Cultura de la violación. Por Unai Laño

Cultura de la violación.

«El odio hacia el hombre y hacia las mujeres libres, es solo un reflejo del influjo brutal de la maquinaria de propaganda del Gobierno»

Desde que Irene Montero es ministra de Igualdad las violaciones en España han aumentado un 34%, la cifra de mujeres asesinadas ha alcanzado este año un máximo que no se veía desde antes de la creación de su ministerio, evidenciando por ello su ineficacia e inutilidad y gracias a su Ley «solo sí es sí» cientos de agresores sexuales saldrán a las calles o verán rebajadas sus penas en los próximos meses. Concretamente 134 en estos momentos ya han sido beneficiados y los años de pena reducidos rondan los 140 en total. Escándalo tapado con otro escándalo, teniendo en cuenta que el Gobierno en 1 mes ha intentado asaltar el TC, ha eliminado el delito de sedición y ha reformado el de malversación para que pegar golpes de Estado y robar quede impune. Pero permítanme que vaya más allá respecto a este asunto, la memoria que el Ministerio de Igualdad remitió al Congreso señalaba que el corte en las condenas «resultaba necesario» antes de aprobar dicha ley, por lo que Irene Montero dio el visto bueno a las reducciones de pena en la ley del solo «sí es sí». Era plenamente consciente de lo que supondría, no fue un error. Para continuar con su programa ideológico necesitan seguir llenando las calles de violadores y pedófilos, no vaya a ser que se queden sin argumentario ni agenda no habiendo nadie que siembre el pánico en las calles y les haga peligrar su chiringuito. Un «problema» que genera miles de millones de euros, lo último que interesa es erradicarlo.

 

No hay crisis económica, alza de precios, factura energética, precariedad laboral, pandemia, desabastecimiento, amenaza bélica o fractura interna en el Consejo de ministros que pueda con Irene Montero y sus secuaces borregas, fieles a su ración anual de alfalfa, personificada en un ministerio el cual nos cuesta más de 573 millones, un 9% más que en el 2022, con una única jornada laboral anual. Se ve que poco les parecía el gasto destinado a “combatir el machismo”, que el mismo país que recibió 12.000 millones de Europa 3 meses antes para impedir un colapso económico, destina 23.319.000 millones de euros en impulsar políticas feministas de forma transversal en todas las administraciones. Pobres semáforos, bancos y buzones… la que les espera… Ironías aparte, os preguntaréis como socialmente nos vemos envueltos en tal situación y como una gran parte de la población apoya y defiende la causa, no sé cuál, pero la causa. Bien, el aquelarre feminista al que ya nos tienen acostumbrados los partidos de izquierda desafortunadamente desde hace años a ver, el apropiamiento del concepto mujer, los eslóganes que graznan las manifestantes, las pancartas, el odio hacia el hombre y hacia las mujeres libres, es solo un reflejo del influjo brutal de la maquinaria de propaganda del Gobierno a través de sus tentáculos en decenas de organizaciones subvencionadas, un cáncer politizado en toda regla que «funciona» gracias a un juego de intereses a tres niveles:

 

En primer lugar, a nivel político, victimizando a «las mujeres» como colectivo, politizando cualquier problema social. Esto permite a los políticos de izquierdas habiéndose apropiado de ellas, presentarse como sus salvadores y atraer su voto con facilidad. Por este motivo, desde las instancias políticas, se impulsa, promociona y subvenciona generosamente todo lo que venga a reforzar el «feminismo», aunque se trate de una auténtica aberración ética y jurídica.

 

En segundo lugar, a nivel académico e intelectual, gracias al impulso político que recibe el «feminismo», sirve a los mediocres para impulsar su carrera. No hablemos de la cantidad de chiringuitos subvencionados dirigidos por auténticas indigentes mentales que han hecho de ello una forma cotidiana de vida.

 

Y en tercer y último lugar, a nivel de calle. Son muchas las personas que compran el discurso feminista sin siquiera leer el manifiesto que motiva la concentración o ser conocedoras de la ya igualdad jurídica, y vacío de contenido del término, entre hombres y mujeres desde el año 78. Normalmente justificando su descontento en la desigualdad social que generan particulares independientes denunciables ante la ley. Basta con ver la distinta variedad de personas en tales concentraciones, muchas mujeres lo hacen por el componente victimista de ese discurso, que les permite culpar de sus fracasos a otros (hombres, sociedad, patriarcado) y liberar frustración, y a su vez muchos hombres, por su parte, también compran ese discurso, porque les permite disfrazarse de mejores personas, algunos sin pararse a pensar siquiera en que están siendo manipulados, y otros porque hacen del «parecer mejores personas» su forma de vida (buenismo).

 

Todo esto, como se puede comprender, no es fruto de un día para otro. Las asociaciones y partidos de izquierda llevan años con este adoctrinamiento sistemático en colegios, universidades y medios de comunicación. Lo que vemos hoy son los frutos de los últimos años durante los cuales no han tenido oposición. En definitiva, las feministas son al feminismo lo que el progresismo es al progreso, lo que los sindicatos son al obrero y lo que el carterista es a la cartera. En eso se ha convertido el feminismo de hoy en día, lejos de buscar la igualdad ya obtenida, en un negocio hembrista impositivo al varón en el que unas personas se atribuyen la representación de otras muchas más cobrando por ello, cuando ni las representan, ni tienen derecho alguno a representarlas. El feminismo es la mayor estafa del siglo XXI, hemos despilfarrado miles de millones de euros en chiringuitos y en un ministerio que no sirven para absolutamente nada, únicamente para que 4 analfabetas funcionales se lucren a la vez que nos enfrentan a los españoles. Una cajera del Saturn que logró llegar a ser ministra por ser la pareja de, y una tipa de 33 años sin haber trabajado nunca, dando lecciones de feminismo y haciendo leyes reflejando su ignorancia, culpando a los jueces de machistas por aplicarlas y pidiéndoles formarse. Unas tipas que acabaron castigando los piropos y excarcelando a los que abusan de ellas. El chiste se cuenta solo.

Unai L. Matas

Mi nombre es Unai Laño Matas, tengo 20 años y resido en el País Vasco, doblemente por ello español. Defensor del constitucionalismo y la unidad de España en estas tierras hacen que mi lucha se convierta en obligación más que afición. Siempre he considerado pilar básico fundamental la batalla cultural y la no sumisión ante la izquierda. El verdadero español no lucha porque odia, sino porque ama lo que tiene detrás.

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