
«Visto desde aquí en el siglo XXI y ahora, a muchos de nosotros se nos antoja que hemos pasado la vida llegando tarde»
Visto desde aquí en el siglo XXI y ahora, a muchos de nosotros se nos antoja que hemos pasado la vida llegando tarde. En mi caso desde luego esto es verdad. Tardé una eternidad en tener una novia digna de ser considerada como tal. Al parecer no era muy agraciado para ellas o no sabía hacerlas reír lo bastante, como me dijeron alguna vez. Elegir una profesión, tampoco fue un camino de rosas. Lo único que tenía claro era que me gustaban los mundos mágicos como el cine y la televisión. En aquella época, escribir una novela y aunque sí hiciera algún cuento, ni me lo planteaba. Cuando era muy pequeño tendría unos tres o cuatro años y me pedían que contara un cuento siempre comenzaba diciendo: Esto era una vez una casa en el campo, toda apagada, toda iluminada. En general nadie lo entendía aunque lo que quería decir es que era de noche y una casa en mitad del campo tenía las ventanas iluminadas por las luces del interior.
Esa fue toda la literatura que narré durante unos pocos años y desde luego nada más ocurría pues tras esta introducción no decía nada más. ¿Además quién vive de la escritura salvo algunos afortunados que consagra un premio literario? La verdad es que lo siento, me hubiera gustado que mi padre pudiera haber leído alguna de las novelas que he publicado. No son de premio, pero alguna ha tenido reconocimiento de personas consagradas ya como buenos novelistas. Desafortunadamente, que mi padre leyera algo escrito por mí no ha sido posible, murió trece años antes de que se me pasara por la imaginación escribir nada de nada. Ocurrió de manera fortuita y por aburrimiento, pues tenía una pierna recién operada de rodilla y como debía permanecer sentado no se me ocurrió otra cosa que escribir una historia.
Como siempre, llegué tarde y llegué buscando algo que me entretuviera mientras convalecía. Por otra parte este afán de escribir, que en la actualidad me ocupa bastante tiempo, me viene en parte de él, de mi progenitor, que leía mucho y escribía bastante también, aunque otro tipo de libros. Cuando tenía diecisiete años escribió un cuento para su hermano pequeño, que se titulaba Verdelín o el fin de Brujulandia, es un libro para público infantil, que hoy en día estaría catalogado, no para niños de doce años, sino más bien para los nueve o diez años. No hay niño en la actualidad que tema un mundo de brujas. Es algo que como mucho podría servir para un público por debajo de los ocho o nueve años. Aparte de libros técnicos relacionados con su trabajo, recuerdo uno titulado “Diccionario de los pueblos de Europa”, nunca llegó a escribir una novela, sí un libro de relatos que ganó una hucha de plata de las cajas de ahorros confederadas de aquella época. Se titulaba “Descalzo y otros cuentos”. También escribió poesía, como un librito titulado “No me olvides” que es una flor de las montañas de Suiza.
Por otra parte siempre tuvo en mente una historia novelada, acerca de la profesión de diplomático, que se dejó sin escribir salvo por algún capítulo suelto, que le dictó a mi madre, que escribía bastante rápido a máquina. Uno de los capítulos lo redactó en plan de chunga, puesto que la diplomacia no deja de ser una especie de opereta internacional, representada por actores sin título de licenciado en arte dramático. Todo el oropel que parece rodear la profesión, se derrumba cuando te ves haciendo maletas y baúles para trasladar tu domicilio por diversos lugares del mundo, habitualmente muy alejados en cultura, diversión y costumbres de las rutinas de tu país de origen.
Para este menester y afortunadamente tuvo mi padre a su mujer, mi madre que era capaz de embalar una casa entera en un par de días para trasladar toda nuestra vida a cualquier lugar de este inmenso mundo. En parte esto para mi hermana y para mí, fue una desgracia porque nunca pudimos tener amigos de esos que se hacen en el colegio, peo si es verdad que nos sirvió para otras cosas.
Conocer mundo aunque sea desde la perspectiva de un niño esta muy bien, te abre la mente a otras realidades que comprendes con el tiempo y la edad. Hoy en día tengo que agradecerle a mis padres precisamente esa vida errante que me ha dado una visión, bastante amplia del mundo y de los seres humanos. Por todo esto, visto desde aquí en el siglo XXI y ahora, a muchos de nosotros se nos antoja que hemos pasado la vida llegando tarde. En mi caso desde luego esto es verdad. Tardé una eternidad en tener una novia digna de ser considerada como tal. Al parecer no era muy agraciado para ellas o no sabía hacerlas reír lo bastante, como me dijeron alguna vez. Elegir una profesión, tampoco fue un camino de rosas. Lo único que tenía claro era que me gustaban los mundos mágicos como el cine y la televisión. En aquella época, escribir una novela, y aunque sí hiciera algún cuento ni me lo planteaba.

