Altas traiciones y bajas pasiones. Por Amando de Miguel

Altas traiciones y bajas pasiones. Ilustración de Tano 2022. “Autorretrato de Don Narciso”

«Nunca lograremos agradecer los ímprobos esfuerzos de nuestro amado presidente, el doctor Sánchez, por añadirse a la lista de los grandes traidores de la historia»

Hace tres generaciones, se formó en España una suerte de Gobierno, altamente, sectario: el llamado “Frente Popular”. Lo constituían una conjunción de socialistas, comunistas y separatistas. Ante tal situación y una extrema violencia en la calle, el líder de la derecha en el Congreso, José Calvo Sotelo, clamó a la desesperada: ”Prefiero una España roja a una España rota”. La respuesta del Gobierno fue que sus sicarios lo asesinaron. Fue la chispa que precipitó el “alzamiento” de los generales y la consecuente guerra civil. Significó una respuesta contundente a la traición de la dicotomía apuntada por Calvo Sotelo.

Por desgracia, la historia, que comienza como tragedia, se repite como farsa, según dictaminara Carlos Marx. Tres generaciones después, el atildado presidente Sánchez aúna otra vez a socialistas, comunistas y separatistas. Como símbolo, el Gobierno, a través de Correos, emite un sello con la hoz y el martillo en colores. El cromo pretende ser un homenaje a la aportación que tuvo el Partido Comunista de España a la democracia durante la Guerra Civil. Estamos ante el bodrio del ludibrio del manubrio. Es decir, la provocación resulta descarada.

Menos mal que los españoles hodiernos no estamos, ya, para revoluciones comunistas, ni para secesiones regionales; pero, por Sánchez que no quede. Su decisión personal de abolir el delito de sedición constituye un acto de alta traición según la conciencia de muchos españoles. Nunca lograremos agradecer los ímprobos esfuerzos de nuestro amado presidente, el doctor Sánchez, por añadirse a la lista de los grandes traidores de la historia. Hela, aquí: Judas Iscariote, Bruto, el conde don Julián, Bellido Dolfos, doña Marina (la Malinche), Antonio Pérez, Guy Fawkes.

La figura del traidor de alto copete puede verse, también, como un héroe fracasado en extremo. El traidor inspira desconfianza y recelo, sobre todo, años después, al convertirse en leyenda.

El traidor suele ser una especie de narcisista, que intenta borrar todo lo posible el sentimiento de culpa por su conducta dañina hacia otros, para los que debía lealtad. Empero, no puede dejar de traicionarlos, porque lo suyo es una invencible obsesión de pasar a la historia como una figura epónima. La divisa implícita del traidor afamado es “caiga quien caiga”. El ideal implícito de Sánchez es hermanarse con los sátrapas de Colombia, Venezuela, Nicaragua, Perú, Brasil, Chile y algunas otras repúblicas de la zona. La Hispanidad tira mucho. Es más, Sánchez aspira, secretamente, a erigirse como presidente de la III República española, naturalmente, federal. Su narcisismo no tiene límites.

En el caso que nos ocupa, la infidelidad del doctor Sánchez es mayúscula, al empeñarse en desbaratar el orden constitucional. Por eso se puede hablar de “alta traición”. Supone una personalidad con un ego descomunal. Bien es verdad que, en la vida corriente de todos nosotros, las pequeñas traiciones o infidelidades son cosa común. Es más, algunas veces necesitamos silenciar el sentimiento de culpa para ocultar nuestras debilidades y el posible daño de ciertas indignas acciones por nuestra parte. Se comprende, pues, que el traidor se considere contrariado cuando reciba tal tratamiento por parte de las personas dolidas. Es una cuestión íntima, afectiva, más que jurídica. Por eso mismo, la alta traición es un suceso tan extravagante como perjudicial.

No se espere que “el gran traidor” reconozca el daño que pueda infligir a la colectividad. Por eso hay que recurrir a instancias jurídicas extraordinarias, las de los “altos tribunales”. Se comprenderá, ahora, la ocurrencia obsesiva del doctor Sánchez por “monitorizar” (como, ahora, se dice) el Tribunal Supremo.

Amando de Miguel para Libertad Digital.

Amando de Miguel

Este que ves aquí, tan circunspecto, es Amando de Miguel, español, octogenario, sociólogo y escritor, aproximadamente en ese orden. He publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. He dado cientos de conferencias. He profesado en varias universidades españolas y norteamericanas. He colaborado en todo tipo de medios de comunicación. Y me considero ideológicamente independiente, y así me va. Mis gustos: escribir y leer, música clásica, chocolate con churros. Mis rechazos: la ideología de género, los grafitis, los nacionalismos, la música como ruidos y gritos (hoy prevalente).

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