Qué hay peor que un desamor. Por Julio Moreno López

Qué hay peor que un desamor. Ilustración de Desmotivaciones.es

“Porque una casa sin ti es una emboscada, el pasillo de un tren, de madrugada. Un laberinto sin luz, ni vino tinto. Un velo de alquitrán en la mirada”. (“Y sin embargo”. Joaquín Sabina).

No deja de ser algo curioso, chocante diría yo, contradictorio, que a medida que nos hacemos mayores y vamos teniendo, por lo tanto, más experiencia en todas las materias, por lo general nos volvamos más escépticos.

 

Al menos, a mi me pasa. Y tengo la sensación, ustedes me corregirán si me equivoco, que es un sentimiento bastante extendido. Yo, con el paso de los años, necesito más que nunca meter el dedo en la llaga, como Santo Tomás, para comprobar que no me están queriendo dar gato por liebre. En mi casa, por ejemplo, saben bien que decirme que tienen algún dolor, en determinado lugar de la anatomía, implica que yo inmediatamente, bajo la escusa de examinar el problema, voy a poner mi dedo y a apretar, para ver cuanto les duele en realidad. Por eso ahora se cuidan muy mucho de contarme sus dolores, que bastante tengo yo con los míos.

 

Toda esta reflexión, como tantas otras, nace de un momento banal. Nada como el ensimismamiento para que afloren las ideas brillantes, y las otras. La ducha, la cama, esos momentos en los que vas conduciendo solo, son el caldo de cultivo ideal para los pensamientos banales. Si, además, vas oyendo música, o la radio, tu cabeza en realidad no deja de bullir, aunque sea en modo REM y te puedes ver sorprendido por un pensamiento filosófico que te golpea de repente, como la manzana golpeó a Newton, provocando repentinamente una sacudida cerebral, como si se hubieran cortocircuitado dos neuronas.

 

Ríanse, pero muchas ideas brillantes son el resultado de pensamientos automáticos. Ocurrencias que están en tu cabeza pero no se materializan, como las ayudas del gobierno de Sánchez; etéreas y gráciles como pompas de jabón. A mí me pasa mucho, sobre todo con las ideas que me inspiran estos artículos. Y hay que cogerlas al vuelo, apuntando en lo que tengas a mano o grabando la idea en el móvil, que es muy del siglo XXI. El otro día, David Summers me contaba, en una entrevista que le hice en mi programa Sociedad Civil, que a él le ocurre lo mismo con las canciones, y que hay veces que tiene que salir de la ducha corriendo y coger la guitarra porque sabe que si no lo hace, la pompa explotará y la inspiración se irá por donde ha venido. Al margen de que desde entonces me atormenta la imagen de David electrocutándose con la guitarra eléctrica por salir corriendo de la ducha a componer, por lo demás coincido en todo con él.

 

Y volviendo al tema música, pienso que a consecuencia de este escepticismo sobrevenido, vengo comprobando que ahora me inspiran más las canciones de desamor que las canciones de amor. Bueno, para ser honesto, las canciones de amor casi nunca las he tragado. Y pueden encontrarse ejemplos en los que un mismo compositor, un mismo intérprete, puede ponernos los pelos como escarpias con una canción de desamor, mientras sus canciones de amor no dejan de ser una canción más. Que nadie se ofenda.

 

Por empezar con un amigo, al que además ya he nombrado en este artículo, no me vayan a comparar una canción como “te quiero”, que estaba muy bien cuando llevábamos vaqueros rosa con parches de flores, con un temazo como “lo noto” o “si seguimos así”.

 

“No, no no me llores, no me vayas a hacer llorar a mí. Dame, dame tu mano. Intentalo mi niña, quiero verte reir”.(“Te quiero”. David Summers).

 

“Lo noto; me lo dicen tus ojos, y esos besos tan flojos, que dejan un sabor amargo y roto. Aunque tú me lo niegues, no queda más que nieve, donde hubo calor y yo lo noto. Puedo ser un cabrón, pero no un tonto, y lo noto”.(“Lo noto”. David Summers).

 

“No es que la vida sea tan corta. Es que es muy tarde cuando aprendes lo que importa”.(“Si seguimos así”. David Summers).

 

No me dirán que estas dos últimas estrofas no son para darle gracias a Dios porque David cogiera la guitarra clásica cuando salió de la ducha; mientras que la primera, bueno. Para gustos los colores.

 

Otros grandísimos autores corroboran, sin yo pedírselo, mi teoría del amor y el desamor. El gran Joaquín Sabina, experto en desamores, es otro ejemplo de ello.

 

“La gafitas de las pecas, con complejo de muñeca desconchada, frota su cuerpo desnudo, contra el lino blanco y mudo de la almohada”.(“Besos en la frente”. Joaquín Sabina).

 

“De sobra sabes que eres la primera; que no miento si juro que daría, por ti la vida entera, por ti la vida entera. Y sin embargo un rato cada día, ya ves, te engañaría con cualquiera, te cambiaría por cualquiera”. (“Y sin embargo”. Joaquín Sabina).

 

“Hace demasiados meses, que mis payasadas no provocan tus ganas de reír. No es que ya no te interese, pero el tiempo de los besos y el sudor, es la hora de dormir”. (“Amor se llama el juego”. Joaquín Sabina).

 

No intenten comparar. También es verdad que son hombres, y esto de las canciones de amor lacrimógenas no se nos da nada bien. En cambio, a ásperos no hay quien nos gane. Se lo digo yo.

 

Bueno, pues ya he planteado mi teoría. Ahora, ustedes pónganle nombre. Acepto sugerencias en mi WSP (@elvillano1970). De cualquier modo, para morir matando, no me iré sin otro ejemplo.

 

“Mejor si no les vemos, mejor si no nos ven. Mejor despiertan juntos y descalzos nuestros pies”. (“Angel de puntillas”. Tontxu).

 

“Esta casa sabe demasiado. Sus paredes escucharon tanto, que han salido grietas en el corazón de ambos, y han perdido ya su brillo los armarios. Y las luces del salón, ya se apagaron”. (“Corazón de mudanza”. Tontxu).

 

“Basta de mentiras, de falsas esperanzas. Lo nuestro no funciona, no lo ves. No quedan besos, hoy son trampas, rencor y decepciones, y desnudarse es un acto de fe”. (“Fuego apagado”. Tontxu).

 

Lo dicho. Sean felices.

O no.

 

@elvillano1970

Julio Moreno Lopez

Nací en Madrid en el año 1970. Aunque mi título universitario indica que soy ingeniero informático por la Universidad Pontificia de Salamanca, nunca ejercí como tal. Enamorado del mundo del periodismo y de la literatura, colaboro en diversos medios escritos y en alguna que otra emisora de radio. Ahora, miembro de este proyecto tan bonito de La Paseata. Además, soy autor del libro “Errores y faltas” Y del blog del mismo nombre. En Twitter @elvillano1970.

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