
«J.J. Cale: Un músico vital. imprescindible y anclado en la sencillez, la elegancia y el talento que no precisaba gritar para difundir su magisterio»
En 1970 J.J. Cale tenía 32 años, escribía canciones en sus ratos libres, grababa sus maquetas y era, según él mismo, «pobre como las ratas». El perfil de un músico desconocido que no gozaba del más mínimo éxito. Intento prosperar como ingeniero de sonido en la floreciente industria musical de los 60, se fogueó en Nashville y Los Ángeles, había tocado con su amigo Leon Russell, había militado en la banda de Delaney & Bonnie, en la que Eric Clapton también participó como estrella invitada.
Estando trabajando como mecánico de ascensores, profesión a la que se dedicaba cuando le faltaba lo más necesario, su música sonó con fuerza en las ondas cuando Eric Clapton versionó uno de sus temas “After midnight”, incluyéndolo en “461 Ocean Boulevard” su segundo álbum de estudio en solitario.
A mediados ya de los años 70, Clapton tuvo un nuevo detalle al grabar otra de sus canciones, “Cocaine”, que de nuevo la convirtió en un éxito. Aquellas dos versiones le garantizaron un ingreso regular, aunque le bastaba el aprecio, el respeto y admiración de otros muchos artistas y de un público reducido pero entregado, su influencia sobre otros muchos músicos pasó más desapercibida, pero no por ello fue menos determinante.
Se hacía llamar J.J. Cale para evitar la confusión con otro John Cale, el miembro de The Velvet Underground. En 1972 Clapton le pidió que le produjese un álbum. Empezaron a trabajar juntos y el resultado fue “The road to Escondido” un discazo publicado en 2006 que incluye una de mis favoritas “Hard to Thrill”.
J.J Cale y Eric Clapton dos tipos sencillos y de ideas sencillas, fugitivos del mainstream y viejos amigos que sentían una admiración mutua. El 26 de julio de 2013 J.J. Cale murió víctima de un ataque al corazón a los 74 años. Un músico que no precisaba gritar para difundir su magisterio, honesto, creativo, que ha pasado de puntillas por el escaparate del rock, sin neones ostentosos que anunciaran su nombre, un músico vital e imprescindible, anclado en la sencillez, la elegancia y el talento.

