. ¿Qué barrio no cuenta hoy con un mendigo simpático y filósofo que ocupa un lugar importante en la conciencia de muchos? El mendigo pobre del barrio es un elemento común en este presente convulso y un medio para mover conciencias adormecidas.

El mío es un hombre de cierta edad al que hace meses que seguía sin especial énfasis.
Lo observo de reojo cuando paso. Nunca he hablado con él, pero lo conozco, parece que lo conociera de toda la vida.

Antes podía verlo desde mi terraza porque se había instalado en un entrante del portal de una tienda vacía, justo delante de donde vivo. Malos momentos para él por que era en pleno invierno y a causa del frío los días y las noches se hacen más largos para quien vive en la calle.

Al principio solo lo miraba, con la indiferencia que a veces mostramos casi todos para los demás, especialmente para aquellos que se salen de la cuadrícula establecida. No le faltaba mi moneda, pero si mi atención.

Todo cambió un día. Ya era tarde; venia yo de comprar algo en el super del barrio. Puse algunas monedas en su cajita y él, por una vez, levantó la cara, me miró y pronunció un “gracias” extraído a la fuerza de sus pocas ganas. Puede que me muestre novelera, pero a mí, me pareció que lloraba.

Tenía los ojos enrojecidos por el frío y puede que por las lágrimas. ¿Qué otra cosa puedes hacer? – Me insinuó mi cobardía natural – ¡Pues huir!

“A partir de aquel momento sigo de lejos sus avatares. Mi pobre no es un mendigo cualquiera. Es un pobre muy señor”

A partir de aquel momento sigo de lejos sus avatares. Mi pobre no es un mendigo cualquiera. Es un pobre muy señor. Tiene su butaca, una pequeña mesa y una pizarra con la explicación de su triste condición. Se comunica con sus “clientes” por escrito, Deja notas pidiendo mantas y también solicita dinero para poder pagarse una habitación. Lee y ha anunciado en uno de sus carteles informativos que está escribiendo un libro.

Es un mendigo activo al que se le advierte cierta clase. No todos los mendigos se organizan de forma profesional, como él. Si deja el puesto, que ahora, después de haberlo echado de su cuadrícula porque iban a alquilar la tienda, ha situado al lado de una frutería, deja ordenadas su butaquita de dormitorio y su pequeña mesa camilla. Nunca faltan sus informaciones de última hora, esté o no.

Mi pobre, ha elegido un lugar muy concurrido en un barrio bullicioso. A veces le veo comer de un táper de los que le llevan las “clientas”. También le he visto leyendo “el libro”: tiene uno; y últimamente, pasa sus horas escribiendo en un cuaderno.

“Él es un pobre adaptado a la época: visual, comunicativo, que hace saber a su “clientela” el motivo por el que ha caído en tan triste condición”

Me gusta mi pobre. Él es un pobre adaptado a la época: visual, comunicativo, que hace saber a su “clientela” el motivo por el que ha caído en tan triste condición. Parece ser que se lo debe a Zapatero, como tantos. Un trabajo muchos años hasta que la empresa se va al garete y demasiada edad para que lo contraten en otro sitio. Quizá no los suficientes años para tener una pensión…

Al menos, esa era su primera historia. En otro cartel he leído que culpaba a su separación. Es posible que se hayan unido las dos circunstancias. Es posible que jamás se hayan dado. Pero la cuestión que me mueve a escribir sobre él es que es un mendigo organizado, con sus horarios de “trabajo” y bastante original.

También da las gracias por escrito. Pidió una manta y seguramente le dejaron unas cuantas. La gente que no se manifiesta pero que hace en silencio, se ha ocupado del pobre del barrio.
De un tiempo a esta parte suelo ver su puesto cuando paso, pero rara vez le veo a él.

Al principio cuando dejé de verlo me preocupaba; ahora, me he dado cuenta de que simplemente no tenemos los mismos horarios. Porque él, no deja de tener ordenado su “quiosco” y de dejar notas solicitando esto o lo otro o informando de que ha tenido que irse, pero que vuelve enseguida porque está en el servicio.

Es un mendigo organizado y estético, y me hace gracia. Tiene clase en su miseria y es “mi pobre” aunque nunca hayamos cruzado una sola palabra y él no se haya apercibido jamás de mi atención.

Me cae bien mi pobre y por eso presumo de él ahora. Lo lleva lo mejor posible y es un maestro entre los otros mendigos, que deberían aprender de él. Es una cátedra mendicante para los presentes y futuros mendigos, de saber estar y llevar la vida que le ha venido, lo mejor posible. La dignidad, ante todo. Todos somos mi pobre.

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ataraxiamagazine

 

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Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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