
«Los que derramaron sangre de inocentes no tendrían cabida en un estado democrático decente, adorno del que estaremos lejos de poseer»
Mucho hemos hablado del trilero monclovita y, poco o nada, para su merecimiento, de la hez que le ha acompañado durante su periplo como máximo conducator de la cosa.
Me refiero lógicamente a los dos partidos más representativos que han venido apoyando al susodicho, de sobra conocidos por su lúgubre y tenebroso pasado.
En un país serio a cualquiera avergonzaría que estos dos grupos, o asociaciones, se dediquen a hacer proselitismo de aquello que nunca tendrán: pedigrí humanístico y raigambre democrática. Resulta obsceno oír a sus prebostes y demás vocingleros oficiales, declamar las carencias en otros, de aquello que ellos nunca poseerán jamás: principios y decencia. Los que derramaron sangre de inocentes no tendrían cabida en un estado democrático decente, adorno del que estaremos lejos de poseer, hasta que estas dos lacras hayan sido ilegalizadas.
Hablar de la ERC y de ETA en pocas líneas es imposible, contarlo todo en un tomo, una quimera. Conténtense con unas pinceladas de entre los innumerables brochazos que estas dos asociaciones han realizado a lo largo de su triste y patética historia.
Hace unos días oí unas declaraciones, más bien evacuaciones, de un tal Rufián, a la sazón vocero del mentidero golpista catalán, últimamente reconvertido en cachicán de lo caricaturesco, preso del ridículo, pero con barretina y un lacito amarillo adornándole la testuz. El sujeto va de histriónico, sin saber que para ir de tal antes hay que estar formado y conformado con una pizca de infantilismo y varias gotas de estupidez. Quién no conoce las baladronadas de este prohombre del supremacismo catalán, imagino que el que le ha puesto ahí no sólo lo ha hecho para que las suelte y haga el cretino, sino también para que quede como tal.
En su carrera como parlamentario Rufián ha hecho de todo, desde el ridículo hasta el macarra, sin que nadie le haya advertido que lo esencial en su caso sería haber sabido conjugar ambas acepciones: parecer macarra, pero sin caer en el ridículo. Este ser de neón, que no de luz, es el clásico manobra de aquellos que nunca dan la cara, o para no parecer lo imbéciles que son, o para no alardear de lo estúpidos que parecen. Con la ERC siempre tuve la sensación de estar presenciando una astracanada interpretada por engreídos, presuntuosos y cargantes, aunque también por los antónimos de dichas acepciones. Al golpismo catalán les cabe de todo, menos el valor de aceptar lo patéticos que son, y lo majaderos que parecen. La oferta es tan variada como los nombres que desfilaron al paso de la oca, por tan “distinguida” formación. Y es que los ancestros de estas criaturas fueron balillas, antes que caganets, de ahí su insufrible estupidez y su recalcitrante estulticia.
Miren ustedes, que, a estas alturas de la vida, traten de vendernos que el antiguo partido de Companys, Dencás, y sus “escamots” (de clara extracción fascista, pero sin la gallardía de sus homólogos italianos) no profesaron el fascismo, tiene gracia. Que Miguel Badía, “el Capitá Collons”, que como jefe superior de policía de Cataluña se ganó justa fama como represor, sobre todo de anarquistas a los que sometía a torturas en Vía Layetana, no se portó como un auténtico fascista, no sólo resultaría ocioso, sino que merecería ser calificado de hilarante, o algo peor, yo diría que enternecedor.
Aquellos aguerridos monicacos al fracasar su intentona huyeron por las alcantarillas y cloacas, ante las estupefactas ratas que quedaron como encargadas de defender sus escasos principios.
Por no hablar de los miles de asesinatos que cometieron durante la Guerra Civil, (entre 8000 y 14 000 según los historiadores), la mayoría en retaguardia. Que estos renegados nos vengan ahora a alardear de sus “valores” resulta hiriente. La valentía y los principios democráticos del supremacismo catalán, después de casi 90 años, continúan inéditos.
En octubre del año 1934 sucedieron muchas cosas, y la ERC tuvo un papel preponderante en ellas, en 1936 también, y últimamente en 2017. Lean la Historia, les aseguro que no quema, pero sí indigna, y además después de aprenderla podrán reafirmarse en sus principios. La ERC es un partido supremacista, racista y xenófobo, pero solo con los españoles de otras regiones, por tanto, más próximos al fascismo, del que bebieron hasta hartarse.
Vayamos con el partido de las sopas de letras, el de las iniciales ininteligibles, el refugio de criminales, personajillos indecentes, y demás basura infecta cuyo pasado arranca en las páginas de sucesos, el partido de la flor y nata del nazionalismo criminal vasco, el de los criminales, chivatos, y demás chusma variada, el de los mayores hijos de la gran puta del siglo XX y XXI: ETA y sus diferentes franquicias, mafias, asambleas y camorras varias.
El pasado de estos deshechos de tienta no lo podrán borrar si no es con la ayuda de leyes represivas, como la de “Memoria democrática”, y otras de la misma condición, confeccionadas y votadas por los hombres de Otegi y apoyadas por el social comunismo actual de Pedro Sánchez. Borrar las masacres de ETA será imposible, a no ser que lo hagan a cañón tocante, y ni aun así.
La mafia vasca no sólo asesinó: también extorsionó y robó, incluso se llevaron la caja de un kiosco después de matar al dueño (textual). También acogieron en sus filas a miembros de Terra Lliure, la banda terrorista catalana que acogió a varios miembros de esta banda después de que “renunciaran” a sus métodos terroristas, aunque nunca dejaron de blasonar de ellos, con la aquiescencia de los “duces” de turno.
La conexión entre ambas organizaciones criminales fue total, uno de sus miembros Joan Carles Monteagudo Povo (exmiembro de Terra Lliure) participó en el salvaje atentado de la Casa cuartel de Vic con resultado de diez víctimas mortales. La convergencia y entendimiento entre ambas organizaciones “políticas”, hiede.
Y hablando de heces y otros asuntos malolientes. Muy pocos se atreven a negar el protagonismo que ha tenido ETA en la legislatura que está a punto de terminar, ETA o Bildu, llámenlo como quieran. Aclaro que para mí Bildu o cualquier engendro que salga de ese infecto lodazal, y no condene tajantemente los asesinatos cometidos por sus conmilitones, y colaboren en el esclarecimiento de los asesinatos pendientes de aclarar seguirán siendo ETA. Son Otegi y David Pla, el último jefe de ETA y su “selecto” grupo de iguales, los que dirigen y confeccionan las listas donde van encuadrados criminales, chivatos y demás escoria nazionalista vasca. En este caso, el “poder” sí paga a los que no reniegan de su reciente pasado criminal, porque, aunque a muchos no les guste oírlo, son ellos mismos los que alardean y se enorgullecen de su historial como dirigentes etarras. Otegi y su incontinencia verbal es la mejor prueba de ello, su cinismo también.
El nazionalismo criminal vasco asesinó a hombres mujeres y niños hasta hace muy pocos años, se ve que la “Memoria Democrática” de la ultra izquierda social comunista es muy débil, o inexistente, la de los españoles en cambio perdurará hasta su muerte.
Cuando cualquier miembro de estas dos organizaciones acuse a cualquier partido de derechas de fascistas, o hable de democracia en primera persona, primero debería lavarse la boca con zotal, hacer gárgaras con vitriolo y segundo encender una bengala color rojo sangre instantes después de habérsela insertado en la boca.
No lamento no poder ser frío y contenido, cuando de este tema se trata. O se escribe con rabia apenas contenida, o uno pasa a engrosar las filas de los inanes y melifluos, primer paso para la equidistancia y la cobardía.
