
«Ayudar a los pobres y de paso quedarse con una pequeña parte del botín para vivir muy bien, en eso Curro y su banda, si que eran progresistas»
Me disponía a escribir como cada día tratando de realizar un análisis pormenorizado y sobre todo “muy profesional”, sobre la política actual que sufrimos en España, especialmente los fines de semana cuando los políticos nos dan la turra a base de bien con sus mítines y tal…, y los medios de comunicación hacen lo propio con sus sondeos. Sin embargo, buceando por las redes sociales me quedé absolutamente a-no-na-da-do al ver un tweet del día 06 de La2 de TVE.
Televisión Española en la segunda cadena, vuelve a reponer (por enésima vez) la mítica y legendaria serie española; “Curro Jiménez”.
Lo cierto es que me parece fundamental que en verano se emitan de nuevo series con férreos valores como esta o “verano azul”, “los vigilantes de la playa”, “el equipo A”, “el coche fantástico”, etc, etc… , pero claro; es que casi me da un parraque cuando vi en la promoción por Twitter del canal público que “vuelve Curro Jiménez a RTVE tras 45 años, conquistando a varias generaciones con su espíritu progresista”.

De pequeño; yo jugaba a Curro Jiménez. Recuerdo como nos organizamos los papeles rapidísimamente, sin conflictos ya que para eso estaban las jerarquías. ¿Quién se quedó con el papel estelar de Sancho Gracia? El único que tenía en su casa una pistola de bandolero. El problema; como arrancarla de la pared de encima de la chimenea.
De la susodicha pistola se encargó Luisito, no me pregunten como lo hizo, ni me interesa. Lo cierto es que era de su padre aunque no me consta que por entonces ya fuera bandolero, quiero decir, bueno, en fin… .
“El estudiante” era “el Deivid”, ¿y porque “Deivid”? Pues no sé; se supone que era el guaperas de la banda y aunque era rubio (no como Pepe Sancho), no debió parecerles mal a los del casting. “El algarrobo” era Nacho, no se le parecía ni por el forro ya que era muy grande, delgado y con unas orejas inmensamente descomunales. Era el animal de la pandilla y pegaba a diestro y siniestro ya fueran amigos o enemigos. De hecho yo mismo en alguna ocasión recibí fuego amigo mientras nos defendía de los aborígenes del pueblo de la sierra de Madrid donde veraneábamos las familias burguesas de por entonces. A veces, también tuve que salir corriendo para que no me zumbara el animal de bellota hasta que un día, no sé qué me dijo que me puse a perseguirlo como un energúmeno con un adoquín en la mano.
La persecución se inició detrás del frontón donde el padre de no se quien (al que siempre se le veía hasta bien adentro de la raja del culo al agacharse), estaba asando panceta “sin temor a nada ni a nadie” (como dice Abascal), y supongo, que por el reparto del manjar debió comenzar el conflicto. Bueno, el caso es que lo perseguí hasta a las instalaciones de la piscina olímpica, y a las 6 o 7 vueltas ya me cansé y me detuve sin saber porqué a la sombra del trampolín de tres pisos en plan Forres Gump.
A partir de ahí, “el ganso”, me empezó a respetar, y esa persecución mortal, fue fundamental para que la Panda del moco comenzáramos a prescindir de sus servicios como matón, sustituyéndolo por su primo Julito, que además de parecerse a Gigante (el gordo que pegaba a Novita, el de Doraemon), al menos era mucho mas amable con todo el universo, y además su madre estaba bien buena.
Volviendo a la serie que nos ocupa, un servidor llegó al final cuando ya se habían hecho los repartos porque estaba comprando el pan, y en un primer momento me quedé sin papel por lo que pase a engrosar las filas del ejército francés, aunque no sé por qué motivo alguien decidió que yo no era chusma “desa”, y me propusieron para el grandioso papel del gitano. Es verdad que fue por abandono de otro pero es que cuando me daba el sol de continuo parecía un gitano aunque bien guapete y “mu salao”. Entre el morenazo innato, las greñas de color negro azabache y las ronchas que me salían en la cara por las manchas del Sol de antes del cambio climático, lo tenía fácil pero además al no ducharme nunca después de salir de la piscina y por deambular casi 16 horas al día por la calle sin ningún tipo de protección factor 50, resulté el candidato perfecto para quedarme con el papel.
Jamás tuve un problema de racismo por hacer del gitano, también es cierto que nunca hubo competencia pues heredé el puesto, ya que quien no quiso jugar a ser bandoleros, prefería andar todo el día haciendo derrapes a contrapedal con su bicicross… , yo es que era más de motoretta, ¿la del sillín gordo, saes…?
Lo mejor de todo ahora que lo pienso, es que fue el más longevo de los personajes secundarios y además no tenía responsabilidades; simplemente mi labor consistía en fingir que me importaba el flojo de Luisito para que no le robaran la pistola los franceses, los cuales como dije antes, eran “los menosmola” de la panda, mi gente… .
Por cierto, recuerdo que yo iba armado con una pedazo de escopeta de cazar elefantes (como la del Rey Juan Carlos I cuando se rompió la cadera), que lanzaba unas bolas amarillas tan tremendas que parecían albaricoques, aunque yo la rellenaba de gravilla del suelo a modo de metralla batasuna.
¡Joder qué tiempos! Es que no nos pasaba nada, nadie se quejaba, ni un lloro, ni un arañazo de más; simplemente los estrictamente necesarios y yo; por los soportales de “la urba” o entre los coches aparcados armado con mi escopeta, a pedrada limpia con el personal. ¡Vamos; que el trabuco del Algarrobo al lado del mío, era una mariconada!
Que bueno era ser “El gitano”; se me permitía todo como hace el Gobierno de España con la Televisión Española, eso sí, siempre que no disparara contra mi cuadrilla de bandoleros.
¿Curro Jiménez progresista? Oiga pues igual no, o quizás algo sí ahora que recuerdo que eso de robar al Estado para ayudar a los pobres y de paso quedarse solo con una pequeña parte del botín para vivir muy bien, en eso Curro y su banda, si que eran progresistas.


Feliz día de Santa Amelia.
Españistan 10|07|23

