
¡MUY BUENOS DÍAS!
Diego Velázquez pintó a unos bufones «residentes» todos ellos en la corte del rey Felipe IV (sigo encantada, cuando tengo que poner los números romanos) que en su momento dieron mucho de que hablar. Cada uno, tenía un nombre o apodo y a este punto quería llegar.
Hoy, La Paseata, os abre las puertas con una obra original de Velázquez y una réplica realizada por Tano. En la obra que ha realizado Tano, del que también diré que la idea surgió de él (es un fenómeno), intentaré desarrollar un «antes» mezclado con un «ahora«, donde las similitudes se dan de una manera casual.
Tano. Hospitalet de Llobregat. Ilustrador.

«El adiós del bufón Echenique Calabacillas»
Podría estar documentado, pero ya se sabe que donde no
hay papeles, busca en el poder,
existen los residentes de un palacio cuyo avispado poco lúcido,
presidente Pedro I es.
Una tropa de bufones, rondando por la corte, marchan una y otra vez
sus funciones serían claras: distraer y entretener
del tedioso trabajo, la rutina , asuntos gubernamentales y como no, el placer.
Al fin y al cabo, funcionarios de presidencia, cuyo sueldo muchos quisieran tener.
Se dice y se rumorea que se forraron de oro, cosa que resulta extraña
ya que el pueblo llano, pasaba hambre, mientras las puertas se abrían a la llegada de extraños.
Se dice que no había fe, mientras se alababa a un tal Mohamed.
Cada bufón hacia lo suyo, animando en las fiestas, dándose besos de tuerca
otros contaban sus chistes, siendo grandes escribanos, con el dedo tuiteando
hasta llevaban maletas, corriendo salían por la puerta y, por lo que tengo entendido
que ya se sabe, que se «exagera» en esa corte, todos ellos, muy queridos.
Pero al igual que entraron, poco a poco se marcharon
aún recuerdo el que llegó de Vallecas, al final, perdió la coleta
y el que posó con Las Meninas, se distrajo en sus quehaceres
y ahora, Don Simón, anda escondido en otros menesteres.
Y ya finalizando, que si no, la historia se va alargando, diré:
Se nos marchó el tirillas, mirada pícara, de reluciente sonrisa
de cuyo nombre no quiero acordarme , como diría Miguel de Cervantes,
en su obra «El Quijote de La Mancha», pero me acuerdo, y lo digo
Echenique Calabacillas…¡Vamos a ver, ahora que pillas!.
***
Ahora sí, pongo fin. Antes de ello, darte las gracias Tano, por tu generosidad e inestimable colaboración y a ti, Manuel Artero por permitirme hacer y hacerlo posible.
Desde esta, vuestra revista digital La Paseata os deseamos que tengáis un fantástico sábado, os agradezco enormemente esta lectura y deseo de corazón que existan menos bufones y más hacer por el pueblo español. Nos lo merecemos.
MMB

