
«Este gobierno, que supuestamente vino a combatir la corrupción, no solo la amplió, sino que se convirtió en fuente inagotable de la misma»
Existen dos categorías de gobiernos: Los que gobernando cumplen y hacen cumplir normas y leyes, y los que, sirviéndose de subterfugios, falsedades, traiciones y atropellos, ejercen el poder de forma omnímoda. En la España actual tenemos la peor de las versiones, la que perpetra sin contemplaciones el saqueo sistemático, y la manipulación sin contemplaciones de la justicia. La peor versión del socialismo de siempre.
¡Qué grandeza la de aquellos hombres! que, llegando al poder, sirvieron a su país de la mejor forma posible, administrando lo de todos cabalmente, pensando solamente en el bien común y en el engrandecimiento de España. En el caso actual, la dignidad y la vergüenza se exilaron el mismo día que Sánchez ocupó el poder, a los hechos me remito.
¡Que inmenso asco dais malditos canallas! mentisteis miserablemente hasta haceros con el poder, para a renglón seguido, limitaros a engordar vuestra faltriquera. No os frenó ni la masacre en la que murieron más de 150.000 españoles, anteponiendo vuestra ambición sobre las vidas de millones de españoles. Ni dudasteis en enriqueceros en la seguridad de no ser jamás condenados, claro que solo se arriesgan aquellos que nunca dejarán el poder, por las buenas.
Sórdida tarea la que han perpetrado estos degenerados, legislando con malas artes, colonizando las estructuras del estado, entorpeciendo la función de la justicia, administrando como propio lo que es de la ciudadanía. En un estado de derecho la justicia no está al servicio del poder, en la España actual la justicia es perseguida, vilipendiada, censurada, y no tardando tendrá que pasar a la clandestinidad.
En la satrapía de Sánchez se calumnia a los jueces, se les descalifica e insulta, y no tardando nombrarán jueces propios, exactamente lo mismo que hicieron a principios del siglo pasado las ideologías totalitarias. Lo hicieron los comunistas en la Rusia de Lenin y después de Stalin, los nazis de Adolf Hitler, el fascio de Mussolini, y también la izquierda extrema en la España de la preguerra.
Ninguna ley de desmemoria histriónica podrá ocultar lo que sucedió, por mucho que se empeñen socialistas y criminales legislando leyes que prohíban la voz el pensamiento y la verdad. Los que hasta hace unos años asesinaban, hoy día legislan leyes que prohíben recordar sus sangrientas matanzas.
El asesinato civil de jueces que tengan el coraje de enfrentarse al déspota, será la próxima parada. ¿Qué tipo de estado es aquel en el que los profesionales que tienen que velar por el cumplimiento de la Ley están siendo amordazados y amenazados por el poder ejecutivo? En este apartado deberíamos preguntarnos si nuestro modelo de estado son dictaduras como Méjico, Venezuela o Cuba, dictaduras donde sus cimientos fueron construidos sobre centenares de miles de cadáveres.
Este gobierno, que supuestamente vino a combatir la corrupción, no solo la amplió, sino que se convirtió en fuente inagotable de la misma. A la vez que brotan nuevos escándalos, las negativas a declarar de los acusados se han convertido en su mejor defensa.
Con Griñán, Chaves y demás basura sociata en la memoria, el futuro de esta chusma está plenamente asegurado por el Constitucional de Pumpido, el cual dictaminará que aquí no ha robado nadie. Círculo infernal, donde el crimen y el saqueo, están protegidos y amparados por el poder político actual, y su coro de aduladores y sicarios.
Fiscales que no fiscalizan, abogados del estado que no defienden los intereses del estado, y un presidente del TC que borra sentencias del Supremo y amnistía a los ladrones que son de su cuerda. España es un cadáver muy jugoso para la basura que campa a sus anchas. Desde el PNV, cuna de grandes aprovechados y cobardes, la propia ETA actual, la canalla de ERC de toda la vida, la nueva mafia de Pujol reconvertida en Extorsionadores y Asociados, y los restos del peor comunismo de todas las épocas, el de los grandes fracasados de Podemos y Sumar.
La normalidad del cementerio, perfectamente amparada por una dictadura que supuestamente gobierna para todos … los suyos. En España se vive en la más completa anormalidad, gracias a estos milicianos de pacotilla, posibilistas del trueque que desde sus platós vienen urdiendo una suerte de excéntricos tribunales de excepción. Los que tanto recuerdan la II República, deberían recordar cómo empezó a descomponerse aquella inmundicia “libertaria”, merced a los golpes que ellos mismos provocaron. Pero a esta grey de sectarios, grandes imbéciles convenientemente untados, solo les callarán cuando hayan sido convenientemente señalados.
A este último grupo de soviets, konsomoles, bestias vestidas de pardo, balillas con barretina, macarras entrados en años, nunca les encontrarán donde hacen falta, si no donde sobran. Ignoro como fueron escogidos y qué virtudes vieron en ellos, lo único cierto es que el tiempo pondrá a cada uno en su sitio, y a cada buitre, en su muladar.
A estos replicantes y vagos, no seré yo quien les quite el derecho a ser estúpidos, lo que nadie esperaba de ellos, es que abusaran escandalosamente de ese privilegio, el de ser estúpidos.
La última astracanada ha sido escenificada por la pandilla basura. Qué pensar de un gobierno, cuya presidencia se alterna entre Waterloo y Madrid. Y qué decir del orfeón ministerial vociferando el Juanito Chocolatero, con música de sardana. Aquel que dice lo que a los cinco minutos niega haber dicho, no solo es un imbécil integral, sino también un supino gilipollas.
Si no fuera por la tragedia que supone para España ver al presidente del gobierno, encajando sin rechistar las acometidas ventrales del huido, nos estaríamos carcajeando del insigne pelotudo que dirige con mano férrea la pandilla basura. El que recula y recula, y vuelve a recular, nunca se sabe si es por gusto, o por ansiedad.
Estos aspirantes a teleñecos nos hicieron partícipes de sus eslóganes más pintorescos defendiendo la ley “ómnibus”. Qué forma de desbarrar, cómo se retrataron, qué frases tan hilarantes, qué gestos tan retorcidos, qué forma de hacer el payaso. ¿Y a esta cosa lo llaman gobierno? A su lado los Hermanos Tonetti, grandes, queridos y respetados payasos, eran personas serias y respetables sabios.
¡Qué espectáculo tan procaz! Todo un gobierno empoderado esperando que su presidente natural, el honorapel mejillonero, ordenara a su sumiller particular, que firmara en su mesa camilla la rendición incondicional. La epopeya de un golpista venido a más, la derrota de un pisamierdas venido a menos.

