
«Y en esto estamos, si no lo impedimos habremos perdido nuestra preciada libertad»
Ya lo advirtió Marco Tulio Cicerón sobre los peligros de la desintegración de las sociedades y el colapso del estado de derecho ante las decisiones partidistas de los políticos cuando no se guían por el bien común. Lo hizo en las «Verrinas» o discursos contra los crímenes en Sicilia de Cayo Verres, donde ejercía como gobernador.
La exposición es tan esclarecedora como cercana en el tiempo a la realidad española, en la que un psicópata llegado a presidente en funciones pacta y promete lo que sea para seguir en la poltrona y no buscando lo mejor para la sociedad, sino simplemente permanecer y que no gobiernen los otros.
La demoledora frase de Cicerón dice así: «Los pueblos que ya no tienen solución, que viven ya a la desesperada, suelen tener estos epílogos letales: se rehabilita en todos sus derechos a los condenados, se libera a los presidiarios, se hace regresar a los exiliados, se invalidan las sentencias judiciales. Cuando esto sucede, no hay nadie que no comprenda que eso es el colapso total de tal Estado; donde esto acontece, nadie hay que confíe en esperanza alguna de salvación». Y en esto estamos, si no lo impedimos habremos perdido nuestra preciada libertad.
Y tengámoslo muy claro, Europa no va a arreglar nada que no arreglemos nosotros. Estamos ante un enfermo, un narcisista de libro dominado por la tríada oscura.

