La leyenda Negra Española. Parte vigésima y última. Madre Patria. Por José Antonio Marín Ayala

La leyenda Negra Española. Madre Patria. En la imagen el indio Gerónimo

«Quizás nuestra supervivencia como nación pase por reencontrarnos con aquellos que se refieren a nuestro país con el hermoso nombre de Madre Patria»

Y llegamos al final, que no es otro que el continuo renacer de los tejemanejes de nuestros ancestrales enemigos materializados en la Leyenda Negra Española.

«La leyenda negra española es la primera «fake news» de la historia (…) Es lo que más llama la atención. Ningún país se cree la historia que crean sus enemigos. ¿Algún francés se creería la historia de Francia escrita por Alemania en 1910? Imposible, porque Alemania era enemiga de Francia. ¿Cómo puede ser que los españoles y los hispanoamericanos aceptemos la historia escrita por nuestros enemigos?».

Estas contundentes palabras son del historiador argentino Marcelo Gullo Omodeo, que ha presentado recientemente su libro «Madre Patria», un esclarecedor libro donde demuestra que la leyenda negra española fue la obra más genial del marketing político británico, aunque luego tomaron el testigo los Estados Unidos y la Unión Soviética. Todo termina como ellos se habían propuesto: derrumbado y balcanizando España e Hispanoamérica.

En opinión de Gullo, el Imperio Español aceptaba todo tipo de críticas en su seno, incluso las de Bartolomé de las Casas, que eran totalmente falsas, porque había una libertad de pensamiento inédita. A pesar de su incendiario escrito en contra de la Corona, a nuestro desdichado clérigo le fue concedido el obispado más importante de Hispanoamérica, el de Cuzco.

«España e Hispanoamérica están perdiendo el norte porque han olvidado su verdadera historia, desfigurada por la propaganda política que durante siglos han vertido con éxito holandeses, ingleses, estadounidenses y soviéticos», afirma con rotundidad Gullo.

Alfonso Borrego, descendiente del líder apache Gerónimo (un guerrero indio que hablaba perfectamente español), y presidente de la Asociación Cultural Heritage Society del Camino Real de Tierra Adentro, le enseñaron en su infancia en El Paso, Texas (por cierto, sepa que España es un país del tamaño de Texas donde tenemos el doble de políticos que en todo EEUU), que los españoles llegaron un día y mataron a todos los hombres, mujeres y niños. Es una tradición oral que se transmite de generación en generación, pero de la que no hay nada escrito, salvo los renglones torcidos que garrapatearon los ingleses en nuestra Leyenda Negra. Los españoles quedaron como los villanos de la película para mexicanos, indígenas y estadounidenses porque fueron los únicos que se marcharon del continente americano. Pero tampoco tiene usted que documentarse de lo mucho que hay, con que se eche al cuerpo unos cuantos westerns de gringos persiguiendo y matando indios podrá comprobar quiénes fueron los que exterminaron sin piedad a los indígenas.

Alfonso Borrego dice que «cuando los ingleses llegaron aquí, al sur, se preguntaron: ¿Quién les ha dado rifles y caballos a los indios? ¡Pues los españoles! Porque los nativos no es que tuviéramos tratos con los españoles, como luego los tuvimos con los ingleses, es que directamente vivíamos con ellos. Éramos parte de la frontera española».

El estúpido que gobierna en la actualidad México nos exige ahora a los españoles que pidamos perdón por acabar con el imperio mexica, que en ese momento era el pueblo más poderoso de la parte central de México. Lo que debería saber este indocumentado es que el imperialismo azteca fue el más atroz de la humanidad: sacrificaban cada día miles y miles de personas de los pueblos dominados, les exigían tributo en sangre y se comían a los niños de los vencidos en las pirámides. Si Hernán Cortés tuvo éxito es, según Gullo, «porque dijo a esos pueblos sometidos que eso se iba a acabar: con nosotros esto nunca va a ocurrir». La conquista fue en realidad la liberación del 80 por ciento de los mexicanos. En modo alguno se puede hablar de una conquista (como no lo fue tampoco el desembarco de Normandía en 1944 en la Francia ocupada por las fuerzas alemanas, que contaron en la vanguardia del avance aliado con la ayuda de miles de miembros de la Resistencia), sino una liberación que contó con el apoyo de miles de indígenas, como los tlaxcaltecas, contrarios a ese régimen de terror. Era imposible derrotar con 300 hombres a un ejército de un millón de hombres con que contaban los aztecas, señala Gullo, sin una importante ayuda desde dentro. Aun así, según el historiador mexicano Eduardo Matos Moctezuma, la táctica militar usada por Cortés para liberar México, tarea que le llevó dos años y que culminó el 13 de agosto de 1521, fue la de asediar la ciudad de Tenochtitlan, donde se hallaba Moctezuma, dominando el lago que la rodeaba, bloqueando los caminos y cortando el acceso al agua potable.

«Ahora hay gente aquí hablando de que los españoles deben pedir perdón ¿Pero de qué estás hablando? Pide tú gracias porque te dejaron todos los edificios, la lengua, la tecnología, alimentos y animales que en América no se conocían, todo hecho (…) La diferencia entre un inglés y un español es que los ingleses mataron a todos (…) Cuando los españoles llegaron aquí se mestizaron con los indígenas. Son dos culturas combinándose y creando cosas. Eso para mí es una cosa maravillosa y bonita (…) Cada vez son más los nativos que estamos hartos y cansados de ser víctimas, de estar metidos en ese grupo. La de España también es nuestra herencia». Estas son algunas de las emotivas palabras de Alfonso Borrego.

Marcelo Gullo opina que el actual dirigente de México «tiene el síndrome de Estocolmo: el cautivo termina admirando a su secuestrador. México es muy valiente con España, pero ningún presidente mexicano le ha dicho a su homólogo estadounidense: tú me robaste Texas, California, Arizona, Arkansas, Nuevo México y la mitad de Colorado. El 60 por ciento de territorio de México fue cedido por la fuerza en el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848, cuando las fuerzas estadounidenses estaban a punto de tomar la ciudad de México. Un año después del Tratado, por casualidad, se descubren las minas de oro de California, que convierten a EE.UU. en el primer productor del mundo de ese metal. Y luego pasó lo mismo con el petróleo de Texas. Estados Unidos le robó a México los territorios más ricos de América. Pero cuando quieren explicar las causas del subdesarrollo mexicano le echan la culpa a España». Aunque es posible también que después de tantos batacazos electorales sufridos, ahora que ha alcanzado por fin el poder quizá le deba algo a los norteamericanos (decía el camarada Stalin que los que votan no deciden nada. Son los que cuentan los votos los que deciden todo) y no tenga más tesitura que bailar al son que lo hacen todos los amancebados por el abuelo Biden, otro hipócrita que pide perdón por nuestra presencia en América. Lo más preocupante de un individuo así son las consecuencias que para las relaciones internacionales de ambos países pueden tener sus declaraciones. Hay que recordar que los vínculos de España con México son profundos. Nada menos que 175.000 españoles viven en México y en torno a 30.000 mexicanos radican en nuestro país. España es el segundo inversor en México, el primero de la Unión Europea, y cuenta con 7000 empresas instaladas en su país.

La realidad es que en territorio estadounidense apenas queda hoy un mísero 1% de las tribus que había antes del holocausto yanqui, lo que se traduce, en cifras, en el exterminio de 2 millones de indígenas. Y las reservas indias, último reducto de los nativos americanos en EE.UU., siguen estando ubicadas hoy en estados con nombre de origen español porque es allí donde pudieron estar a salvo de los yanquis. Esto tuvo como contrapartida el traslado desde África de 4 millones de esclavos negros para levantar económicamente los nacientes Estados Unidos de América. Y la misma sanguinaria hecatombe a manos de los yanquis sufrieron las tribus de Canadá, con el genocidio de 400.000 de sus aborígenes; y también en Guatemala, con 75.000 víctimas. Junto a sus aliados los ingleses, los norteamericanos perpetraron genocidios también en Australia, exterminando al 90% de su población, unas 630.000 personas. En Filipinas, islas que antaño pertenecieron al Imperio Español, acabaron con la vida de un millón de sus habitantes. Y en la India fueron más de 85 millones los seres humanos que murieron de hambre a manos de ingleses y estadounidenses, durante el período comprendido entre 1765 y 1947, por la obligación impuesta por los colonos a los agricultores locales de cultivar opio para la exportación a China, en lugar de cultivos alimentarios locales, resultando de ello una gravísima escasez de grano para la población. Estas son solo, grosso modo, algunas de las atrocidades que casi nadie habla de las que se tienen por las democracias más avanzadas del mundo.

Gullo hace un delicioso símil animalesco para explicar el declive sudamericano: «Inglaterra miraba a Hispanoamérica como el gato mira al canario: “Te quiero comer, pero eres español. Lo que tengo que hacer es una historia falsa de España. Hispanoamérica romperá ella sola sus vínculos con España y después yo me comeré el canario y tendré un mercado cautivo para mí”. Las elites criollas ya tenían relación con Inglaterra a través del contrabando, pero luego la leyenda negra hizo el resto».

Y si acaso piensa que Marcelo Gullo abraza ideas políticas sospechosamente radicales, sepa usted que el prólogo de su obra «Madre Patria» lo ha firmado nada más y nada menos que el socialista Alfonso Guerra, quien alerta de la presencia de este nocivo virus de la Leyenda Negra Española no solo entre muchos españoles, sino en el seno de nuestras instituciones públicas.

Gullo dice que España e Hispanoamérica, manipuladas por las potencias extranjeras, corren el riesgo de desmembrase en mil pedazos por esa desnaturalización de su historia, pues la gesta llevada a cabo por el Imperio Español «fue el mestizaje más profundo de la historia. España lleva a México y a Perú a sus mejores profesores. El mismo Cervantes se inscribió para venir a México. Médicos españoles fundan cientos de hospitales que terminan siendo mejores que los de Madrid, Barcelona o Sevilla. Combinan la medicina tradicional con la europea. Los ricos querían viajar a Lima para curarse. Se crean universidades. Cuando se funda la de San Marcos -80 años antes que Harvard- no había colegios secundarios todavía en Estados Unidos. España nunca consideró a América un botín. Si lo hubiera creído hubiera hecho lo que otros conquistadores: fundar ciudades en la costa para robar y huir rápido. España crea ciudades en el interior del continente, cada una con su propia industria. No hay relación metrópoli-colonias porque no había dependencia».

Para que vea usted cómo se toman las críticas países que son pilares de la civilización y democracias avanzadas (por cierto, un informe reciente de The Economist alerta que la España que está forjando este gobierno socialista-comunista-independentista ha dejado de ser una democracia plena), a diferencia de la libertad de expresión que aquí hay desde hace siglos, analicemos el efecto que tuvo la publicación, en 1971, del libro «Las venas abiertas de América Latina», del escritor uruguayo Eduardo Galeno. En él denuncia lo que él cree que fue el constante saqueo de los recursos naturales de la región, entre los siglos XVI y XIX, por parte de los imperios coloniales, y los estados imperialistas, como el Reino Unido y los Estados Unidos, principalmente desde el siglo XIX en adelante. El libro tuvo un rotundo éxito porque ratificaba aspectos interiorizados de la leyenda negra española y verdades como puños de los desmanes anglosajones. Cuando dos años más tarde, en 1973, se desataron los golpes de estado de Uruguay y Chile, ambos ejecutados con la ayuda de los EEUU, Galeno tuvo que huir por patas de su patria y exiliarse. La CIA tiene su nombre en un lugar de honor de su lista negra. A pesar de la popularidad del libro, su autor reconoció tiempo después que de economía política no sabe una papa, lo que invalida muchas de las suposiciones que recogió tan alegremente en él. Quizá su mala conciencia le haya llevado a afirmar que es un proyecto del que no quiere ya ni oír hablar.

Ahora se invoca un fundamentalismo indigenista en las universidades americanas, cuya cabeza visible en la sociedad son tipos como el AMLO en México; el patán ese del sombrero que gobierna el Perú; el ex cultivador de coca Evo Morales, en Bolivia; y unos cuantos «intelectuales» más en Ecuador, Guatemala, Venezuela, etc., para seguir engrasando los resortes de la leyenda negra. Marcelo Gullo dice que «lo mismo que pasó en España con Cataluña está pasando en Hispanoamérica con el fundamentalismo mapuche, aimara y quechua. Van a fragmentarnos en cientos de repúblicas distintas y vamos a ser más débiles que antes».

El historiador mexicano Rodrigo Martínez afirma que el uso y la preservación de las lenguas indígenas se mantuvieron vivas durante todo el Imperio Español en Nueva España. Las comunidades continuaron hablando sus propias lenguas y los franciscanos, y después los jesuitas, se esforzaron en aprender aquellas lenguas indígenas para llevar a cabo la evangelización mediante ellas.

La leyenda negra ha llegado intacta hasta nuestros días y prueba de ello son los tópicos españoles retratados en numerosos chistes comparándonos con el chovinista francés o el eficiente alemán. La entrada de España en la Unión Europea, un proyecto creado por nuestros enemigos, no fue más que una nueva forma de someter al pueblo español. Gullo opina que cuando España ingresa en la Unión Europea lo hace en una clara desventaja con sus supuestos aliados. España negoció mal su adhesión a Europa por culpa del complejo de inferioridad derivado de la leyenda negra. Cuando Alemania logra su reunificación, tras la caída del Muro de Berlín, entonces empieza a gestarse dentro de Europa una metrópoli y sus correspondientes colonias.

Y no piense usted que esta es una idea retorcida mía fruto de alguna fobia hacia los extranjeros. El Centre for European Policy (CEP), un grupo de expertos alemán cuya misión es evaluar los proyectos de ley y de legislación de la Unión Europea sobre la base de criterios de libre mercado, analizó en 2019 el balance económico de cada país desde que comenzó a usar el euro. En su estudio «20 años del euro: ganadores y perdedores» se puso de relieve que dos países habían resultado claramente beneficiados de este fabuloso invento. Creo que a estas alturas de la película debe resultarle obvio quiénes han podido ser, ¿verdad? Exacto. Lo ha adivinado: Alemania y Holanda. Recoge el mentado estudio que, en conjunto, de 1999 a 2017, el euro en Alemania ha generado ganancias por valor de 23116 euros por habitante. En el caso de los Países Bajos, los ciudadanos neerlandeses no se quedan a la zaga de los germanos: han ganado 21.000 euros desde que comenzaron a usar la moneda única. Y como puede usted suponer, toda esta generosidad económica ha sido a costa de los PIGS. Así, cada ciudadano italiano ha perdido 73.605 euros desde 1999. En el caso de Portugal fueron 40.604 euros por habitante. Y España, por su parte, se ha dejado en el camino 5031 euros por barba desde que adoptamos esta moneda, aunque el CEP nos pone como ejemplo a seguir, pues la reforma laboral habida tras la última crisis vivida en 2008 pudo ralentizar esta sangría. Pero estas magníficas expectativas, la de ir perdiendo poder adquisitivo poquito a poco, pueden quedar en agua de borrajas, ya que nuestro gobierno frankensteiniano ya ha aprobado la revocación de esta reforma laboral para poder seguir la tónica descendente, in crescendo, de italianos y portugueses. España sigue liderando, pero por la cola, los diferentes rankings de cifras económicas, tanto en la Unión Europea como en la OCDE, de tal forma que es la peor de todos que ha gestionado la crisis motivada por esta pandemia.

Y parece como si esta situación satisficiera plenamente a nuestros más contumaces enemigos, a tenor de las publicaciones que se suceden en los medios de incomunicación. Lea y alucine. Como el grupo político de extrema derecha español ha calificado al gobierno de Sánchez como el peor en 80 años, en una rocambolesca suposición causa-efecto el Financial Times acusa a la formación de mostrar su «preferencia por el régimen fascista de Francisco Franco», un periodo de nuestra historia ya enterrado que fue de 1939 a 1975.

Marcelo Gullo continúa diciendo: «Cuando se negociaba la entrada de España en la Comunidad Económica Europea, muchos españoles decían que ellos no tenían nada que ver con Hispanoamérica, creyéndose rubios teutones. Era un absurdo absoluto. Había sentimiento de inferioridad con respecto a los alemanes y de superioridad con los latinoamericanos. Eso suele pasar en general con las personas con sentimiento de inferioridad».

«Cuando voces desnortadas como Ortega y Gasset o Madariaga dicen que la solución de España es Europa cometen un error histórico gravísimo, continúa diciendo Marcelo Gullo, pues la verdadera Europa la habían hecho Italia y España. España va a dar lo mejor de Europa durante 100 años, toda la literatura, el arte, la técnica, la medicina. Fue la referencia para el pensamiento europeo durante todo el siglo XVI. Todo ese aporte fue enterrado por la propaganda política extranjera. España crea el derecho internacional con Francisco de Vitoria, Mariana, Suárez, la Escuela teológica española. También inicia el pensamiento económico mucho antes que Adam Smith. Luego vino la leyenda negra, el oscurantismo, y pasó eso tan curioso: los españoles creyeron la falsa historia de España contada por los ingleses».

Esa profunda hispanofobia que tan sólidamente está instaurada en nuestro país lo hace especialmente vulnerable en el concierto internacional, y hasta en el doméstico, con regiones que amenazan con independizarse sin que haya una respuesta contundente que impida que consuman su felación los que se han vendido a nuestros enemigos. Dice Marcelo Gullo que «cuando los españoles aceptaron su leyenda negra estaban creando las semillas del monstruo separatista en Cataluña. La realidad que esos catalanes niegan hoy es que Cataluña se desarrolló industrialmente gracias al sacrificio de todos los españoles, que eran cautivos de su industria textil».

Cualquiera que se tome la molestia de leer nuestra leyenda negra podrá reconocer en muchos políticos e intelectuales de nuestro tiempo la figura de un Bartolomé de las Casas, la de un Antonio Gavín o la de un Antonio Pérez, traidores a España que por dinero u odio la vendieron al mejor postor y sirvió de alimento a nuestros enemigos.

Fíjese usted qué negocio más cojonudo está haciendo España. Las familias ahora no quieren tener hijos, por lo que la población está cada vez más envejecida. El gobierno anima a las embarazadas a que aborten, para ello el estado pone los medios. Los pocos nacidos que destacan en los estudios se los rifan los que nos quieren tanto, porque aquí no hay trabajo para ellos en el sector secundario, el más pujante (A ver cómo se come eso de que siendo el español el segundo idioma más hablado del mundo, después del chino, tengamos que hablar inglés para ser algo en la vida). Entonces el empleo del sector primario lo ocupan personas venidas en patera de África y el terciario, el de servicios, los españoles. Para terminar de darle forma a este proyecto, el gobierno aprueba una ley de eutanasia para que podamos ser despachados por nuestros familiares cuando seamos un estorbo y se vaya limpiando la era de improductivos.

Alfonso Borrego, el pariente de Gerónimo dice: «Mira, la cultura es mestiza y España ya venía con su mestizaje desde Europa. Todos, todos somos parte de esa cultura. No se tiene que elevar a una parte más que a la otra. Los mestizos hispanos somos el grupo más grande del mundo. Pero tenemos que reconocer esa cultura, lo que somos, en Perú, en Argentina, en Venezuela, en Costa Rica, en México o en Filipinas. Pero, cuando nos dicen desde pequeños que los peores de los peores fueron los españoles, pues nadie quiere ser parte de ese grupo».

Los políticos no entienden la demografía, afirma Marcelo Gullo. España tiene una pirámide poblacional funeraria. Eso solo se soluciona con inmigración, pero solo funciona si el inmigrante está dispuesto a aceptar la cosmovisión del país de llegada. Los únicos que tienen la misma forma de entender el mundo que los españoles son sus hermanos hispanoamericanos. Solo una inmigración hispanoamericana puede salvar a España. Para eso hay que desterrar la leyenda negra. Si no el inmigrante llegará con odio, lleno de prejuicios.

España no debe nada a Europa. Nos han exprimido y lo seguirán haciendo hasta acabar con nuestra soberanía. La salida de Europa del «Reino desUnido», a pesar de no ser una tragedia para nosotros, es una clara advertencia. Quizá nuestra supervivencia como nación pase por reencontrarnos de nuevo con los que convivimos durante más de 300 años, con aquellos que se refieren a nuestro país con el hermoso nombre de «Madre Patria».

Jose Antonio Marin Ayala

Nací en Cieza (Murcia), en 1960. Escogí por profesión la bombería hace ya 37 años. Actualmente desempeño mi labor profesional como sargento jefe de bomberos en uno de los parques del Consorcio de Extinción de Incendios y Salvamento de la Región de Murcia. Cursé estudios de Química en la Universidad de Murcia, sin llegar a terminarlos. Soy autor del libro "De mayor quiero ser bombero", editado por Ediciones Rosetta. En colaboración con otros autores he escrito otros manuales, guías operativas y diversos artículos técnicos en revistas especializadas relacionadas con la seguridad y los bomberos. Participo también en actividades formativas para bomberos
como instructor.

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