De una “amarga” victoria a una incuestionable derrota. Por Antonio De la Torre

De una posible amarga victoria a una incuestionable derrota.

“La amarga victoria del Partido Popular y la incuestionable derrota de la izquierda, en sus dos versiones, la extremada del PSOE y la extrema de Podemos”

Como sucede en muchas elecciones, autonómicas y municipales, que estamos condenados a sufrir con más frecuencia de la deseable, las de Castilla y León –en adelante CyL–del domingo sucedieron con más pena que gloria, para casi todos, aunque alguno quiera ver un éxito poco útil en la práctica. Después volveré sobre esto.

Antes de pasar a mi análisis de los resultados electorales, me parece interesante dar algunos datos importantes. Curiosamente, CyL es la “región” más extensa de España, 94.226 km² y la que mayor número de provincias tiene, 9, pero es, con diferencia, la de menor densidad de población, 25’34 habitantes por km², con 2.379.530 habitantes. Para ponerlo en contexto, Andalucía, muy próxima en extensión, 87.599 km² y en provincias, 8, casi multiplica por cuatro esa densidad poblacional, 97’05 hab./km². Por su parte, Madrid, la 5ª región menos extensa de España, excluidas Ceuta y Melilla, con 8.028 km², casi la doceava parte de la primera, tiene una densidad de 841’15 hab./km², más de 33 veces superior. No obstante, los 2.248 municipios de CyL, representan el 27’65% del total de 8.131 que hay en España, lo que supone un sinnúmero de municipios mínimamente poblados.

Dicho lo anterior, lo más destacable a mi juicio es, como resumo en el título, una posiblemente amarga victoria del Partido Popular, pero victoria, que nadie lo ponga en duda y la incuestionable derrota de la izquierda, en sus dos versiones, la extremada del PSOE y la extrema de Podemos.

Posiblemente, pueda calificarse de amarga la victoria del PP, que no sólo ganó, sino que mejoró en dos escaños su resultado de 2019, que es lo que cuenta, aunque lo hiciera con casi 55.000 votos menos –el PSOE perdió más de 117.500–. No sé en qué medida, este descenso puede deberse en parte al del censo, que disminuyó en 193.628 electores en estos tres años, de 2.114.986 a 1.921.357, producto sin duda de la inversión de la curva poblacional y puede que de la emigración laboral.

Como sabemos, el reparto de procuradores –en CyL no cambiaron el nombre a diputados– fue de 31 para el PP, 2 más, como decía; 28 para el PSOE, 7 menos; 13 para VOX, “disparado” desde el único que obtuvo en 2019; 3 para Unión del Pueblo Leonés (UPL), que mejora en 2; 3 para Soria Ya (SY), que se estrena con un crecimiento “infinito”; 1 para Podemos y franquicias que se dejan la mitad en el camino; 1 para Ciudadanos (Cs), que se estrella casi tanto como crece VOX, 11 menos, para no desmerecer del batacazo del “charlista” Rivera, expulsado parece de la “presidencia” de Martínez Echevarría Abogados –¿en qué estarían pensando cuando lo ficharon…?– y 1 para Por Ávila (XA).

Conviene destacar el nuevo patinazo del lacayo José Félix Tezanos con su última encuesta del CIS, de nuevo cubierto de una gloria “marronácea” que no entiendo cómo continúa un día más en su puesto, nunca mejor dicho lo de “puesto”. Esta vez ha hecho pleno y no dio ni una, fallando en todas las horquillas, todo un récord. Para este “perspicaz” sociólogo iba a ganar su PSOE, 29/34 procuradores, y daba 24/30 al PP; 8/9 a VOX; 2/5 a Cs; 2/4 a Podemos, que se dice que le filtró a PabLenin Iglesias en un encuentro privado, y el discreto “picaflor” parece que compartió dejándolo en un entredicho que también justificaría el cese inmediato. El hoy embajador de la UEFA y exjugador del Real Madrid, Luis Figo, le dedicó un tuit rotundo: “Tezanos, estabas en Maldivas haciendo la encuesta”. Pero no, estaba en Ferraz o en Moncloa, prestando un servicio más a su jefe, que para eso lo puso.

Al final, con los matices que se quiera y lo que cada medio –“¿de quién dependen los medios?”– o facción más o menos sectaria quieran decir, se produjo lo esperado. Y eso fue, la victoria del PP y de la derecha, la derrota de la izquierda, la práctica desaparición de ese “centro” artificial que surgió en 2014 –junto con otras opciones políticas– desde el río revuelto de los descontentos, que arrastró populismo, oportunismo y arribismo, y la poco notoria dispersión de votos en pequeños partidos provinciales ya iniciada hace años y que, en mi opinión, no aportan mucho ni contribuyen en nada a la necesaria estabilidad política. La victoria del PP no fue con la mayoría casi absoluta que algunas encuestas anunciaban antes de la campaña electoral y en su inicio ni tal vez con la mayoría suficiente para prever hoy un gobierno en solitario como en Madrid. Pero es que Alfonso Fernández Mañueco, como ya he dicho en alguna ocasión, no es Isabel Díaz Ayuso –a la que tal vez se haya limitado su presencia en CyL– ni los castellanoleoneses son los madrileños. Además, no hay que olvidar la feroz campaña anti PP desatada desde todos los medios ante esa victoria holgada que se desprendía de las encuestas. Especialmente la última semana de campaña, todos los medios de manipulación, masiva o minoritaria, por tan diferentes como convergentes objetivos, pregonaban el desplome del PP y la posible victoria del PSOE, unos, y lo mismo respecto al retroceso popular, pero con el “disparo” de VOX, los otros. Esto último, desde los medios mayores, supuestamente conservadores/liberales, como La Razón o en menor medida –lo de conservador, no la campaña– El Mundo, o menores, como OKDiario, Voz Populi, El Independiente o El Debate, todos “tirando al verde”. Algunos, de los unos y de los otros, cuestionando incluso que la suma de la derecha pudiera alcanzar la mayoría absoluta. Mención aparte merecen, en mi opinión, los dos voceros mayores de VOX hoy, esRadio/LD de FJ Espantos y El Toro de Julio Ariza. Dos altavoces para el sectarismo irredento verde, que ya nos explicarán de dónde les viene el “fervor”, sobre todo al primero, de tan “colorido” recorrido.

Es cierto que las dos etapas anteriores de gobiernos del PP, aunque en distinta medida e intensidad, han contribuido, por deméritos propios, al descontento que llevó a algunos de sus electores más moderados a Ciudadanos y a otros más conservadores al primer VOX, desaparecido en pocos meses. Posiblemente a no pocos a la abstención. La primera etapa empezó con los tristemente famosos Pactos del Majestic de 1996, tras la también “amarga victoria” del PP de José Mª Aznar que, de facto, supusieron la cesión al nacionalismo de la Educación, dando lugar –con muchas más cosas después, claro, pero desde esa “semilla”– a lo que hoy existe en Cataluña y terminó con no retrasar las elecciones de 2004 después de la masacre de Atocha, próxima a su décimo octavo aniversario. Lo primero dio como resultado pasar de 19 diputados en Cataluña a los ridículos 3 de hoy. Lo segundo, a que llegara el que abrió de nuevo el melón de los odios históricos y la implantación de una nueva ideología que está rompiendo cada vez más a la sociedad y hoy se pasea por el mundo como embajador del chavismo comunista. Ni en esa etapa ni en la segunda, con Mariano Rajoy, que se encontró una sociedad mucho peor porque la brecha ya estaba abierta, se prestó atención a la batalla ideológica ni se cambió nada en ese sentido. Ninguno de los dos estableció una verdadera Ley de Educación –la madre de todas las carencias actuales–, la LOCE del primero ni se estrenó y la LOMCE del segundo se quedó en un remedo a medio implantar. Lo sencillo que hubiera sido nada más llegar, derogar la nefasta LOGSE de 1990 y recuperar, para empezar, la LOECE de José Manuel Otero-Novas de 1980, aprobada por la UCD y recurrida por el PSOE –al que el Tribunal Constitucional (ya empezaba) dio la razón–, que el intento de golpe de Estado de 1981 y la victoria de Felipe González en 1982 dejaron en el baúl de los recuerdos. No me voy a extender más en esto hoy.

Termino, simplificando mucho el trasiego de votos producido en CyL, más aparente que real, en el que parece que el PP recogió por su izquierda los votos que perdió Ciudadanos y cedió por su derecha los que “dispararon” a VOX. Los que perdió el PSOE puede que se fueran a la abstención en parte y que le dieran el “sorpasso” en Soria, feudo socialista en el que pasó del 40% al 18% del voto, que se fue a SY, 42’57%. Por cierto una provincia en la que VOX ni siquiera despegó y el PP mantuvo el escaño que tenía.

Y me hago una pregunta que me hace recordar el fenómeno naranja de otros tiempos ¿Dónde está el “disparo” de VOX si, ante el que dicen los agoreros antes citados, peor PP de la historia –creo que fue peor entre 2014 y 2018– se quedaron en 13 procuradores? Resulta que ese desastroso PP ha ganado en 1.529 municipios de los 2.248 que antes citaba, el 68%, el PSOE en 483, el 21’49% y el tercer partido en victorias municipales ha sido SY, con 93 municipios, el 4’14%. VOX fue el cuarto, con 83 municipios, un exiguo 3’7%. El mayor, Boecillo (Valladolid) con poco más de 4.000 habitantes y no digo más. Puedo repetir ahora con sólo cambiar el partido, aunque la reflexión sería diferente y no me voy a extender, lo que escribía en Diciembre de 2015 en un modesto Blog cordobés con el título de “¿Qué ha hecho Ciudadanos, Libertad Digital?” , cuando el antes citado Sr. de los Espantos ya era naranja por los cuatro costados y pasó de los 9 escaños con que superó los 3 de su inicio a 25 y me preguntaba “¿de qué le ha servido realmente esa importante subida? Sólo para situarse como primer partido de la oposición en ese totum revolutum anacrónico que se ha instalado tras la componenda de Juntos por el Sí”. O lo que le dedicaba al famoso comunicador para su parroquia, entregado todavía a Ciudadanos, en Abril de 2016 “¿Quo vadis, Ciudadanos?” , cuando decía entre otras cosas “Nunca votaré SÍ a la investidura de Sánchez” o “Ciudadanos no formará parte de ningún Gobierno que no presida”. Y para no ser demasiado pesado, lo que poco después, Julio, en “La plegaria de Losantos: un ministerio para Rivera” , cuando en pleno furor naranja, pedía al denostado Rajoy día sí día también –casi como ahora con Pablo Casado– un ministerio para su entonces admirado Alberto, al que le dedicaba esto: “Ciudadanos es un partido que, salvo hablar –más de la cuenta, y mal en muchas ocasiones. “Quien mucho habla, pronto yerra” – no ha hecho otra cosa que ser contestatario al nacionalismo catalán y que, en diez años, diez, de vida en Cataluña, y pese al abandono de esa bandera -y de otras- por parte del PSOE y del PP catalán –desnortado en esa región desde que Aznar ofreciera la cabeza de Vidal-Quadras a Puyol, en aras de la gobernabilidad, tras el Pacto del Majestic, en 1996-, no ha conseguido otra cosa que llegar a ser el primer partido de la oposición, muy lejos de poder tener capacidad alguna de decisión -25 diputados de 135 no dan para más-…”. Lamentablemente, salvo en lo de charlar, de VOX no puedo decir ni eso, porque ni siquiera es, ni en CyL ni en Cataluña, donde también se “disparó” hasta los 9 escaños, el primer partido de la oposición, aunque sí la oposición de la Oposición en el Congreso y anti PP siempre.

Mientras tanto, seguiremos de cerca los diálogos del vencedor de la últimas elecciones al que le recomiendo que piense muy bien su reunión con el desconocido Juan García Gallardo, que tendrá que ir con el paraguas de Madrid, como le pasó al ya para el recuerdo juez Francisco Serrano, cuando el “disparo” con salvas en Andalucía. Ya iré analizando los horizontes de gobierno, todavía inciertos.

 

Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de "España, S. A.". Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

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