Cosas inútiles. Por Gusarapo

Rosal Banksiana: La belleza de las supuestas cosas inútiles. En imagen ejemplar en floración en el Parque del Retiro de Madrid

“Vamos a ver a muchas personas dañadas por unos dedos empeñados en romper la cáscara del bienestar personal. Hay muchas cosas inútiles”

Hablaba esta semana con alguien a quien aprecio, sobre cosas inútiles que un servidor alberga en su sesera tras años de leer, escuchar y observar. Y así hablando y hablando, le comenté algunas generalidades del rosal Banksiana. Sin motivo alguno. Porque se me vino a la cabeza. Este tipo de rosal, proveniente de China occidental y central, es una especie incluida entre las variedades de rosales trepadores.

Imagino que ahora se verá en cualquier punto de España, pero hace años no era muy habitual pese a que llegó a Europa en los principios del 1800 de la mano de William Kerr por encargo de del barón y naturalista sir Joseph Banks.

Mister Kerr era un jardinero de origen escocés, trabajador de los Royal Botanic Gardens de Kew, y se convirtió en el primer recolector occidental de plantas profesional a tiempo completo en China. Llevó a Gran Bretaña doscientas treinta y ocho especies, entre las cuales se encuentran la Kerria japónica, Begonia grandis, Euonymus japonicus, Lilium lancifolium, Nandina domestica, Pieris japonica y Rosa banksiae.

Raro es el jardín donde no hay un evónimo o bonetero variegado, verde y amarillo.

El rosal Banksiae recibió este nombre en honor de la esposa de sir Joseph Banks, botánico conocido por haber acompañado a James Cook en su expedición de 1787 por el Océano Pacífico, director de los jardines de Kew e introductor del eucalipto y las acacias en Europa.

Cuando hablo de la acacia, me estoy refiriendo entre otras, a la mimosa. Setenta y cinco especies llevan su nombre.

El rosal banksiae o Rosa Lady Banks, es un arbusto semitrepador de gran altura, hasta seis metros, de troncos libres de espinas, aunque a veces puede presentar algunas, perenne en su lugar de origen, que produce pequeñas flores de color blanco o amarillo agrupadas en vistosos racimos, y con aroma a violetas.

La forma silvestre presenta flores sencillas, Rosa banksiae normalis, y la Rosa banksiae banksiae, presenta flores dobles.

En 1824, John Damper Parks, trajo a Europa la variedad Rosa banksiae Lútea tras recolectar varios ejemplares para la Royal Horticultural Society en el Jardín Botánico de Calcuta, India.

Esta variedad fue una de mis preferidas hace años. Si tienen posibilidad de contemplarla en alguna ocasión, al inicio de la primavera, no dejen de hacerlo, les sorprenderá su gran belleza y su espectacularidad.

Parks también trajo otras especies interesantes, como la Camellia reticulata, Aspidistra punctata Lindl. y la rosa de té amarilla Rosa odorata ochroleuca Lindl.

La Rosa banksiae se ha utilizado como portainjerto de variedades de rosales trepadores. Otros portainjertos son la Rosa noisettiana “Manetti”, la Rosa “Dr. Huey”, la Rosa fortuniana.

Y hablando de la rosa banksiae, recordé a un animal que tiene un nombre que empieza por las mismas letras, una gallina, aunque no tienen nada que ver. 

El gallo bankiva

También de Oriente, pero de más abajo que China, vino la raza de gallinas Bankiva, Gallus gallus bankiva, una subespecie de Gallus gallus, ancestro salvaje del gallo doméstico.

Es ésta una raza de gallinas de las consideradas enanas. Ponen una postura de entre diez y doce huevos, y se quedan hueras, esto es, que los incuban. Es una raza que presenta un claro dimorfismo sexual, las hembras son de color marrón con dibujos oscuros, y los machos son de color rojo vivo.

Hubo un tiempo en que en prácticamente todas las casas de campo y pueblo de España había gallinas. Se trataba de razas autóctonas, del país, de la región. Esas gallinas incubaban sus propios huevos al igual que la bankiva.

Sin embargo, con los avances de la avicultura, se sustituyeron esas razas autóctonas por razas híbridas de puesta, y estás últimas no incubaban, por lo que se recurrió, a nivel doméstico, cuando no se tiene una incubadora artificial, a unas gallinas enanas similares a las Bankiva.

Y así recordé algo más.

Tenía mi abuela un carácter muy inquieto, nervioso, era muy impaciente. En cada casa a la que iba a vivir, siempre tenía unas gallinas. Le gustaban mucho las gallinas, por los huevos y por los pollos que criaba con regularidad.

Cuando una gallina se quedaba huera, le metía el número de huevos que la gallina pudiera cubrir con sus plumas, sin dificultad, en un cesto. Y colocaba el cesto con otro por encima de la gallina, cubriéndola, en lugar oscuro y tranquilo.  Anotaba el día de inicio de la incubación en un calendario de pared que le enviaban todos los años junto a una revistilla religiosa católica a la que estaba suscrita con periodicidad mensual.

Dos días antes de la fecha del nacimiento, previsto para veintiún días después del inicio de la incubación, se llevaba el cesto a su dormitorio, y lo colocaba junto a la cabecera de la cama en el lado en que ella se acostaba.

Los pollos pían en el interior del huevo, y ella, mi abuela, controlaba que todo fuera bien. Hasta aquí, todo perfecto.

El problema llegaba cuando los pollos comenzaban a romper el cascarón, y ella, mi abuela, se levantaba y comenzaba, presa de su gran impaciencia, a ayudar a los pollitos en su trabajo de ruptura de la cáscara, y pretendiendo lo contrario, mataba accidentalmente a alguno. O algunos.

No se podía saber con certeza si las bajas se producían por su negligente manipulación o porque tenían algún problema que impedía su viabilidad. Pero mi abuelo consideraba que se debían a la impaciencia e imprudencia.Y lo que decía el abuelo, iba a misa.

Las imprudencias suelen conllevar problemas serios, incluso la muerte, como en el caso de aquellos indefensos pollitos. Hay imprudencias que no pasan de ser una mera anécdota, pero hay otras que ponen en jaque el bienestar y el futuro de muchas personas.

La ilustre Marisú, la guardiana de las siete llaves que abren y cierran el arca de los caudales públicos, que en mi opinión no debería hacer otra cosa que contar grillos en los resecos campos del agro español, dijo ayer, según he podido leer en declaraciones recogidas por algún medio en relación al asunto argelino, que “muchas de las cuestiones que se plantean como una amenaza no serán tal, porque los contratos de gas y otros productos son a medio plazo y estos no se van a romper como se les ha trasmitido a las empresas que lo han suscrito“.

Parece ser que esta señora no se ha enterado de que ya no nos compran ni añojos ni corderos cebados. Ya no sale el “barco” cargado con los animales desde los puertos españoles para allá.

Aunque cierto es que como el campo español y todo lo que está dentro de él, les importa un pepino a ella y a sus compañeros de gobierno, no es de extrañar que lo ignore o que haga por ignorarlo.

Y esto y otras cosas, por imprudencias.

Vamos a ver a muchas personas ahogadas económicamente, dañadas por unos dedos empeñados en romper la cáscara del bienestar personal. Resumiendo, que hay muchas cosas inútiles.

Gusarapo

Soy más de campo que las amapolas, y como pueden ver por mi fotografía, también soy rojo como ellas. Vivo en, por, para, dentro y del campo. Ayudo a satisfacer las necesidades alimenticias de la gente. Soy lo que ahora llaman un enemigo del planeta Tierra. Soy un loco de la naturaleza y de la vida.

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