
«Ya, sólo nos queda el Rey, al que nos hemos dirigido muchos españoles apelando a su responsabilidad y españolidad»
Terminó sin sorpresas de importancia la que se preveía de antemano como fallida sesión de investidura del ganador de las pasadas elecciones generales, Alberto Núñez Feijóo, candidato propuesto por el Rey que, en esa libre interpretación del Artículo 99.1 de la Constitución, siguió la tradición de encargarla, en primer lugar, al representante parlamentario del partido más votado. Ya veremos si hay segundo encargo que, en mi opinión, no debería haberlo a la vista de los peligrosísimos “apoyos” que podría tener el segundo aspirante. Pero vamos por partes.
En primer lugar, digo que terminó sin sorpresas de importancia, porque la que hubo en cada una de las dos votaciones, no pasó de la anécdota. En la primera, que para prosperar debía dar al candidato la mayoría absoluta, un culiparlante del partido sanchista, al que no voy a calificar por su apariencia, al parecer diputado por Teruel, Herminio Rufino Sancho Íñiguez, se equivocó y votó “SÍ”. Hasta ahí, no pasaría de un error, que puede decir bastante de una persona que sólo tiene dos opciones y que sabe lo que su partido ha ordenado. Lo curioso fue que cuando se produjo esa respuesta errónea, la que estaba nombrando a los diputados para que pronunciaran el sentido de su voto, una de las secretarias de la Mesa, del PSOE por más señas, una tal Isaura Leal –no merece otro calificativo–, sorprendida por la respuesta de su compi de filas, dijo “¿Cómo?” y, abundando en su más que visible contrariedad, añadía, entre sorprendida y estupefacta, y dando tiempo a la rectificación un “Sí, no, ¿perdón?”. Obviamente el susodicho y aparentemente lerdo turolense, rectificó y el resultado final fue el esperado, 172 síes contra 178 noes.
En la segunda votación, para la que hubiera bastado una también imprevisible mayoría simple, el errado, sin hache por supuesto, en este caso, fue un diputado del partido del prófugo del maletero, de nombre Eduardo Pujol –no sé si tendrá algún parentesco con el que, en buena parte gracias a José Mª Aznar, empezó el espantajo nacionalista: “Primero paciencia, después independencia”–. Lo curioso es que aquí, el propio diputado rectificó el sentido de su voto, pero se contabilizó la primera respuesta, la del sí, por lo que la votación terminó con un tan inútil como sorprendente resultado de 173 síes frente a 177 noes. Pero he aquí que una no menos sorprendente decisión, no sé si de la impresentable presidentE –en el más amplio sentido del término a juzgar por su inapropiado atuendo– o de alguno de su cuerda, que no quisieron darle esa “propina” al candidato, organizó una comidilla de corrillos en la tribuna, con idas y venidas de los mandados a sus jefes de filas, etc., para, al final, dar el voto como nulo, en lugar de aceptar la corrección del también susodicho, como se hizo con el socialista, y el resultado final fue 172 síes y 177 noes. Una nueva manifestación de la característica doble vara de medir de la izquierda, que ya veremos cómo le siente al “señor de Waterloo”. Lo dicho, anécdotas que no dieron para más, salvo para definir el nivel de uno y la traición del subconsciente en el segundo, conservador en extremo, como todo su partido, JUNTS, pero obligado al “NO” de la subasta sanchista.
Y vamos con lo importante, el discurso de un verdadero hombre de Estado, posiblemente el único entre los líderes parlamentarios –y buena parte del resto– en ese triste hemicirco, demostrativo de la decadencia sociocultural de nuestro pueblo que no podía dejar de estar reflejada en el variopinto, mediocre y degradado arco parlamentario. No puedo glosar íntegro el excelente discurso del candidato, que requeriría mucho más de un artículo, pero sí recomiendo la lectura completa de sus cuarenta páginas. Empezó haciendo énfasis en el principal problema que puede marcar el futuro inmediato: «La amnistía, o “cualquier fórmula equivalente o análoga”, es un instrumento adecuado para superar el conflicto catalán. Igualmente, ese conflicto no se resolverá de manera definitiva si no contemplamos el derecho a decidir del pueblo de Cataluña, mediante un referéndum o “cualquier fórmula equivalente o análoga”». Y, tirando de sarcasmo, añadió: «Con esto bastaría, ¿no? Pues no. No voy a defender eso. Tengo principios, límites y palabra. Y sobre todo tengo un deber que no voy a eludir». Creo que no dejó sin tocar un solo punto de lo importante hoy para España y repartió a diestro (Junts y PNV) y siniestro (PSOE, SUMAR, BILDU, ERC y BNG). A BILDU les dijo con rotundidad «Ustedes hablan de la clase trabajadora ¿cuántos trabajadores se cargaron? Y usted habla de la nación vasca; ahí, es verdad, yo hablo de la nacionalidad histórica –aquí me permito discrepar, porque ¿Qué tiene más de “histórica”, Vascongadas que Andalucía o Asturias o Valencia o Murcia…? Nada, salvo el constructo republicano del término que, tan poco acertadamente, a mi juicio, recoge el Artículo 2 de nuestra Constitución, que da pie a incrementar ese pobre argumento– pero del resto, de fascismo y de trabajadores, no le acepto ni una sola clase». Fue claro con la portavoz de BILDU, a la que la vicesegunda Yoli, “la chulísima besucona”, podría recomendarle algún de las peluquerías que comentaba Alfonso Guerra: «Cree la señora Aizpurúa que me ofende. Los votos de BILDU se los dejo al señor Sánchez, yo no los quiero». También tuvo para el PNV: «El proceso de blanqueamiento progresivo de BILDU es sustituirles a ustedes. Son muy útiles, muy responsables, muy integrantes de esta mayoría que se llama progresista, son decisivos para que los socialistas gobiernen al mismo tiempo en España y en Euskadi, ustedes sabrán, yo le tengo tanto respeto al Partido Nacionalista Vasco, que jamás le utilizaría como un kleenex». Y tampoco estuvo nada mal cuando se dirigió a los dos de la ultraderecha nacionalista: «A mí no me han votado para entregarles la autodeterminación o la amnistía. ¿Les han votado a ustedes para que se aplique la política económica de Podemos? ¿En serio?». Lo dicho lean el discurso completo, porque no tiene desperdicio.
Todo ello lo resumió el viernes, en esa pantomima de debate de la segunda jornada del viernes, que no fue tal porque el formato se limitaba a una breve intervención del candidato y a las réplicas de los portavoces, sin respuesta. Núñez Feijoo dijo a sus ¿señorías? –cuesta llamar así a la mayoría de los que se sientan en el hemicirco– haber “tratado de presentarles una alternativa coherente con lo que los españoles votamos el 23 de julio”. Les propuso que “sigamos avanzando, dentro del marco constitucional, que une a este país en una democracia que respeta la diversidad”. Les planteó que “nadie puede ser más que nadie”. E insistió en haber procurado que “releguemos los intereses partidistas, mucho más los personales, y nos ocupemos de las prioridades de los españoles”. Volvió a citar sus “seis pactos de Estado: por las instituciones y la regeneración democrática, por la economía y el empleo, por las familias y la conciliación, por el Estado del Bienestar, por el agua y por un país plural, plurilingüe, con matices, que no distinga entre ciudadanos y los categorice en función de su ideología o la conveniencia de alguien que aspira en un momento concreto a ser presidente”.
Lanzó un dardo a algunos de los portavoces: «hemos debatido sobre nuestras diferencias, por supuesto y, como debe ser en esta cámara, casi todos, con respeto» y recordó no haber “pedido en ningún momento que ninguna de sus señorías tenga que renunciar ni a sus principios ni a sus compromisos con el electorado”. Tras asumir la realidad de haberse quedado “a cuatro diputados de la mayoría absoluta” y reiterar las gracias a VOX, UPN y CC, le dijo a los que le reprochan haber salido como entró que “son precisamente los mismos que ya no pueden sostener lo que decían entonces” y que sólo quedaban “dos salidas que no serán honrosas: el gobierno de la mentira y una repetición electoral” –creo que, la segunda, no sólo sería honrosa, sino, sin duda, la mejor para España, visto lo visto, aunque no sé si sus 7’7 millones de votantes le seguirían comprando cualquier cosa al presimiente PinócHEZ–. Respecto al gobierno de la mentira dijo “O han mentido los partidos independentistas o ha mentido o mentirá el partido socialista obrero español. Me atrevo a adivinar cual de los dos está más cerca de la posible mentira”.
De lo mejor de su intervención de cierre fueron las preguntas directas, con respuestas inmediatas por su parte, al casi ausente Pedro Antonio Marciso: ¿Amnistía, sí o no? Yo digo NO, ¿Y usted? ¿Referéndum, sí o no? Yo digo NO ¿Y usted, señor Sánchez? Para añadir a continuación que “Es lo que se comprometió también, como mínimo, desde el segundo partido de la cámara, que ni habría amnistía ni habría referéndum”. Para instarle a continuación: “Señor Sánchez suba usted ahora, suba usted aquí, no se esconda ante nadie. Suba y hable claro, sin rodeos, sin comunicados a las 8 de la tarde llenos de tantos eufemismos. Tenga el valor de decir lo que España va a tener que soportar si usted vuelve a ser presidente del gobierno. Señor Sánchez, tenga usted la valentía que no tuvo el martes y tome la palabra, para que nuestro país sepa qué piensa usted de las exigencias claras y nítidas de los partidos independentistas de la cámara”. Y apostilló a continuación, para que no quedaran dudas: “Yo no quiero ser presidente del gobierno a costa de la dignidad de mi país y de la igualdad de los españoles. Ahora toca conocer si usted quiere serlo”.
Por último, le hacía un llamamiento a los diputados socialistas: “Señorías del partido socialista, yo les pido a todos ustedes que no sean tránsfugas; de sus votantes, de sus principios y de la transición española. No lo sean, no merece la pena serlo”. Y añadió: “Apelar a la coherencia y a la conciencia no es apelar al transfuguismo sino a la integridad, personal y política”. E hizo una advertencia a la bancada socialista: «no vamos a admitir, señorías, el cinismo de que nos pidan luego, ustedes a nosotros, lo que ustedes se niegan a hacer ahora con el partido más votado de los españoles. Si es su voluntad seguir adelante en esta degradación moral y política será su responsabilidad o irresponsabilidad, pero sólo la suya».
Terminó repitiendo las preguntas sobre las condiciones que impone el independentismo: “¿amnistía sí o no? ¿referéndum sí o no?”, para añadir que “Ustedes no pidieron el consentimiento para esto, al contrario. Si quieren hacerlo, lógrenlo en las urnas, con transparencia y con claridad, dejando a los españoles que decidan con tranquilidad y con transparencia”. Terminó con un mensaje a todos los españoles: “Hoy no podré darles un gobierno, pero sí creo que hemos podido darles la seguridad y la esperanza de que, si ahora nos corresponde hacerlo desde la oposición, más pronto que tarde lo haremos desde un gobierno, este sí, que será para todos los españoles y con un presidente, este sí, que estará exclusivamente al servicio de los españoles”.
El resto de las tres jornadas de la fallida sesión de investidura se puede resumir en “lo previsible”. Nadie se salió del guion. Ni entre los apoyos ni entre los que se esperaba su negativa. VOX, pese a su apoyo incondicional, volvió a dejar algún recado que demuestra que sigue sin tener claro el verdadero enemigo de España. El portavoz y único diputado de UPN, Alberto Catalán, sí fue directo en su afirmación: “Que les quede claro, Josu Ternera es un asesino miserable y cínico”. Los demás no merecen ni una línea, especialmente el del falso PNV.
La “sorpresa” corrió a cargo del partido sanchista, por el que su candidato, el presimiente en funciones, Narciso Felónez, dejó patente lo que ya se intuía por otras de sus omisiones y ausencias, su COBARDÍA. Declinó dar respuesta al candidato, como hubiera correspondido y, mitad cobardía, mitad soberbia –lo de tener tiempo limitado y todo el tiempo para su enemigo, no lo podía digerir–, cedió los trastos a un macarra, tendencioso y pendenciero, además de grosero, como el exalcalde de Valladolid, Óscar Puente, con el que intercambió sonrisitas y abrazos en su camino de subida y bajada al atril. “Os vais a divertir”, había anunciado cuando se le preguntaba si sería él quien diera la réplica a Núñez Feijoo. Como muestra, un botón: «Señor Feijóo, dicen que para mentir bien hay que tener buena memoria y usted tiene la misma memoria que Dori, ‘la pez’ cirujano de Buscando a Nemo”. El candidato lo despachó con el mejor de los desprecios, no hacer aprecio: “No voy a participar en el club de la comedia”, haciéndole después esta pregunta: «¿Cómo puede usted llamar soberbio a alguien de la Cámara en presencia del señor Sánchez?«.
Pero no fue el único macarra de la semana, dentro o fuera del Congreso. Hubo otro socialista, también de la órbita de confianza del peor presidente de la historia, el concejal del Ayuntamiento de Madrid, Daniel Viondi, al que no tenía el disgusto de conocer. EL susodicho, en esa línea que vengo repitiendo de “VALE TODO Y NO PASA NADA” que se ha impuesto desde hace varias décadas en la política española y en la sociedad, se permitió dar tres cachetes al alcalde, José Luis Martínez Almeida, aunque esta vez sí paso algo, muy poco en mi opinión, y fue expulsado del pleno que se celebraba y, al parecer, apartado de sus cargos. Y no es la primera vez que este macarra destaca por su “pulida” educación democrática. Protagonizó otro incidente en la asamblea de Madrid, en la que fue diputado entre 2015 y 2019, cuando al terminar una sesión de la comisión de Transportes le dijo a Alberto Oliver, diputado de Podemos entonces, hoy de Más Madrid: «Como vuelvas a hacer una intervención así, te arranco la cabeza«. Claro que puede que el paraguas sanchista se le abra a este individuo para algún puestecillo bien remunerado, si tenemos en cuenta el madrugador tuit que el 11 de marzo de 2011 le dirigía su amigo a las 05:40 de la madrugada: “@Viondi dales fuerte my friend”, que todavía sigue en la red, ahora de la X.
Y ya, sólo nos queda el Rey, al que nos hemos dirigido muchos españoles apelando a su responsabilidad y españolidad , que empieza el lunes la segunda ronda de contactos y que, en ningún caso, debería terminar con la propuesta del portador de la Triada oscura como posible candidato. Si, como es de esperar, ninguno de los candidatos nacionalistas que no fueron a la primera, JUNTS, ERC, BILDU y BNG, comparecen en esta ocasión, Su Majestad no podrá constatar el apoyo real al traidor, por lo que no debería fiarse de la palabra de un mentiroso acreditado para confiarle tan alta misión. Pero tampoco debería acabar con esa nominación en el supuesto caso de que, “astutamente”, algunos de esos portavoces separatistas y antimonárquicos decidieran acudir para “vestir el muñeco” del apoyo, teniendo en cuenta sus nítidas condiciones, amnistía y autodeterminación, que van claramente contra la Transición del 78, la Constitución Española y la propia Monarquía, es decir, contra el propio Rey y contra nuestra democracia parlamentaria. Que no es para tirar cohetes, pero sí infinitamente mejor que lo que estos impresentables pretenden.
Veremos qué nos depara este comienzo de octubre, que puede significar un otoño algo más que estacional para el pueblo español. Que Dios ilumine a Don Felipe VI para proponer al propio Núñez Feijoo de nuevo, que podría, a un independiente de reconocido prestigio como transición, que también, o para convocar nuevas elecciones tras la disolución de las Cortes Generales.

