
«A Mitsuko solo le deseo que corra por los prados celestiales junto a mi madre, mi padre y mi hermana y que no desespere»
Hoy no estoy para ninguna historia ajena a mis más íntimos sentimientos. Reconozco que he llorado por dentro y por fuera, aunque sabiendo que mi hijo es pura sensibilidad, he procurado que no se notara y mantener el tipo para no arrastrarle conmigo. Mi hija lo sobrelleva mejor, pero hoy ya ha sido consciente de porqué yo decía que parte de mi madre vivía en la perrita. Es así ella prolongó de alguna manera la vida de mi madre, porque tenerla me conciliaba con la vida y mi dolor por su pérdida.
La perrita, Mitsuko, de la cual creo haber hablado en alguna ocasión en esta Paseata, murió el veintidós de Julio sobre las once y media en casa de unos amigos, dónde habíamos acudido a cenar huyendo del calor de Madrid. Padecía, desde hace unos meses una insuficiencia respiratoria, era ésta producida por un aumento del hígado debido a algún tipo de hepatitis. De hecho su recuento de transaminasas era exagerado, pero haciendo una pequeña broma puedo decir que no era alcohólica, ni nada por el estilo, siempre fue un gran animalito leal, fiel, cariñoso, buena amiga y muy decente. Llevaba ya con nosotros dos años o un poco más, desde la muerte de mi madre su dueña original. Rápidamente abrió su hueco pequeñito, tal como era ella, en este nuevo hogar y fue feliz desde el momento en que nos adoptó como nueva manada. Como líder que era tardó poco en hacerse a la nueva situación. Ella siempre se sintió la guía, la líder de nuestro grupo y de hecho, cuando íbamos juntos a la calle Mitsuko tiraba del resto de nosotros y de vez en cuando paraba, nos miraba ponía cara de pregunta. Ladeaba un poco la cabeza como queriendo decir, ¿vais bien? ¿Seguimos? ¿Tiene alguien alguna pega?
Creo que no sufrió nada, al menos no se quejó en absoluto, tan solo le costaba un poco respirar. Se durmió sobre el suelo de piedra de granito que rodea la casa de mis amigos, buscando como hacía todos estos días de calor, el lugar más fresco. Pareció encontrarlo en una de las esquinas del chalet de montaña. Seguramente allí el aire corría bien y eso le gustaba. Pasé un par de veces por su lado y le hice unas cuantas carantoñas tras las orejas, se que esto le encantaba. No tuve ninguna sospecha de que su respiración fuera a fallar. Lógicamente, y como hacía desde hace días, jadeaba un poco con cada respiración, pero nada más. El veterinario le había puesto un tratamiento médico bastante copioso que llevábamos a rajatabla. Pero ya sabemos que dónde manda la naturaleza, los hombres, y ni siquiera las mujeres tienen nada que hacer.
Yo nunca he creído en la frase de: “Está escrito”. No creo que nada esté escrito de antemano en la vida. Pero sí he creído siempre en la estupidez de los acontecimientos. Vamos que por muy planificado que este un viaje, un paseo, o cualquier otro tipo de plan, podemos dar por seguro que algo no funcionará al cien por cien. Y es algo irremediable, somos seres humanos y estamos programados para meter la pata, por mucho que nos empeñemos en lo contrario.
La hemos llevado a un crematorio para animales de compañía y nos han devuelto sus cenizas en una cajita de madera. Me gustaría escribir en ella grabado con un punzón caliente que esa caja contiene una amiga sincera de la que jamás tendrás queja que te querrá siempre, pase lo que pase por encima de todo, que jamás te abandonaría. Yo desde luego no la abandonaré, estará en la estantería de mi salón todo el tiempo de mi vida y de las de mi mujer e hijos. Mi mujer que ocupó el lugar de madre nutricia y conseguidora de recursos para ella, aunque en principio no lo llevaba muy bien, acabó enamorada del animalito al que quería mucho.
Pero como decía, hoy no estoy para ninguna historia ajena a mis más íntimos sentimientos. Reconozco que he llorado por dentro y por fuera y lo peor es que no parece que vaya a escampar por lo menos en varios días. Y a Mitsuko solo le deseo que corra por los prados celestiales junto a mi madre, mi padre y mi hermana y que no desespere, más tarde o más temprano todos nos reuniremos allí.

