
«Disculpen pero voy a hablar de ETA por la memoria de las víctimas del terrorismo, por los exiliados y hasta que la Libertad llegue al País Vasco»
Disculpen, pero voy a hablar de ETA. Lo aviso para quienes consideren que es un tema cansino, o despertador de pereza, o alterador de zonas de confort emocional, o árido de abordar en la cotidianidad de una sobremesa y el patio del colegio porque se ha llegado a un punto en el que se vive más cómodo sin adoptar posicionamientos. ¿ETA? ¿Otra vez ETA? Cuestionan, resoplan y miran.
Sí, otra vez. Y las que sean precisas. Porque en España ya se ha confirmado que como sociedad que aspira a ser justa tenemos un problema. ETA ha derrotado a la nación española. Hoy maneja un presupuesto inconmensurable, gobierna en infinidad de ayuntamientos, tiene comandos parlamentarios en el Congreso y en los parlamentos vasco y navarro. Y si tiene que volver a las andadas, lo hará.
Pero que nadie se preocupe, que no le hace falta, porque sin asesinar están consiguiendo sus objetivos. Lo último, La Audiencia Nacional ha absuelto al histórico exdirigente de ETA Juan Carlos Iglesias Chouzas, Gadafi, del asesinato de un exguardia civil en 1991 en Bilbao en aplicación de una reciente sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) que supuso la excarcelación del etarra Xabier Atristain. Los asesinos etarras saliendo o siendo absueltos y las víctimas en la tumba y humilladas.
Lo importante era y sigue siendo romper España para apropiarse de esa parte nuclear de nuestra patria común que son el País Vasco y Navarra… Y están muy cerca de conseguirlo. ETA no ha desaparecido; sigue existiendo y es socio preferente de este gobierno.
Hemos de recordar que cuando la Guardia Civil, la Policía Nacional, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en su conjunto más la cooperación internacional estaban intentando acabar con la asesina ETA, la exigencia de los terroristas para dejar su actividad sangrienta y criminal contra víctimas inocentes era “paz por presos”.
Los amigos del buenismo oficial nos bombardeaban con la idea de que había que parar estos asesinatos de ETA dándoles algo a los terroristas para ver si así dejaban de matar. Los gobiernos han cedió al chantaje.
Mientras, los cuerpos y fuerzas de seguridad han seguido exponiendo su vida y trabajando para defender la democracia y a los ciudadanos que no se rendían; y los cargos electos de los partidos constitucionalistas continuamos mirando debajo de nuestros coches o de reojo cuando doblamos una esquina mientras nos dirigíamos entonces a cumplir con nuestro deber de representar a los ciudadanos; y los periodistas comprometidos con la verdad siguieron escribiendo, aun y a pesar de que ETA los pusiera en el punto de mira e incluso los asesinara cuando volvían de comprar la prensa… Y muchos jueces dictaron sentencia condenatoria contra los asesinos a pesar de saberse en una diana; y los ciudadanos salieron a las calles a reivindicar la libertad, porque el problema nunca fue “la paz” sino la ausencia de libertad.
Esta es la realidad, aunque no sea políticamente correcto decirlo.
Ahora esas siglas engloban a Bildu, Sortu, Sare, Etxera y demás colectivos empeñados en rentabilizar políticamente todos y cada uno de los crímenes cometidos por los pistoleros, ensalzarlos presentándolos como héroes, reescribir la historia, tergiversándola de forma a convertir los tiros en la nuca o las bombas en ‘enfrentamientos’ entre grupos homologables e ir incrustando ese relato falsario en las mentes de los votantes hasta hacerse con el poder merced a esa mezcla perversa de mentira, intimidación y chantaje.
Porque chantaje al Gobierno hay, a cara descubierta, sin que el presidente Sánchez se moleste en fingir siquiera un atisbo de resistencia. Una extorsión en toda regla, pagada con puntualidad, que lleva a Otegui a proclamar: «Queremos decidir todo aquí». O sea, imponer su dictadura.
ETA, como buena serpiente, solo ha mudado la piel.
Pero bajo la nueva apariencia de formación respetable pervive la misma escoria de siempre. La que jamás ha torcido el gesto ante la sangre inocente. La que incuba un anhelo totalitario y liberticida cuya consecución no hace ascos a nada. La que ha dejado tras de sí un reguero atroz de víctimas que jamás se han cobrado venganza por las afrentas sufridas y únicamente reclaman memoria, dignidad y justicia.
Lo malo aquí es que hemos sido traicionados por los nuestros. Ningún Gobierno ha reconocido el valor real de su sacrificio, aunque nunca habían padecido una humillación comparable a la actual. Nunca fue tan evidente la desmemoria, la indignidad, la injusticia. Nunca antes de Pedro Sánchez un dirigente español escogió a sus verdugos por compañeros de viaje, escupió sobre las tumbas de las víctimas y se rio de su dolor.
La semana pasada hemos asistido al espectáculo de que el Gobierno renquee antes de recurrir en tiempo y forma ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) la sentencia Atristain. El TEDH en su sentencia no cuestiona el régimen de incomunicación ni la posibilidad de poder incomunicar a detenidos en los casos de extrema peligrosidad o en los que de ello dependa el éxito de las investigaciones.
Lo que cuestiona es la forma en que se aplicó a Atristain, pues la supuesta vulneración que ha encontrado el TDEH está basada en que el etarra fue incomunicado en el momento de su detención privándosele del derecho a ser asistido por un abogado de confianza y de la posibilidad de tener una entrevista reservada con el abogado de oficio que se le había designado.
La AVT y otras asociaciones de víctimas nos alertan de que el caso Atristain ya está siendo alegado por las defensas de los terroristas en más causas y que cabe que, siguiendo la estela del juez De Prada, se produzcan nuevas absoluciones que afecten a terroristas que no tengan otras sentencias firmes por las que permanezcan en prisión.
Recuerden las palabras de Otegi tras la sentencia de De Prada: presos a la calle. Por desgracia es más que evidente que para Sánchez las palabras de Otegi son ley y en la medida en la que de él dependa los terroristas saldrán a la calle de forma masiva.
Por todo ello discúlpeme pero voy a hablar de ETA hasta que esta sea derrotada de verdad y haya Memoria, Dignidad, Verdad y Justicia. Hasta que conozcamos las actas de la negociación con ETA, hasta que se resuelvan los asesinatos sin resolver de la banda terrorista y hasta que ETA esté fuera de las instituciones:
Queda mucho trabajo por hacer. Lo seguiremos haciendo por la memoria de las víctimas del terrorismo, por tantos exiliados de mi tierra debido a ETA y hasta que la Libertad llegue al País Vasco.
