Lo que el pueblo diga o haga, le importan una higa. Por Guirong Fu

Se habla mucho, últimamente, de ‘derogar’ el puto sanchismo

«Lo que el pueblo diga o haga, le importan al narciso una higa y menos le importan aún el resto de partidos»

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Se habla mucho, últimamente,

de ‘derogar’ el puto sanchismo;

lo mismo entre aquellos que lo defienden

que entre quienes ansían verlo caer en el abismo.

Pero cuando de ‘sanchismo’ la mayoría habla,

es de una cierta ‘política’ que hablar pretende,

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ignorando que a Sánchez la política le resbala,

y, lejos de acercarse a ella para sustentarla,

no fue sino para alimentar a su EGO voraz

que se tomó la molestia de acercársele siempre.

La política -lo sabe hasta el tonto del botijo-

fue, en toda época, codiciado refugio de narcisos:

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ella motiva, a muchos, más aún que su propio rijo,

y les empalma mucho más el poder que un buen trasero.

Y es tan simple como antinatura la explicación de ello:

su ‘órgano sexual’ reside, básicamente, en su propio narcisismo;

al punto que nada hay que les provoque tanta ‘calentura’

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como acariciarse todo el santo día el EGO,

en una suerte de anhelante y deleitoso ‘priapismo’.

Todos conocemos casos más que ‘sonados’, al respecto,

bien que son pocos los que hallan en la política misma cierto divertimento:

hacer y deshacer, mandar y disponer, ser agasajado por las masas,

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no es ‘peccata minuta’ para un Narciso ‘como es debido’.

A Sánchez, en cambio, la política en sí, o lo que el pueblo diga o haga,

le importan una higa; y menos le importan aún el resto de partidos.

Lo que a su Narciso en verdad le importa, lo que despierta toda su ansia

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es verse a sí mismo una y otra vez sobrevolar

por encima de ‘la vulgaridad y de lo ínfimo’:

todo aquello, en suma, que siempre habrá de estar

cien mil pies por debajo de su sublime Narciso.

Tan es así, que hasta desprecia toda vana adoración

a su persona que no proceda de sí mismo:

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sólo él sabe, en verdad, CÓMO ADORARSE;

sólo él se halla a la altura d su ‘Yo-Mí-Me-Conmigo’.

El ‘poder político’ no es, pues, sino, para él,

justo aquello que le impone a la propia vida:

si el mundo puede preciarse de poseer,

por mor de su excelsa humanidad, a tan magno ser,

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otorgarle a su persona cada vez mayor poder

es lo menos que cabe exigirle a la vida misma.

Y todo cuanto estorbe a su radical pretensión narcisista,

se lo toma, nuestro picajoso hombre, como infamia que no merece perdón,

venga la cosa de cualquiera que se reclame socialista

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o de quienes lideran… a ‘la pérfida oposición’.

Y esa es, al cabo, todo la ‘política’ que su monstruoso EGO reconoce;

la de quien apenas percibe la existencia de los demás

sino en la medida en que veneran, en él, a ese ‘prohombre’

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al que sólo elevando a los cielos su prosaica mirada

acaso puedan siquiera lejanamente atisbar.

Y, en fin: no me queda sino decir a Uds.

que todo aquel que en su puro EGO ‘atisbarle’ pueda lograr,

acaso sabrá, cuando a las urnas se acerque,

a quien, realmente, debe o no debe votar.

guirong fu

Tengo 60 tacos; es decir, una linda juventud... prolongada.
Catalán y ESPAÑOL de Barcelona, en donde ahora vivo feliz,
pues, TENIENDO SALUD, no me falta de nada.
Guirong Fu, en Twitter, decidí hacerme llamar;
y todos saben que es Nietzsche quien puse en mi avatar.
No hay en mí afán de ocultamiento,
pero va con mi talante el anonimato.
De otra suerte, aunque les pusiera mi retrato,
no habrían de reconocerme ustedes un pimiento.
Den todos por bien seguro, sin embargo,
que, siempre que se trate de defender MI DIGNIDAD
y EL HONOR de quienes me honran con su amistad,
no habré de ocultar de mí ni un solo dato.
¿Mis intereses? Los mismos que siempre tuve:
El humanismo, la buena literatura y el ámbito entero de la psicología.
Y aunque en la política no siempre demasiado me entretuve,
los años me han llevado a querer tomarle la medida:
Me duele su arbitrariedad, su falta de sentido común, sus dislates.
Su ambición soez, su arrogancia, su desvergüenza, su hipocresía.
Me indigna que me deslumbre con sus lindos 'escaparates'
y que cuando entramos a 'comprar' no nos dé más que porquería.

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