
«Juan y Junior se decantan por el pop más clásico y desde el primer single todas sus canciones alcanzan los primeros puestos»
A finales de 1966 Los Brincos son un polvorín. En lo bueno y en lo malo. Fernando Arbex y Juan Pardo, sus principales compositores -aunque no los únicos- componen una sucesión de maravillas una tras otra. Pero los egos y la confrontación también están en su punto más álgido y finalmente la escisión inevitable acaba produciéndose. El 29 de marzo de 1967 Juan y Junior se presentan oficialmente en la discoteca J&J de Madrid bautizada así en su honor.
Juan y Junior se decantan por el pop más clásico, grandes armonías vocales que solían acompañar con arreglos orquestales, pop orquestado con sutiles toques de todo aquello que surge sin descanso en el crisol de la modernidad. Desde el primer single todas sus canciones alcanzan los primeros puestos.
En 1967, publican el tercer single de su discografía, incluye dos de las mejores canciones que ofrecieron Juan Pardo y Junior Morales. En ellas está la esencia misma de su pop elegante. Sobre todo en la primera, “A dos niñas”, con deliciosas armonías vocales, dejes de canción de autor afrancesada en la introducción, melodía rota por el rockero y demoledor riff de guitarra eléctrica que anuncia el estribillo, apuntes flamencos en los que se adelantan a Triana como puente en la segunda parte y un final de brotes psicodélicos. Se dice que «A dos niñas» está dedicada a Marisol y Rocío Durcal. Nunca un grupo de tan corta duración ha dejado una huella tan fuerte en el recuerdo de la música española.

