
«La vuelta al mundo en un dedal (Capítulo 15): Pobre pueblo ruso, además de sumiso y esclavo, ¡cobarde!»
(a)
Pobre pueblo ruso: además de sumiso y esclavo, ¡cobarde!
Se dice, a sí mismo, «manzanas traigo»; todo con tal de no enfrentar la realidad:
un ogro diabólico manda a sus hijos a un infierno que sin leños arde,
(b)
sabedores, todos los padres,
de que la mayoría de ellos nunca su patria volverá a pisar.
Con todo, si gran tragedia comporta la muerte
de la flor primaveral que apenas ha asomado,
doblemente trágico es el sino de sus soldados:
morir con ignominia les depara su triste suerte,

(c)
pues condenados de antemano al deshonor están todos sus actos:
destruir y arrasar una nación que, enteramente inocente,
nada más que su propia vida y su sagrada libertad defiende.
Una vez más, sí, el alma toda de ‘un pueblo libre y soberano’
-de Rusia estoy ahora mismo hablando-,
(d)
humillantemente sometida a las sucias garras
y a la putrefacta mente de un vil y cruel tirano.
¡Ah; tardos hasta la náusea,
cuán pocos hombres y mujeres
de la proverbial enseñanza
de su propia historia la lección aprenden…!

(e)
Y cuando pretendan, al cabo, enmendar el monstruoso entuerto,
¿Qué harán ya, desolados… y con todos sus hijos muertos?
Demasiado tarde será entonces para cualquier lamento;
y acaso no alberguen ya, su pecho reseco y su vacuo cerebro,
más deseo… que el de correr a su encuentro.
(f)
¡Y pensar que hubo una vez en que todavía quedaba tiempo…!
Pero será demasiado tarde, sí, para cualquier lamento…


