
«No ha habido genocidio cometido por la izquierda allá donde se produjese, que no fuera aprobado y comprendido por los lacayos del extremismo español, ni uno solo»
Los terribles hechos que están acaeciendo en Israel, y las diferentes respuestas que están obteniendo por parte de la sociedad española, es un decir lo de sociedad, nos están dando la razón a los que desde hace muchos años venimos denunciando a la extrema izquierda sociológica, como último bastión del sinsentido de la violencia.
Desde la maldita equidistancia, cuando no colaboración entusiasta, que esta plataforma del odio mantuvo entre sus ahora aliados preferentes, ETA, y sus víctimas, hasta las infames y repugnantes respuestas y opiniones que cientos o miles de sus mascarones de proa, entre ellos algunos miembros del actual gobierno, han dado sobre el ataque del terrorismo islámico a miles de ciudadanos israelíes y turistas occidentales, lo único que cambia con el paso del tiempo son los nombres de las víctimas.
Las terminales mediáticas pastoreadas por el siniestro, nos atiborrarán a ver imágenes de destrucción de enclaves palestinos, no veremos ninguna de los estragos causados por el fundamentalismo islámico a los israelíes. Los integristas son los verdaderos causantes del sufrimiento palestino, ellos y los que les financian, entre ellos la vieja y decrépita Europa pastoreada por la siempre grandilocuente y estúpida Alemania. Para la extrema izquierda sólo existe lo que quiere ver, exactamente lo mismo que la no crisis con Zapatero, o las imágenes de decenas de miles de ataúdes causadas por el COVID. El aserto ”lo que no se ve no existe”, lo inventó la izquierda extrema, el ocultamiento de lo que ella produjo, también.
Al parecer a este submundo le divierte y le excita el hedor de la muerte, mientras no sea el de los suyos. A esta escoria nunca les molestó que sus aliados preferentes asesinasen a centenares de españoles, uniformados o no, aludiendo inmisericordes a la terrible frase, “…algo habrán hecho”, como si esas palabras bastaran para alegrarse y celebrar la muerte de un ser humano asesinado a manos de la barbarie etarra. ¿También los ocupantes de los ataúdes blancos hicieron algo terrible y, por tanto, eran merecedores de ser asesinados? La rata Ternera desmintió hace unos días a la chusma que le comprendía justificaba y alentaba, aunque tarde, al admitir que todos los que vivían en las casas cuartel eran su objetivo y que, por tanto, merecían ser asesinados. Estos eran sus verdaderos motivos, motivos que hoy día asume hasta el hartazgo la izquierda extrema, y la hez que se arrastra ante la puta ETA.
La extrema izquierda siempre fue de grandes matanzas, algunas propias, otras a cargo de sus correligionarios foráneos. A estos granujas les excita lo que ellos no se atreven a hacer, y no por falta de ganas. No se entenderían ni entre ellos mismos si no les uniese la muerte y el sufrimiento humano. Lo que han vomitado durante estas últimas horas, les delata.
Quién no recuerda al perro Excalibur, y las manifestaciones que protagonizaron las distintas cochambres extremistas de la izquierda extrema. Los mismos que años después, y bajo un gobierno de su mismo signo, callaron y silenciaron hasta la náusea la muerte de más de 160.000 españoles. La reseña de su negligencia criminal está por escribir, las distintas bazofias mediáticas que les glosaban a diario callaron, y siguieron cobrando, derivando sus babas hacia otros, haciendo de la impudicia su arma reglamentaria habitual.

No ha habido genocidio cometido por la izquierda allá donde se produjese, que no fuera aprobado y comprendido por los lacayos del extremismo español, ni uno solo. En Irán se ahorca a homosexuales y lesbianas, sin que aquí los distintos movimientos LGTBI y adosados, osen levantar la voz, incapaces de reconvenir al que cobra y vive de expandir su ponzoña.
En otros países árabes se lapida por adulterio sólo a las mujeres, tampoco verán a las miramelindas del feminismo musitar nada. Cómo van a hacerlo si sus guías espirituales cobran o cobraron de los gobiernos que asesinan a civiles indefensos. Las tragaderas son amplias, por ellas deben entrar no pocas ínfulas, actos, salvajadas y otros artefactos de imposible definición.
“El trabajo os hará hombres”, decía el criminal Ernesto “Che” Guevara, a los homosexuales que padecían presidio por motivos políticos, o sin ellos. A menudo jugaba a la ruleta rusa con los prisioneros, cuentan que a cañón tocante. Cientos de ellos pasaron a peor vida a manos de uno de los iconos de la extrema izquierda social comunista, salpicándose él mismo con el cerebro del pobre asesinado. Hoy día por mucho que lo nieguen estos sectarios, siguen manteniéndolo en sus santuarios particulares, adorando su repugnante imagen, sabedores de los centenares de muertos que causó de propia mano el asesino Ernesto “Che” Guevara.
Lo de estos días clama al cielo, su maldita equidistancia, su exquisito tacto para con los vulgares criminales islámicos, su impresionante complicidad con quien hace del crimen y la violación, su principal arma política. Algunos los he oído en las noticias, a otros les he leído, del resto me han llegado reseñas. Todos ellos gentuza, basura infecta, incapaces de tener cualquier atisbo de humanidad que no sea para con los suyos. Hacía tiempo que no veíamos cómo los faldones televisivos jugaban al equívoco, equiparando a las víctimas y a sus criminales en el mismo plano. ¡Que asco dais! Exactamente el mismo lenguaje para equiparar a etarras y sus víctimas, esta vez para hacer lo propio con terroristas musulmanes y civiles desarmados. ¡Qué puñetero asco dais!

Para escribir sobre esta mugre hay que descender al averno, ver quiénes son, que tipo de lenguaje usan, y comprobar de qué forma y manera se producen. Las que formaron un escándalo por un beso, callan como zorras ante las violaciones grupales de centenares de mujeres indefensas, mientras que los que se arrimaron al esperpento, utilizan recovecos ideológicos para no contestar lo que la prensa libre les pregunta. Miren ustedes, existen hijos de puta por nacimiento, personas respetables todas ellas, e hijos de puta por convencimiento y vocación, a estos últimos es a los que me refiero.
Capítulo aparte merecen los medios estabulados, poniendo en bucle como pisotean la cabeza a una mujer entre doce o veinte cerdos. Los que pixelan la cara de un violador musulmán que acaba de violar a una mujer española, exhiben a las claras cómo se asesina a civiles indefensos, y escarnecen mujeres a las que acaban de violar y rematar a balazos. La doctrina extremista de izquierdas y sus puñeteros sacerdotisos, podredumbre apolillada por tantos años de ignominia e indignidad. ¡Qué puñetero asco dais!
Justificar unos asesinatos, anteponiendo a ellos su retorcida ideología, nos dice mucho de lo que harían estos miserables, si llegado el caso dispusieran de las vidas de millones de españoles. Que nadie piense que los mandatarios nazis o comunistas eran rudos mineros, provocadores sindicales o desarrapados de la vida. Lavrenti Beria, reconocido criminal soviético fue un refutado arquitecto y constructor, antes de ingresar en el PCUS. Dirigente comunista y de Estado, mariscal político y jefe de la policía y el servicio secreto desde 1938 hasta 1953. Fue el artífice de millones de ejecuciones extra judiciales, arrestos masivos y el brazo ejecutor de Stalin durante la Gran Purga. Murió asesinado por su propia camarilla, los mismísimos miembros del PCUS.
Por poner otro ejemplo, esta vez el de un nazi. Dr. Otto Ohlendorf, uno de los SS más relevantes del juicio a las Einsatzgrüpenn. Economista y jurista, Gruppenführer (general de división) de las SS y jefe del SD. Tener títulos académicos no le eximió de convertirse en un genocida, cuya brutalidad causó cientos de miles de muertos. Murió ahorcado.
El criminal existe, no nace, se hace con el adecuado caldo de cultivo, generalmente a base de ideología totalitaria, en la extrema izquierda abundan los casos, por ejemplo, en ETA, hoy día aliado preferente de un gobierno de extrema izquierda. ETA entrenó a sus criminales en el Valle de la Bekaa, en el Líbano, conviene no olvidarlo.
La superficialidad mental moral e ideológica de los líderes de la izquierda extrema social comunista, deja tanto que desear, que nunca sabremos donde empieza la mente de uno de sus criminales, y termina la del que les manda. El mimetismo es total, a decir verdad, ni se molestan en ocultarlo.
Asesinar ciudadanos indefensos, en Israel, o en el Hipercor, y el execrable acto, de mantenerse equidistantes entre las víctimas y sus verdugos, hoy día, sólo lo hace la extrema izquierda española. Óiganlos, escúchenlos, y verán cómo son incapaces de contestar una sola de las preguntas que les hacen, sin que se note su verdadera vocación, provocar sufrimiento si éste sirve a sus fines.

