El certificado de progresismo. Por Francisco Gómez Valencia

El certificado de progresismo.

«¿Por qué la mayoría silente se conforma con ser devorados por los leones o ser pasto del analfabetismo sectario que tratan de imponernos los bárbaros?»

Los políticos condenan, las instituciones y empresas públicas dirigidas por ellos condenan, los poderes legislativos condenan, la Abogacía del Estado condena, las Fiscalías condenan, la cultura condena, el mundo empresarial condena, el deporte condena, los medios de comunicación condenan y quienes realmente condenan, es decir el poder judicial, también es sometido a la condena de todos los anteriores incluidos cada uno de nosotros sin ser jueces.

La propia sociedad se infringe a sí misma la condena pero: ¿Cuándo nos dieron tal capacidad y derecho? ¿Cotiza más ser un triste meapilas sometido al buenísmo, o realmente mola más ser un antipático borde, y quedar hasta mal a veces por ser raro, displicente y critico con ellos, a cambio de ser respetuoso y fiel defensor del orden natural? ¿Tendrá que ver con que cada vez somos menos gente los que ya solo tememos a Dios y a sus mandamientos por desidia? Si es así: ¿Qué mas da ser católico creyente, católico ateo o católico cultural? Lo importante es seguir siéndolo ¿Realmente somos menos o es que nos hemos convertido o sucumbido a la holgazanería y la corrupción del espíritu otra vez? ¿Por qué la mayoría silente se conforma con ser devorados por los leones o ser pasto del analfabetismo sectario que tratan de imponernos a toda costa y sin descanso los bárbaros? ¿Acaso dudar del las leyes del hombre y del enfermo positivismo nos hace peores personas? Más vale que espabilemos todos independientemente de la calidad del fervor que derrochemos porque al Tribunal Constitucional ya le han inoculado un nuevo virus de los que nos enfermará más que el covid, es decir, una nueva miembro que defiende el derecho constructivista, que es la versión más asquerosa y dependiente del poder ejecutivo – legislativo que hayamos conocido en las Españas desde nunca jamas…

La Justicia como tal siempre debe ser siempre defendida, de lo contrario reinará el caos pero: ¿quien nos dice que la actual legislación dictada por políticos corruptos no está precisamente al servicio del caos? Esta nueva miembro va a trabajar para asegurar la permanencia de lo legislado en las últimas décadas desde la izquierda, y aceptará lo que la llegue en el año que queda de legislatura para cambiar la actual y enferma realidad. Van a tratar de convertirla por la puerta de atrás en otra de similares niveles de podredumbre aunque gobiernen otros. Los malos saben que los que vengan dejarán ciertas partidas presupuestarias a cero como hizo Rajoy, y dan por hecho que su heredero no se va a atrever a derogarlo todo si llega a lo mas alto porque también tiene su certificado de progresista camuflado con piel de moderado. Aún así los moderados del alto tribunal la preferían a ella antes que al candidato presidencialista, anteriormente fiscal del Estado en tiempos de ZP, lo cual resulta como poco curioso ya que fue quien tapó de mala manera la cal viva que usó antes Felipe González.

Con todo y con ello ya van casi 200 años de condenas reducidas de momento en España gracias a la defectuosa y maliciosa Ley ‘solo sí es sí’ y pese al escándalo, aún sigue en vigor. Ni tan siquiera se han planteado revisar la falta de rigor en su redacción, con lo que mucho menos sucederá de momento con sus principios formales. ¿Qué tendrá que suceder para que el PSOE se plantee la revisión? Probablemente la necesidad de dar algún golpe de efecto si las elecciones en mayo les van muy mal, y precisan diferenciarse o descabellar definitivamente a Podemos, fuerza que por cierto siempre necesitarán para llegar al Gobierno tal y como está la política española. Para que esto suceda previsiblemente Sánchez debiera haber roto de cara a la galería todos sus pactos de manera previamente consensuada, de tal forma que sus electorados dispongan de al menos seis meses para activarse y diferenciarse al desprenderse de los compromisos del acto de gobernar o influir directamente sobre la acción de Gobierno.

El ministro de presidencia hace unos días ya adelantó la primicia de que las generales serán en noviembre o diciembre, por lo que se nota y se siente que realmente al PSOE le interesa mucho que sean cuanto antes, pues de haber roto el Gobierno de coalición entre mayo y julio (antes de hacerse con la presidencia de la UE), el desgaste posterior será muy importante ya que sus socios serán también oposición, aunque desde Ferraz consideran que con airear hasta la nausea el falso liderazgo europeo, el fuego amigo quedará solapado.

 

Manifestación feminista

«Sin el certificado de progresistas chapoteamos según ellos fuera del constitucionalismo porque somos fascistas, golpistas, ‘trumpistas’ y ahora también bolsonaristas»

Un editorial en El País decía que en general quienes generan opinión de cualquier forma hoy en España con un mínimo de garantías de influir en la población, trabajan solo para conseguir únicamente el certificado de progresismo necesario para aspirar a recibir ayudas públicas (además de para figurar en LinkedIn), indiferentemente de quien gobierne. Cuestiones como el empoderamiento, el feminismo, la sexualidad abierta, o la interracialidad, son condiciones indispensables para que desde afuera del arte o al margen de la ciencia, sean siempre contempladas para subsistir sin necesidad de tener un mínimo de garantías de éxito en su difusión y rentabilidad. Del mismo modo, hablar abiertamente contra quienes están hartos de ser bombardeados con toda esta munición progre, se ha convertido en una técnica de marketing para darse a conocer ante los administradores públicos, los cuales son entendidos básicamente como patrocinadores y mecenas de esa corriente progresista. Así comprobamos a todo tipo de titiriteros mediocres insultar inicialmente siempre a cuatro millones de personas para promocionar su trabajo gratis y de inmediato solo para llamar la atención. Una vez logrado el escándalo, se ataca a otros ocho millones más desde los medios subvencionados hasta lograr que caiga del cielo el maná público. Después de esto, los resultados son lo de menos. En esas estamos porque como el dinero público no es de nadie, da lo mismo en que se malgaste (Carmen Calvo).

Hemos finalizado 2022 y Hacienda ha recaudado (nos ha robado), más que nunca, lo cual no será bueno ni para la Sanidad ni la Educación tal y como la conocemos. Ellos, los que nos tratan de matar civilmente para obtener los certificados oficiales de progresismo y quienes los emiten para que sigan promocionando su agenda, están en bucle y encantados consigo mismos. Son y serán imparables aún con un cambio de Gobierno porque todos condenan (condenamos), sin ser jueces.

Los progresistas condenan, los de centro centrado también y comparten pancarta con los primeros y los demás: chapoteamos según ellos fuera del constitucionalismo porque somos fascistas, golpistas, ‘trumpistas’ y ahora también ‘bolsonaristas’. Sea y a mucha honra. ‘Ancha es Castilla’ y más mis espaldas…

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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